La reconstrucción que exige el fútbol argentino: entre un cierre de ciclo, Tapia, Scaloni y el Mundial 2026

Análisis en tono directo sobre por qué se reclama una reforma profunda en la gestión del fútbol argentino, el peso de la Selección y las expectativas ante el Mundial 2026.

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Cuando River o Belgrano levanten la última vuelta olímpica del Kempes, parecerá que se cierra un capítulo de un #fútbol con heridas abiertas pero vivo.

Decir que hay que reformar todo para que el juego vuelva a caminar por una senda clara no es exagerar: es la única salida que puede evitar que el negocio y el espectáculo se sigan haciendo daño mutuamente.

La reconstrucción estructural no va a caer de un día para otro; requerirá tiempo, paciencia y, sobre todo, una voluntad colectiva que vaya más allá de la prensa y de las declaraciones rimbombantes.

Y ese reloj de cambios podría verse condicionado por el propio Mundial, porque todo quedará ligado a cómo se desempeñe la Argentina en la próxima gran cita mundialista.

La AFA, por su parte, no debería seguir bajo la conducción de Claudio #Tapia y Pablo Toviggino. Se sabe incluso en los lugares más ingenuos que esas dos personas siguen teniendo vela en este entierro por resultados judiciales, por debates internos y por una oposición que cada día se fortalece un poco más.

Todo ello, además, coincide con la necesidad de cuidar la imagen: la Selección, la fachada institucional y el país entero están pendientes de cada movimiento, porque la política deportiva se ha convertido en un espejo del clima social.

El rendimiento de la Scaloneta también contará. Tras un Mundial y dos Copas América, Argentina aparece en el grupo de candidatos, aunque cada vez se discute más si es la favorita indiscutible. El plantel ha mostrado que no necesita demostrar nada nuevo: ha convertido la resiliencia en la gasolina que impulsa a sus jugadores, muchos de ellos con temporadas largas y exigentes en Europa, y otros que continúan recuperándose de lesiones importantes.

En ese contexto, la lista final para el Mundial se decidirá prácticamente sobre la hora, cuando apenas quede margen para planificar con claridad.

Seamos realistas: volver a alzarse con el título será difícil. Pero el deseo de cualquier aficionado invita a soñar. Un Mundial decente para Argentina, al menos, debería significar avanzar a cuartos de final. Después, ya se verá qué estilo propone el equipo, qué juego muestra y si puede superar a rivales que, en teoría, podrían estar por encima. Más allá de los resultados, lo realmente destacable será la capacidad de este grupo para sostenerse ante una presión enorme y convertir la adversidad en impulso.

Si Tapia ha logrado mantener cierto control del fútbol argentino durante estos años, parte de ese poder se debe a la alianza entre #Scaloni y Messi: un dúo que convirtió la Selección en un proyecto compartido, capaz de generar emoción y, al mismo tiempo, rendimientos deportivos de alto nivel.

Pero esa etapa extraordinaria podría empezar a dejar de sostenerse tras el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Con la celebración de esa cita global a la vista, el actual engranaje de poder podría quedarse corto para sostenerse ante el escrutinio público y judicial.

Tapia y #Toviggino podrían encontrarse

Tapia y Toviggino podrían encontrarse, de pronto, sin el margen de maniobra suficiente para continuar gestionando desde sus puestos actuales.

Procesados. U otras etiquetas oficiales pueden no tardar en aparecer cuando las causas y las investigaciones avancen. Nadie está libre de mirar de frente a la realidad: el fútbol argentino no puede vivir exclusivamente de triunfos deportivos sin una base institucional sólida que sostenga ese rendimiento.

En el plano político, el país está atento a lo que venga: el gobierno de Milei, la economía y la reacción social marcarán el ritmo de cuán profunda puede ser la reforma y cuánto tiempo puede durar la espera de cambios.

No es casual que se recuerde que un estallido carnavalesco, visto desde una cancha, puede provocar una onda expansiva de largo alcance. Esa imagen funciona como advertencia para todos: lo que está roto no se arregla con un remiendo fácil.

La oposición, por ahora, parece sostenerse en nombres como Verón, #Milito y Di Carlo, que hablan mucho y proponen poco a nivel práctico, pero que podrían convertirse en una base si logran sumar apoyos y coordinar ideas.

Quizá haya divisiones internas, quizá aparezcan nuevos actores. En cualquier caso, está claro que la situación exige una visión seria y un plan de acción concreto, porque el fútbol argentino necesita una reconstrucción profunda: reglas claras, rendición de cuentas y una estrategia que vaya más allá de la próxima temporada o el próximo ciclo mundialista.

Lo que está roto está roto, y ya no alcanza con un simple parche para que vuelva a funcionar con solvencia.