Shirley Temple podría dominar 2026: marcas apuestan por el regreso del cóctel clásico

El icónico Shirley Temple podría volver a estar de moda en 2026, con marcas que lanzan versiones inspiradas en el clásico sin alcohol para un público interesado en opciones sobri-curious y en bebidas rápidas de preparar.

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La posibilidad de que el Shirley Temple regrese con fuerza en 2026 ya se comenta en las redes y entre los compradores curiosos por las nuevas experiencias sin alcohol.

La bebida, famosa por su color rojo cereza y por su preparación rápida, parece haber encontrado un nuevo impulso gracias a una ola de marcas que buscan aprovechar la nostalgia y la demanda de opciones más ligeras para quienes evitan o reducen el uso de alcohol.

Entre las novedades que se citan en el mercado, algunas firmas de refrescos sin alcohol están lanzando ediciones que evocan el sabor y el aspecto del Shirley Temple.

En este movimiento, Olipop y Poppi habrían presentado versiones inspiradas en el cóctel clásico, añadió la narrativa de marketing que acompaña a estos lanzamientos.

También se menciona que grandes etiquetas como 7Up, Spindrift y Fitz and Bowlan han explorado líneas que recuerdan al perfil del Shirley Temple, además de otras bebidas mínimamente funcionales con toques de cereza y limón para atraer a un público sobrio-curioso.

El fenómeno no es nuevo pero parece intensificarse: el color brillante y la facilidad de preparación convierten al Shirley Temple en una opción que destaca para reuniones, fiestas o simples momentos de observación en redes sociales.

En paralelo, crece la oferta de versiones etiquetadas como “Dirty Shirley” que llevan un toque alcohólico, para aquellos que buscan una variante para adultos sin perder la inspiración del original.

Un portavoz de marca comentó que, en la era de contenido rápido y visual, estas bebidas consiguen capturar la atención gracias a su estética luminosa y a su versatilidad para personalizar en casa o en el bar.

Históricamente, el Shirley Temple debe su nombre a la actriz Shirley Temple Black, una figura icónica de la Hollywood de los años 30. Aunque la historia de su origen es diversa, se afirma que el cóctel podría haberse creado en restaurantes de Los Ángeles o en el entorno de Hollywood durante la era dorada del cine.

En su evolución reciente, el origen exacto de las recetas y de las marcas que han reclamado el nombre ha sido objeto de disputas y clarificaciones legales a lo largo de las décadas, con historias que incluyen litigios sobre el uso del nombre y de la marca.

A nivel práctico para el consumidor, el Shirley Temple suele prepararse con bebidas gaseosas de base, jarabe de granadina y una guinda; en casa, la versión clásica se consigue fácilmente y no requiere equipos complejos.

En la versión con alcohol, la receta popular incluye vodka o vodka con otro licor ligero, manteniendo el formato de vaso alto y hielo.

En cuanto a precios, en el mercado estadounidense una botella o lata de Shirley Temple lista para beber ronda entre 2 y 3 dólares. Aunque las estimaciones de precio pueden variar, si se trasladan estas cifras a euros, podrían situarse entre aproximadamente 1,8 y 2,8 EUR al tipo de cambio vigente.

Presuntamente, en tiendas europeas el rango podría ajustarse un poco más por costos logísticos y de distribución, situándose entre 2,5 y 3,5 EUR por unidad o por pack, según la marca y la presentación.

Estos números son estimaciones del mercado y, supuestamente, reflejan una tendencia de consumo que ya tiene varios años de presencia y podría intensificarse este año.

El retorno de Shirley Temple, ya sea en su versión clásica o en variantes modernizadas, parece responder a una combinación de nostalgia, interés por opciones sin alcohol y una estrategia de marca que busca captar perfiles nuevos entre los consumidores jóvenes y los que prefieren bebidas fáciles de preparar.

Si estas proyecciones se cumplen, 2026 podría convertirse en el año en el que el símbolo rosado y cereza recupere protagonismo en menús, redes y momentos de consumo cotidiano, a la espera de cómo evolucione la aceptación del público y la respuesta de la competencia.