La conferencia de prensa de Walid Regragui dejó claro que la continuidad del entrenador no está asegurada tras la derrota ante Senegal; el artículo ofrece un análisis del momento, el contexto histórico del equipo y la avalancha de reacciones posteriores.
Un periodista, con la cercanía de quien sabe que sus palabras pueden encajar en un titular, preguntó: «¿Cuándo piensa presentar su renuncia, esta noche o mañana?» La respuesta del técnico fue seca y descentrada por el estado de ánimo de toda una nación: «Eso no es una pregunta; sigamos».
Así se expresó, con una mezcla de enfado contenida y la prudencia de quien sabe que cualquier gesto puede interpretarse al detalle.
El ambiente en la sala reflectaba la magnitud de lo vivido: Marruecos, que hace apenas tres años escribió una página histórica al terminar cuarto en Qatar 2022, llevaba tiempo buscando una continuidad que le permitiera consolidarse entre las grandes del continente.
En la final de la Copa Africana de Naciones se enfrentó a una #Senegal valiente, liderada por Sadio Mané, y el duelo se decidió en la prórroga tras 120 minutos de un choque que tuvo momentos de caos, de esos que quedan grabados en la memoria de los aficionados.
El desenlace doloroso fue un 1-0 que llegó en el tiempo extra, dejando a #Marruecos sin el trofeo y con la sensación de haber tenido opciones hasta el último suspiro.
En el tramo final del encuentro, el detalle que marcó la diferencia fue un penal fallado por Brahim Díaz, una acción que muchos analistas describieron como insólita, dada la situación y el contexto del partido.
Ese fallo cerró una etapa de intensa presión para la defensa marroquí y dejó a la afición con la duda de lo que podría haber sido distinto si ese tiro no se hubiera desviado.
Entre tanto, las imágenes de la derrota mostraron a los protagonistas con el semblante cansado, y a la afición, que esperaba celebrar, resignada ante la caída de un sueño que parecía a su alcance.
Las muestras de lealtad hacia la #selección desde el entorno real no tardaron en aparecer
A pesar del revés, las muestras de lealtad hacia la selección desde el entorno real no tardaron en aparecer. Mohamed VI, desde la intimidad de su palacio, felicitó a la plantilla por su esfuerzo, subrayando que la perseverancia, la seriedad y el espíritu de equipo son el camino para lograr rendimientos a largo plazo.
A cinco meses del debut de Marruecos en el Mundial 2026 contra Brasil, la pregunta sobre la continuidad de Regragui quedó en el aire, alimentando el debate sobre la dirección técnica del equipo en un periodo tan estratégico como este.
El propio vestuario mostró señales mixtas: el capitán Achraf Hakimi, con una pequeña molestia física, pudo integrarse en las fases finales, pero arrastró un desgaste que se notó en su rendimiento.
En el ámbito institucional, la cobertura de la final dejó momentos para el análisis: la transmisión televisiva, que en otras ocasiones tiene una cobertura homogénea, dio paso a un silencio inusual en ciertos pasajes, y la prensa local abordó con intensidad las actuaciones de Senegal, dejando claro que la pasión por el #fútbol africano está siempre a flor de piel.
La derrota dejó, además, una especie de “rabatazo” que probablemente se convierta en una leyenda en la memoria del fútbol africano: el recuerdo de un equipo que, a pesar de las adversidades, mostró una regularidad que lo convirtió en candidato constante a los grandes desafíos.
En el día siguiente, la conversación se centró en si Marruecos hará ajustes, si Regragui intentará continuar al frente del proyecto y qué rumbo tomará una selección que sigue buscando la consolidación de su identidad en el fútbol mundial.
