Las cadenas de comida rápida están enfrentando un aumento en los costos y precios, lo que ha llevado a una reevaluación de la relación calidad-precio por parte de los clientes, afectando sus hábitos de consumo.

Según análisis recientes, las tarifas en los establecimientos de #comida rápida en Estados Unidos, equivalente a unos 16 euros, han aumentado en un rango del 40% en los últimos cinco años.
Este incremento se atribuye principalmente a los efectos de la inflación, que ha encarecido los costos de ingredientes, alquileres y salarios. Por ejemplo, en 2019, una comida en estos lugares costaba en promedio unos 8 euros, pero actualmente, en algunos casos, supera los 11 euros. Presuntamente, este aumento también refleja un incremento en los costos de mano de obra, especialmente con la presión para subir el salario mínimo en varias regiones.
Supuestamente, estas subidas de #precios están provocando que los consumidores reconsideren sus decisiones de compra. Neil Saunders, un analista del sector minorista, afirmó que «la comida rápida, que antes era vista como una opción económica, ahora se percibe como relativamente cara, especialmente para familias que buscan ahorrar».
Esto ha llevado a una disminución en las ventas de desayunos y almuerzos rápidos, una tendencia que las cadenas como McDonald's y Wendy's han reconocido en sus informes de resultados recientes.
De hecho, algunas cadenas están intentando revertir esta tendencia mediante promociones y descuentos. McDonald's, por ejemplo, ha anunciado que en septiembre reducirá los precios de sus menús de valor, en respuesta a las quejas de los clientes por el aumento en el costo de productos como el Big Mac, cuyo precio en algunas regiones alcanzaba los 20 euros.
Según supuestas fuentes anónimas citadas por medios económicos, la compañía habría llegado a ofrecer apoyo financiero a los franquiciados para que puedan reducir los precios y mantener su competitividad.
Presuntamente, los propietarios de la mayoría de los locales, que en Estados Unidos constituyen aproximadamente el 95% del total, tienen cierta autonomía para ajustar los precios según las directrices de la marca y las condiciones del mercado local.
Sin embargo, la lógica detrás de estos cambios apunta a captar nuevamente a los clientes que, ante el aumento del costo, optan por otras opciones o cocinan en casa.
Supuestamente, la creciente inflación y el aumento en los costos laborales, que en algunos casos ha superado el 35%, han obligado a las cadenas a trasladar estos gastos a los consumidores.
Lo que ha llevado a un aumento proporcional en los precios del menú
Por ejemplo, en una reciente carta, el presidente de McDonald's en EE.UU. mencionó que los costos de salarios, ingredientes y papel han subido aproximadamente un 40% en los últimos cinco años, lo que ha llevado a un aumento proporcional en los precios del menú.
¿Podrán las promociones y los descuentos recuperar la confianza de los consumidores? Algunos expertos creen que, si bien estas estrategias ayudan a atraer clientes, no serán suficientes para revertir completamente la tendencia de disminución en la afluencia, especialmente entre las generaciones más jóvenes que valoran sobre todo la relación calidad-precio.
Por otro lado, la disminución en las ventas de alimentos tradicionales como el desayuno se atribuye, presuntamente, a que los consumidores prefieren preparar sus propios alimentos en casa para ahorrar dinero, especialmente en un contexto de incertidumbre económica.
La pandemia de COVID-19 también cambió los hábitos de desplazamiento y trabajo, reduciendo la frecuencia de visitas a estos locales.
En conclusión, la industria de la comida rápida se enfrenta a un escenario desafiante donde la inflación, los costos crecientes y una mayor sensibilidad al precio están redefiniendo las preferencias del consumidor.
No te pierdas el siguiente vídeo de el fin de la comida rápida | ¿señal de recesión?