Senegal venció 1-0 a Marruecos en la final de la Copa Africana de Naciones tras la intervención decisiva de Edouard Mendy en un penal fallado por Brahim Díaz y un gol de Pape Gueye en la prórroga. Una noche lluviosa y fría en Rabat dejó a Marruecos con la sonrisa rota tras una historia de 50 años sin coronarse en su casa continental, mientras Senegal celebra su primer título desde 2021.
El estadio Moulay Hassan de Rabat sirvió de escenario para una noche que prometía emociones hasta el último instante, pero que terminó con un 1-0 favorable a #Senegal tras el alargue.
La clave estuvo en un momento decisivo cuando el reloj marcaba el final de los 90 minutos y #Marruecos se acercaba a la gloria. Brahim Díaz, el joven delantero formado en Málaga y que ha destacado en ligas europeas, tuvo la oportunidad de decidir la contienda mediante un penal.
El momento era de alta tensión: el estadio vibraba, la presión parecía insoportable, y el destino parecía inclinarse para la nación local. Sin embargo, Edouard Mendy, guardameta que ha defendido colores del Chelsea y del Al-Ahli, se erigió como la figura del momento al adivinar la intención del remate y detener el disparo.
El fallo de Díaz encaminó las cosas hacia la prórroga, donde la lluvia y el frío goteaban tanto de los cielos como de la pasión de los aficionados.
Senegal, lejos de rendirse, encontró la revancha en la parte complementaria gracias a un golazo de Pape Gueye, un remate que desató la euforia de una delegación que mostró en el campo un conjunto renovado y con la idea de aprovechar cada oportunidad para soñar con el título.
Ese gol fue el detalle que terminó por inclinar la balanza en favor de los Leones de la Teranga, que se apuntaron una conquista que quedará grabada en la historia de la CAN.
La atmósfera en el estadio fue una mezcla de júbilo y tensión. Los jugadores de Marruecos trabajaron con intensidad, pero el equipo no logró traducir en gol varias ocasiones claras de apertura durante la primera mitad y los minutos iniciales de la prórroga.
En contraste, Senegal mostró disciplina y un bloque defensivo sólido que, más allá de la alegría, dejó señales de que la ruta hacia futuros torneos será competitiva y con ambición de crecimiento.
La reacción en las tribunas reflejó la dualidad habitual de la CAN: una nación que soñaba con levantar el trofeo en casa y una nación vecina que celebraba un primer título continental en su historia reciente de modo contundente.
Mientras en las plazas y estadios de Senegal se desbordaba la despedida de un equipo que venía con la moral elevada tras haber conquistado el título en 2021 y que ahora se presenta como candidato serio para futuros retos continentales e incluso mundiales
Después del pitido final, las imágenes mostraron a los aficionados marroquíes con rostros entre la incredulidad y la resignación, mientras en las plazas y estadios de Senegal se desbordaba la despedida de un equipo que venía con la moral elevada tras haber conquistado el título en 2021 y que ahora se presenta como candidato serio para futuros retos continentales e incluso mundiales.
Entre el análisis táctico, también emergió la conversación sobre el ciclo futbolístico de Marruecos. Walid Regragui, al frente del equipo durante el torneo, deberá replantear aspectos como la definición y la consistencia en el ataque, especialmente cuando las oportunidades llegan en momentos decisivos.
En el plano positivo, el rendimiento de figuras como el propio Díaz, que mostró destellos de calidad y determinación, contrasta con la necesidad de convertir dichas ocasiones en goles decisivos.
El ambiente, ya de por sí intenso, se vio incrementado por el trasfondo histórico de la competencia: la CAN ha evolucionado para albergar a 24 equipos desde su edición de 2019, una expansión que ha ampliado el alcance y la complejidad de cada torneo.
En este marco, Senegaleses y marroquíes mostraron que el #fútbol africano sigue en plena transición, con talentos capaces de marcar diferencias y con trayectorias que prometen nuevos capítulos.
Con este resultado, Senegal suma un título más a su palmarés y, a la vez, deja a Marruecos ante la posibilidad de corregir el rumbo en las próximas ediciones, con la mirada puesta en el Mundial y en la consolidación de un proyecto que, hasta la última jugada, se mantuvo vivo y competitivo.
Se abre una nueva era de rivalidad y aprendizaje entre dos potencias del fútbol africano, que prometen seguir elevando el nivel de la CAN en los años venideros.
