El veterano piloto español vuelve a competir en Argentina, esta vez en la segunda prueba del mundial de Rally Raid con el Ford Raptor T1, y comparte su entusiasmo por seguir compitiendo a alto nivel junto al equipo y su familia.
Carlos Sainz padre regresa a #Argentina con la intención de que esta visita no sea una más, sino una oportunidad para seguir demostrando que la edad no es un freno cuando hay hambre de cockpit y de asfalto.
En estas tierras ya dejó huella y recuerdos queridos, y ahora vuelve para afrontar el Desafío Ruta 40, segunda cita del calendario mundial de Rally Raid.
Este formato, que mezcla curvas de montaña, tramos de tierra y dunas largas, exige no solo habilidad al volante sino también una gran coordinación entre piloto y equipo, especialmente en una disciplina donde la navegación y la resistencia mental marcan la diferencia.
La Ruta 40 recorre varias provincias argentinas, pero tiene su epicentro en San Juan y Mendoza, donde cinco etapas pondrán a prueba a las tripulaciones.
Para alguien con la trayectoria de Sainz, la carrera no es un simple lugar de paso: es una especie de terreno conocido, un escenario donde ha forjado parte de su leyenda y donde, a día de hoy, sigue buscando un lugar entre los grandes del Rally Raid.
En la previa, Sainz dejó claro que volver a Argentina le trae recuerdos de amistades y de un país que siempre le ha mostrado cariño y hospitalidad.
Habla de disfrutar competir, de la buena gente que le ha acompañado a lo largo de los años y de la emoción de volver a pisar un dominio que, históricamente, ha sido clave para su carrera.
El #Desafío Ruta 40 es, para él, una oportunidad de medir la forma física y técnica en un formato que exige flexibilidad, coraje y mucho trabajo en equipo.
El equipo #Ford Racing confía en el #Raptor T1 para enfrentar la ruta argentina. Este coche, que representa la versión moderna de la tradición de Ford en el #Dakar y en las pruebas de fuera de carretera, está diseñado para soportar las exigencias del terreno durante largas jornadas de navegación y pilotaje.
A sus 64 años, Sainz mantiene ese fuego que le permite competir al máximo nivel en el rally raid: la mezcla de pasión por la velocidad y rigor en cada maniobra.
El cronómetro, como siempre, es la prueba que no engaña, y si las cosas salen bien, ese es el camino; si no, hay que aprender y seguir adelante.
En el Dakar
La conversación con el equipo se produjo tras el shakedown previo a la prueba, momento en el que Sainz elogió el trabajo conjunto de una estructura que, en el Dakar, llega a rozar las 100 personas involucradas.
En este mundo, cada uno tiene un papel clave: desde los mecánicos hasta los responsables de navegación, pasando por los coordinadores de ruta. El veterano piloto se mostró agradecido por la dedicación de su gente y por la oportunidad de competir al lado de un grupo que sabe que el éxito depende de la suma de pequeños esfuerzos.
Entre las historias que rodean a Sainz y su carrera, destaca el vínculo con su hijo, que también ha vivido la experiencia de la Fórmula 1. En la charla dejó claro que su hijo es un piloto capaz, más tranquilo y con un control del coche que sorprende cada vez más; y que ver a su hijo avanzar en la alta competición es, para él, una satisfacción enorme.
En ese tono de humildad y orgullo, también se refirió a la importancia de dejar que el joven disfrute el camino y tome sus propias decisiones, sin forzar metas prematuras.
Otra de las notas destacadas es la presencia de un coche legendario en una era de electrificación: el Raptor T1 conserva un motor V8, motor que para muchos puristas evoca la historia del #automovilismo y que, para Sainz, sigue siendo motivo de una sonrisa al dejarlo rugir.
En estas palabras se vislumbra la emoción de un piloto que, lejos de estar cansado, se siente impulsado por el reto y por la posibilidad de seguir compitiendo contra rivales muy jóvenes.
Y, sobre el objetivo futuro, Sainz no esconde su sueño: ganar el Dakar con Ford. Más allá de la gloria pasada, su mirada está puesta en la meta presente, en las jornadas que quedan por delante y en la posibilidad de subir al podio con un equipo que entiende que la experiencia puede marcar la diferencia.
En resumen, el regreso a Argentina es mucho más que una simple participación; es la reafirmación de un legado, de un estilo de pilotaje que se mantiene vigente y de una historia que aún tiene páginas por escribir.
