Guido Andreozzi escribe una nueva página en su carrera: tras superar una lesión y un salto de disciplina, brilla en el dobles con Manuel Guinard y apunta a metas aún más ambiciosas.
Guido #Andreozzi ha dado la vuelta a su historia tenística para escribir un capítulo reciente que pocos esperaban. Después de una trayectoria sólida en singles, con nueve títulos de Challenger, haber disputado los cuatro Grand Slams y haber llegado a la 70ª posición del ranking mundial en enero de 2019, el argentino atravesó un bache importante: una lesión en el hombro derecho a finales de ese año lo llevó a pasar por el quirófano.
Volvió, pero los resultados no acompañaron y la motivación se desvaneció. Se dio un periodo de retirada que duró meses y dejó claro que lo suyo no era rendirse, sino buscar una forma distinta de disfrutar y competir.
A finales de 2022 recibió una chispa de esperanza. Un encuentro con Gastón Etlis, uno de sus últimos entrenadores en la etapa de singles, terminó convirtiéndose en una oportunidad para probar el dobles.
La idea era clara: si el camino era volver, que fuera con nuevos objetivos y con la unión de un equipo sólido. Y así empezó una segunda carrera que, con el tiempo, demostró tener una personalidad propia: distinta, más centrada en la lectura de juego, la red y las combinaciones con su compañero.
Esa reinvención no fue de la noche a la mañana. Hubo varias pruebas y cambios de socios antes de encontrar la pareja que le permitiría despegar definitivamente: Manuel Guinard, con quien consolidó una sintonía que ya merece lugares destacados en la historia reciente de su tenis.
La transición no fue solamente técnica. En el #dobles todo cambia: el ritmo es más dinámico, hay menos peloteo y más decisiones rápidas, y la responsabilidad se reparte al 50% entre ambos jugadores.
Andreozzi lo sabe y lo explica con convicción: la iniciativa debe ser compartida, la cooperación entre dos personas que entienden que lo que pasa en un costado de la cancha afecta al otro.
Esa toma de conciencia, que para muchos puede parecer simple, fue un cambio mental decisivo para él. Con Etlis como motor, y con jugadores referentes como Zeballos y Molteni como ejemplos cercanos, Guido descubrió que el dobles no es un segundo plano, sino una vía para vivir el #tenis con una intensidad distinta y quizá más sostenible.
El resultado de esa apuesta llegó de manera progresiva. Ya en su debut con Guinard, el dúo mostró un juego sólido y una química que se fue fortaleciendo: avanzó en torneos de alta competencia, sumando actuaciones destacadas como semifinales en Shanghai y una final en Metz durante el cierre de la temporada anterior.
Pero el giro definitivo llegó en la primavera de 2026, cuando Andreozzi y Guinard se coronaron en Indian Wells, un Masters 1000 que marca un antes y un después para cualquier pareja en el circuito.
Ese título no solo significó un trofeo; fue el reflejo de una evolución global: Guido salió del túnel de la duda y logró colocarse entre los mejores del mundo en una modalidad diferente a la que lo convirtió en conocido a nivel global.
Valencia acogerá el campeonato mundial de tenis Sub-16: Copa Davis Junior
Valencia será la sede del campeonato mundial de tenis Sub-16, la Copa Davis Junior, del 1 al 4 de agosto. Tres jugadores valencianos forman parte del equipo español. El torneo se llevará a cabo en el CM Valencia Tennis Center.Andreozzi y Guinard habían mostrado una consistencia que hacía verosímiles grandes objetivos
La victoria en California no fue casualidad. Ya en la etapa previa, Andreozzi y Guinard habían mostrado una consistencia que hacía verosímiles grandes objetivos. Habían empezado la temporada con altibajos, pero fueron afinando estrategias y entendiendo que su fuerza residía en la sintonía entre los dos. A partir de esa confianza, llegaron resultados que alimentaron la ambición: avanzar en torneos de alto voltaje, conseguir títulos y, sobre todo, disfrutar cada paso del camino.
Indian Wells terminó por coronar esa creencia y llevó a Guido a situarse en el top 20 mundial de dobles por primera vez en su carrera, alcanzando el puesto 16 gracias a un rendimiento sostenido y a la experiencia acumulada.
Este crecimiento no fue ajeno a la escena argentina, que ya miraba con optimismo a un Guido más maduro y completo. En el camino, participaron otros nombres que habían marcado el recorrido de tantos jugadores que, como él, pasaron del singles al dobles: Horacio Zeballos, por ejemplo, ya había mostrado que con paciencia y trabajo se puede llegar a lo más alto en el circuito de dobles.
Andreozzi admite que ver esas trayectorias le dio confianza: si otros lo habían logrado, él también podía hacerlo, siempre con su propio tempo y sin perder de vista sus objetivos de largo plazo.
Entre los hitos que adornan su historia reciente, destacan también la experiencia de jugar la Davis con la camiseta argentina. En febrero, viajó a Corea del Sur para competir y, pese al resultado en la cancha, el reconocimiento y el calor de la afición fueron una recompensa importante.
Volver a Buenos Aires como parte de la selección le dio una dosis de orgullo y la certeza de que estaba cumpliendo un sueño que, en su primer tramo de carrera, parecía reservado para otros.
Guido no piensa en poner freno. Su visión de futuro es clara: quiere seguir compitiendo hasta los 40, siempre que el cuerpo y el nivel se lo permitan. Entre sus metas figuran dos sueños muy claros: ganar un Grand Slam y convertirse en número 1, además de disputar el Masters de fin de año. Para Etlis, su entrenador, esa proyección es realista: hay que seguir trabajando, evolucionando y manteniendo la misma entrega, sin imponer límites ajenos.
A modo de cierre, el propio Guido reconoce que, si bien su trayectoria en singles fue exitosa, la opción de enfocar su carrera hacia el dobles llega en el momento más propicio, con mayor madurez y la certeza de que está haciendo lo que realmente le apasiona.
Y, por encima de todo, que cada victoria es la prueba de que no hay caminos únicos en el tenis: hay muchos recorridos posibles cuando uno se atreve a reinventarse.
