Nicolás Otamendi, veterano central de la Albiceleste, inicia su cuarto Mundial con la certeza de que será su última gran cita. Un líder que quiere saborear cada minuto y que sigue aportando experiencia, músculo y calma al grupo de Scaloni.
Nicolás Otamendi, cuando pise el estadio de Kansas City el próximo martes, entrará de lleno en un club muy exclusivo: el de los jugadores que disputan su cuarto Mundial con la camiseta de la Argentina.
A sus 38 años, el zaguero ya dejó claro que este será su último campeonato del mundo, dejando atrás a muchos jóvenes que sueñan con repetir gestas anteriores y dejando a Lionel Messi como el único en la historia reciente con más Mundiales disputados para la Albiceleste.
Otamendi no oculta su deseo de saborear cada instante de la concentración y de los entrenamientos, como si fuera el primer día, porque sabe que el reloj corre y que estos momentos se recuerdan de otra manera cuando ya se ha vivido tanto en la elite.
Hoy, a la sombra de un equipo que ha sabido convertir la presión en una seña de identidad, se perfila para salir de inicio y mantener esa hambre que lo ha acompañado durante todo su recorrido.
No es casualidad que, a sus 38 años, siga siendo un pilar en defensa y, a la vez, un espejo para los más jóvenes del grupo. En su pasado, Otamendi dejó atrás la imagen de lateral derecho que no terminó de asentarse en Sudáfrica 2010 y, con el tiempo, se convirtió en uno de los líderes indiscutibles de la zaga albiceleste, ayudando a sostener un proyecto que ha visto altibajos, pero que encontró en la línea defensiva una columna vertebral de experiencia y carácter.
La Selección es, en lo personal, algo que define su carrera. Ha vivido altibajos y momentos de gloria: fue parte de aquel proceso que llevó a la #Argentina a levantar la Copa América en 2021 y, poco después, a conquistar el Mundial de Qatar 2022, un hito que consolidó a un equipo que aprendió a competir de tú a tú ante las mejores selecciones del mundo.
En el plano individual, Otamendi podría entrar dentro del Top 5 de argentinos con más Mundiales disputados: suma ya 14 participaciones en la competición, igualando a figuras como Gonzalo Higuaín y Jorge Burruchaga, y quedando a dos de Oscar Ruggeri, por detrás de Messi (26), Maradona (21) y Mascherano (20).
Aun sin sumar goles en Mundiales, su presencia en defensa ha sido lo más cercano a una garantía de equilibrio para la Albiceleste. En su palmarés con la selección, acumula 131 apariciones oficiales, una cifra que, a estas alturas, ya no sorprende cuando se trata de un jugador que ha sabido adaptarse a los años sin perder rendimiento.
Sinclair falla un penalti mientras Canadá empata con Nigeria en el partido inaugural de la Copa del Mundo Femenina
Christine Sinclair, la delantera del equipo de Canadá, falló un penalti en el empate 0-0 contra Nigeria en el primer partido de la Copa del Mundo Femenina. La arquera Chiamaka Nnadozie fue clave para el equipo nigeriano al detener el tiro desde el punto penal. A pesar del resultado, el grupo queda abierto para ambos equipos.Después de dos amistosos de preparación realizados en Estados Unidos, primero en College Station y luego en Auburn, Otamendi y el equipo dejaron sensaciones positivas: ritmo, convicción y la sensación de que el proyecto está en buen camino.
Vivir como se tiene que vivir en mi caso que es mi último Mundial
En palabras del propio jugador, “disfruto cada momento con los chicos. Las concentraciones, obviamente, los entrenamientos, vivir como se tiene que vivir en mi caso que es mi último Mundial, porque esos momentos son los que uno se lleva”.
El grupo, de cara al debut en esta Copa del Mundo, ha ido consolidándose como una unidad que sabe convivir con la presión y con las exigencias de un torneo tan corto como intenso.
Más allá de las tácticas, lo que se aprecia es un vestuario que entiende que el éxito no llega solo por individualidades, sino por la suma de esfuerzo, humildad y una identidad que ha ido tomando forma a lo largo de este ciclo.
Historias personales de Otamendi sirven para entender su carácter. Su viaje desde el barrio La Paloma, en El Talar, Tigre, hasta la Villa Olímpica de Vélez dejó a la vista una historia de esfuerzo familiar: su madre, Silvia, lo acompañó en buena parte de su camino y, con sacrificio, hizo que ese sueño tuviera un inicio tangible.
En aquella crónica, se recordaba que el propio Otamendi había viajado durante aquellos años con un entusiasmo que, más que una anécdota, era una demostración de la ética de trabajo que ha sostenido a lo largo de su carrera.
Con la mirada puesta en este último reto mundial, Otamendi representa la mezcla entre experiencia y liderazgo que ha definido al equipo en los últimos años.
Su presencia transmite serenidad y, a la vez, la urgencia de mantener el nivel, de no rendirse ante la motivación que llega de ver a Messi liderando a un grupo que ha aprendido a competir como una unidad.
Mientras el mundo del #fútbol observa, él se prepara para dejar una huella que quizá no esté en los goles, pero sí en la solidez de una defensa que ha evolucionado con el paso de los torneos y que ahora, a sus 38 años, encara su gran despedida con la adrenalina intacta y la cabeza clara: disfrutar cada segundo y dejarlo todo en la cancha.
