Relato en lenguaje llano sobre la supervivencia de una pareja de mochileros argentinos tras un terrible accidente de autobús en Ecuador y su decisión de reconstruir su vida.
Survivir y empezar de cero. Esa es la historia de #Gastón Firpo y su pareja Jazmín Repetto, dos argentinos que viajaban como mochileros cuando lo que parecía una excursión tranquila se convirtió en una prueba de vida.
El 15 de abril, un autobús de la Cooperativa San Luis cayó por un barranco cercano a Cuenca, en Ecuador, y se incendió prácticamente al instante. En ese instante, lo que para ellos era un viaje más se transformó en una experiencia que, por suerte, terminó con vida para una parte de la pareja, y con una huella emocional que tardaría en cerrarse.\n\nFirpo, de 40 años, había dejado atrás una carrera modesta pero perseverante en clubes como Midland, San Martín de Burzaco, Claypole y Argentino de Quilmes, entre otros.
Repetto lo acompañaba en este recorrido por el país, con la mochila a cuestas y la ilusión de seguir descubriendo #Ecuador y, después, Perú. En su cabeza resonaba un plan claro: “seguir viajando como mochileros”, una forma de vida que les permitía gestionar el tiempo a su manera, lejos de la rutina habitual.
Ellos mismos lo habían contado como una búsqueda de libertad, de culturas distintas y de experiencias simples que, en conjunto, resultaban más valiosas que cualquier hotel de lujo.\n\nLa idea de emprender esta ruta no nació de un impulso aislado. En 2022 empezaron a viajar por el mundo y, para ellos, la mayor riqueza estaba en conocer diversas realidades y en entender que, a pesar de las diferencias, hay puntos de encuentro entre las personas.
Incluso destacaron que la gente que encontraban en el camino les dejaba una sensación de calidez y de comunidad que les hacía creer que el viaje tenía sentido.
En ese marco, el plan de viaje decía que, tras Ecuador, irían a Máncora, en Perú, para continuar con su ruta entre mayo y julio. Con ese contexto, el accidente llega como un golpe que cambia la narrativa de su vida, pero no la apaga.\n\nEl recuerdo del momento es, para Jazmín, fragmentario y confuso. Ella afirmó que el viaje era corto, de apenas tres horas y media, y que se subieron al bus y se echaron a dormir. Despertó dos veces por sensaciones de alta velocidad y por giros bruscos; cada vez veía un camino montañoso, con niebla y precipicios. Gastón, por su parte, no recuerda mucho; para él todo quedó en silencio, porque iba dormido. Jazmín, en cambio, guarda en su memoria los gritos de las personas al caer, los sonidos que quedaron en el aire y que, años después, siguen pesando.
A partir de la llegada de la ayuda, la historia toma una segunda cara: la de la salvación y la de la lucha por estabilizarse.\n\nEl traslado a un hospital cercano marcó el inicio de una reconstrucción. Las pertenencias quedaron devastadas: pasaportes, dinero y objetos personales se perdieron entre las llamas. Sus teléfonos no resistieron la caída y todo el material quedó en el autobús. Fueron llevados al Hospital Vicente Corral Moscoso, en Cuenca, donde recibieron atención médica y, poco después, fueron dados de alta alrededor de las 21:00 de ese mismo día.
Sinclair falla un penalti mientras Canadá empata con Nigeria en el partido inaugural de la Copa del Mundo Femenina
Christine Sinclair, la delantera del equipo de Canadá, falló un penalti en el empate 0-0 contra Nigeria en el primer partido de la Copa del Mundo Femenina. La arquera Chiamaka Nnadozie fue clave para el equipo nigeriano al detener el tiro desde el punto penal. A pesar del resultado, el grupo queda abierto para ambos equipos.Sin embargo, la realidad era otra: estaban desamparados, sin sus cosas y con la necesidad de iniciar de cero en un país ajeno.\n\nLa gente del lugar y otros supervivientes jugaron un papel clave. Primero llegaron las ayudas inmediatas de quienes estaban cerca. Después, llegaron gestos que resultaron decisivos en lo emocional: la solidaridad de desconocidos que ofrecían apoyo y palabras de aliento fue lo que permitió no perder el ánimo.
Jazmín contó que, mientras esperaba la asistencia médica para su traslado, tuvo frente a sí imágenes de personas calcinadas y de niños que habían resultado heridos.
Ya estaban pensando en regresar a Argentina
Aun así, afirmó que la vida les estaba dando una nueva oportunidad y que debían aprovecharla.\n\nEl regreso a casa se convirtió en un proceso del que dependía, en gran medida, la seguridad emocional. El día de la alta, apenas un par de horas después, ya estaban pensando en regresar a Argentina. Pero para hacerlo, requerían apoyo económico y institucional. Durante semanas, sus contactos con organismos oficiales quedaron cortados por la lentitud de las respuestas, y gran parte de la ayuda terminó llegando gracias a la difusión en redes y a la maniobra de la solidaridad popular.
Finalmente, el lunes 27 de abril, la pareja aterrizó en Ezeiza, con la esperanza de empezar a recomponerse.\n\nEn ese tramo, el mundo del #fútbol dio otro giro. El entorno de Firpo, especialmente San Martín de Burzaco, se animó a colaborar: presidentes, dirigentes y periodistas del club se ofrecieron para ayudar con rifas y apoyos económicos, con la idea de que la vida, al fin, pueda volver a cierta normalidad.
Desde entonces, Firpo y Repetto confían en que lo que parecía un final encadenado a la tragedia es, en realidad, un punto de partida para reconstruir su historia.\n\nHoy, con la voluntad intacta, ambos comparten que la experiencia, dura y dolorosa, cambió su forma de ver las cosas. No renuncian a la idea de seguir viajando, pero ahora la miran con una mochila más liviana y con un mayor aprecio por la familia y por los pequeños gestos cotidianos.
“Tenemos la oportunidad de volver a empezar y queremos disfrutar cada momento, estar cerca de nuestra gente y agradecer lo que la vida aún nos regala”, subraya Jazmín.\n\nLa historia de Firpo y Jazmín no es solo un accidente. Es, ante todo, un testimonio de fragilidad, de supervivencia y de la capacidad humana para reconstruirse cuando todo parece perdido. Aun cuando el miedo acecha y las secuelas físicas pueden dejar huellas, la certeza de que siempre hay una posibilidad de volver a empezar les guía cada paso.
Y en esa certeza, esperan encontrar un nuevo rumbo, con la promesa de grandes y pequeños triunfos por venir.
