El Real Madrid vuelve a marcar territorio en la Champions y, con un golpe casi definitivo en la ida, terminó dejando sin opciones al Manchester City de Pep Guardiola. Un partido marcado por una acción clave que cambió el rumbo y por el choque entre un técnico que ha cambiado el fútbol y un club que parece estar siempre un paso por delante.
Aquel Barcelona que dominó el mundo entre 2008 y 2012, con Messi como estandarte, parece haber quedado en otro siglo para el técnico catalán. La realidad de hoy, sin embargo, es otra: el #Manchester City cayó 2-1 en el partido de vuelta y el #Real Madrid cerró la eliminatoria 5-1 a su favor, una derrota que deja a City fuera de la pelea y que alimenta de nuevo la leyenda de los blancos en la Liga de Campeones.
Con Leo en la cancha, Guardiola enfrentó al Madrid 15 veces y cosechó 9 victorias frente a apenas 2 derrotas. Después, ya sin la presencia de la Pulga, se cruzó otras 15 veces con el equipo blanco y solo consiguió 5 triunfos, cayendo en 7 duelos. Esas estadísticas, que cada fan recuerda a su manera, ilustran una diferencia que va más allá de un encuentro: la sensación de que el Madrid tiene una capacidad casi histórica para hacer temblar al técnico de moda.
En la previa de la revancha, Guardiola dejó claro que, para dar la vuelta, hacía falta jugar un partido perfecto y, sobre todo, defender mejor de lo que se hizo en la ida.
Sus palabras iban acompañadas de un reconocimiento tácito: la tarea no sería fácil.
La ida, para el Real Madrid, ya había marcado un antes y un después. En el Bernabéu, el marcador parecía dejar poco margen y la mayoría asumía que una remontada de tres o más goles era una misión casi imposible para cualquier rival.
A la hora de la verdad, el guion no se escribió con la precisión que muchos esperaban, pero la eliminatoria terminó con un giro decisivo: Bernardo Silva, joven de contrato y talento desbordante, terminó cometiendo un error que cambió la historia.
En el minuto 20 del primer tiempo, el volante portugués empujó un disparo de Vinícius con el codo y, tras consultar el VAR, el árbitro mostró la roja y señaló penal.
Vinícius no falló desde los once metros y, a partir de ahí, la cuenta quedó prácticamente cerrada para el City.
Antes de aquel momento, el encuentro mostró momentos de presión ciudadana: Courtois, gigante de la Champions, cuajó un par de paradas de alta factura que mantuvieron el cero en su metal.
En la reanudación, Haaland anotó un gol que dio esperanzas a los ingleses, pero Vinícius, ya en el ocaso, logró ampliar la diferencia con un tanto que dejó sentenciada la eliminatoria.
Guardiola, con el rostro serio, fue protagonista fuera del césped también: protestó ante la expulsión y se defendió con la autoridad de quien sabe que el fútbol de hoy exige más que nunca claridad táctica y una dosis extra de fortuna.
Real Madrid
Real Madrid, por su parte, mostró esa imponencia que ha definido su identidad en la competición: pese a las dudas y las bajas que suelen aparecer en estos cruces, el equipo de Carlo Ancelotti supo sostener el resultado y, a la hora de la verdad, encontró la forma de avanzar.
Su dominio histórico en la Champions se refleja en cada crónica, en cada partido y en cada decisión que toma el conjunto blanco para llegar a su próxima gran cita.
Mbappé entró en la segunda parte para aportar peso ofensivo, pero la historia ya estaba escrita: el Madrid se mantiene como una de las máquinas más consistentes de la competición.
La próxima escala para el Real Madrid, según el guion de la competición, sería enfrentarse a Bayern Múnich en cuartos, una prueba de fuego que, de nuevo, promete ser un choque de alto voltaje entre dos gigantes.
Para Guardiola y el City, queda la sensación de que, pese al gran rendimiento de su plantilla, la fórmula que antes parecía infalible ya no es tan implacable como lo era.
