La Denimachine regresa: Ford revive el icónico van de Levi’s y Coca‑Cola para el bicentenario

Ford recupera la Denimachine, el histórico van modificado de los años 70 que unía marcas como Levi’s y Coca‑Cola, para celebrar el próximo aniversario de EE. UU. con una mirada a la cultura automotriz y publicitaria de la época.

Este vehículo, que nació como parte de una campaña de marketing, formó parte de una era en la que las marcas buscaban conectar con el público joven a través de vehículos especialmente diseñados para ser anuncios sobre ruedas.

En 1976, la #Denimachine surgió como un proyecto de marketing conjunto entre Ford, Levi’s, Coca‑Cola y la revista Hot Rod, con las modificaciones llevadas a cabo por Van Goodies, una empresa de Maywood, Illinois.

Varias Econoline 150 fueron transformadas para convertirse en vitrinas rodantes que combinaban la estética de los jeans con la iconografía de Coca‑Cola, todo ello envuelto en un tono patriótico de rojo, blanco y azul.

Un rasgo destacado era una especie de “costura” pintada y diseños que imitaban bolsillos de jean en las puertas traseras, elementos que reforzaban la identidad de la campaña.

El programa tenía un foco claro: atraer a los jóvenes y asociar las marcas a una experiencia visual y memorable. El concurso para ganar una de las 10 Denimachines recibió aproximadamente 2,4 millones de participaciones, y quienes no ganaban podían obtener un atuendo Levi’s entre 7.500 conjuntos, lo que convertía a la Denimachine en una historia de moda, automoción y publicidad entrelazadas. Ted Ryan, responsable de la colección y archivista de #Ford Heritage, describió en aquel momento la etiqueta de la Bicentennial como una oportunidad para expresar “la era en la que la cultura de los autos y el branding se fusionaban de forma audaz”.

Con respecto al diseño, la Denimachine no era solo una carrocería decorativa: dentro se desplegaba un ambiente de la década, con alfombras rojas (en parte originales), un frigorífico para bebidas Coca‑Cola, una pequeña televisión, una radio CB y una grabadora 8‑track lista para reproducir música de la época.

Los paneles de las puertas reciclaban el motivo denim y mostraban un toque de estilo que imitaba la textura de los bolsillos, mientras que las placas de matrícula de Illinois portaban el mote “COKEMAN”, una pista sobre el coleccionista de Coca‑Cola que poseía una de las unidades y con quien el equipo de archivo de Ford tenía trato previo.

La Denimachine no solo fue un objeto de exhibición: fue también una metáfora de la cultura de la década de los 70, cuando los vehículos se convertían en piezas de marketing y estilo de vida.

En ese sentido, Ford la describió como la “van equivalente al F‑150” en su momento, un lienzo móvil para contar historias de marca y juventud.

Hoy, hacia 2026, Ford ha traído una de estas piezas a Dearborn, Michigan, como parte de la celebración de la proximidad del aniversario bicentenario.

La Denimachine está siendo examinada para valorar si forma parte de la colección de Ford o si debe someterse a trabajos de restauración para su exhibición pública

Según los responsables, la Denimachine está siendo examinada para valorar si forma parte de la colección de Ford o si debe someterse a trabajos de restauración para su exhibición pública.

Aún así, no está claro si esa unidad en particular viajará a eventos futuros; el propio Ted Ryan señaló que la decisión dependerá del estado del proyecto y de la disponibilidad de espacio en la colección.

La recuperación de la Denimachine no está exenta de curiosidades históricas. En el París de la época, la moda de personalizar furgonetas se convirtió en un símbolo de creatividad y libertad de expresión, y las historias de cada vehículo reflejaban un momento de auge del marketing impulsado por revistas y programas de televisión.

Además de la parte estética, el proyecto también revelaba la visión de las marcas para capturar a una generación que buscaba autenticidad y pertenencia en un país que celebraba su historia.

En términos económicos, supuestamente el costo total de la personalización de cada unidad, incluyendo hardware, pintura, interiores y accesorios temáticos, habría estado en torno a los 50.000 dólares en aquella época (aprox. 46.000 euros al cambio actual), un monto que hoy se considera una inversión considerable para el periodo. Este dato, que se maneja entre archivos y testimonios, no está confirmado de forma oficial y podría variar según la fuente.

Presuntamente, Ford no descarta la posibilidad de que la Denimachine se presente en eventos emblemáticos como Woodward Dream Cruise, la famosa ruta automotriz de la región de Detroit.

Si las circunstancias acompañan, podría haber un regreso parcial o total a escenarios públicos el próximo año. Esta posibilidad, como otras relativas a la logística y la conservación, está sujeta a decisiones internas y a la capacidad de la marca para preservar una pieza que ya forma parte de la memoria de la industria.

La Denimachine, por tanto, no es solo un remanente del diseño automotriz; es un testimonio de una era en la que la publicidad y la cultura popular se entrelazaron para crear historias consumibles por millones.

Si bien la unidad que Ford exhibe hoy puede no replicar exactamente la configuración original de cada vehículo, su retorno simboliza la valoración de una parcela histórica que ha contribuido a moldear la manera en que las marcas se relacionan con el público.

En resumen, la Denimachine regresa como símbolo de una década en la que la personalización masiva y la narrativa de marca convergían para dar forma a una memoria colectiva.