La Volpe, veterano campeón del mundo y referente del fútbol mexicano, comparte su visión sobre el Mundial 2026, los sistemas de juego y la evolución del talento de Messi y Cristiano.
Sentado en el living de su casa en Guadalajara, #Ricardo La Volpe sigue hablando de #fútbol con la misma pasión de siempre. A sus 74 años, campeón del mundo con #Argentina en 1978, ya no está sentado en un banquillo, pero observa, estudia y analiza el juego con una curiosidad que no se apaga.
Y, además, se prepara para una nueva misión: acompañar la cobertura del #Mundial 2026 para Televisa en México, donde volverá a dejar su opinión afilada en la pantalla.
Referente histórico del fútbol mexicano —dirigió a 11 clubes y puso sobre la mesa ideas que trascendieron fronteras— La Volpe mantiene esa voz autorizada para opinar sobre todo lo que rodea a la pelota.
Su etapa en México, ese “modelo Alemania 2006” que dejó huella, fue tan significativa que incluso Guardiola reconoció la validez de muchas de sus ideas.
Aunque el camino no siempre fue fácil, él mismo recuerda que México fue competitivo gracias al esfuerzo colectivo y a la exigencia táctica que imponía su entrenador.
Una de las notas más recurrentes de su conversación es la importancia del punto de partida: el sistema de juego. Para La Volpe, lo primero que cuenta es el sistema; pero ese dibujo no existe aislado, depende de las características de los jugadores. En 1978 Argentina brilló con amplitud y equilibrio: Bertoni por un lado, Ardiles y Gallego sosteniendo, y Kempes como punta de lanza. Esa combinación, dice, no solo definía el once, sino la personalidad que el vestuario necesitaba para sentirse con una misión común.
En esa misma línea, enumera tres claves para ganar una Copa del Mundo. La primera es el sistema, claro, pero que derive de las cualidades de los futbolistas. La segunda es la convivencia del grupo: sin grupitos, sin cuitas; la cohesión se forja en el día a día y da esa fortaleza que se transforma en rendimiento cuando llega la hora de la verdad.
Y la tercera, la responsabilidad: entender que la afición necesita una alegría y que esa responsabilidad hay que vivirla todos los días, no solo en el último partido.
Sobre el fútbol de hoy, La Volpe sostiene que la mayoría juega 4-2-3-1, que para él equivale a un 4-4-1-1 por las funciones de los mediocampistas.
También observa que muchos equipos optan por una línea de cinco para protegerse ante extremos cada vez más veloces. En su paso por Boca Juniors en 2006, vivió la transición de los sistemas: de la idea clásica a un 4-4-2 con Gago y Ledesma como ejes del medio, cuando el enganche dejó de ser imprescindible y el plantel perdió a un 10 puro por momentos.
Dice que el fútbol cambió porque ahora los entrenadores
Dice que el fútbol cambió porque ahora los entrenadores, para muchos clubes, se sostienen en proyectos que se venden a través de presentaciones y datos, más que en una negociación directa.
Sinclair falla un penalti mientras Canadá empata con Nigeria en el partido inaugural de la Copa del Mundo Femenina
Christine Sinclair, la delantera del equipo de Canadá, falló un penalti en el empate 0-0 contra Nigeria en el primer partido de la Copa del Mundo Femenina. La arquera Chiamaka Nnadozie fue clave para el equipo nigeriano al detener el tiro desde el punto penal. A pesar del resultado, el grupo queda abierto para ambos equipos.Cuando se le pregunta por Scaloni, destaca que tomó decisiones firmes y que su equipo tiene variantes, buena salida y una idea clara. Le gusta que, cuando es necesario, se recurra a una línea defensiva con cinco y se cambie de rumbo con soluciones en el campo corto, sin perder la idea de juego.
Sobre Argentina, no descarta que pueda repetir el título: “tiene una base sólida, jugadores en grandes clubes y una idea definida”, aunque advierte que Francia está fuerte y que Inglaterra y Portugal no deben ser descartados; Marruecos podría ser la sorpresa por su dinamismo y verticalidad.
En lo personal, La Volpe admira a Messi y a Cristiano, pero también entiende que el éxito actual del equipo depende de la capacidad de sostener el rendimiento colectivo, especialmente porque Messi ya no puede sostener 90 minutos al máximo como antes; aclara que la adaptación del equipo es clave y que Scaloni la maneja a la perfección.
Sobre la posibilidad de dirigir a la Selección argentina, confiesa que le hubiera gustado y que guarda la espina de no haber dirigido a Argentina en los años dorados.
Si las cosas hubiesen salido bien en Boca en 2006, Don Julio Grondona, con quien mantenía contacto, podría haber cambiado su destino. Y no esconde su curiosidad por las palabras de Bielsa, Beccacece, Pochettino y Alfaro: elogia la disciplina táctica de Bielsa, aunque reconoce que su estilo fue demasiado sistemático y que le faltaron variantes para un Mundial; se pregunta qué hubiera pasado con Messi si Bielsa hubiera tenido la oportunidad de dirigirlo.
En ese sentido, concluye que el fútbol actual necesita entrenadores que sepan adaptar y contrarrestar, sin perder su sello.
Más allá de sus años en los banquillos, La Volpe continúa siendo una voz crítica y constructiva para entender el fútbol desde una mirada amplia: la de un estratega que no se conforma con lo que ya ganó, sino que quiere entender cómo se mueve el juego en cada temporada, en cada país y, sobre todo, en cada Mundial que se aproxima.
