Dos campeones del mundo se ven las caras en el Monumental: Montiel y Paredes, de River y Boca, convierten un clásico en una prueba de trayectoria, orgullo y la necesidad de seguir ganando.
El #Superclásico del domingo no es un partido más. En el Monumental, a las 17:00, Gonzalo Montiel y Leandro Paredes, dos futbolistas que pegaron un salto enorme en sus carreras cuando Argentina levantó la Copa del Mundo en Qatar 2022, se cruzarán como rivales directos.
Y eso tiene una carga especial: no solo está en juego el triunfo de un club, sino una historia de amistad que nació en una cancha de barrio y terminó en la cúspide del #fútbol mundial.
Montiel y Paredes se conocen desde hace años, y la conexión que forjaron en Brisas del Sud, el club de Mataderos, se convirtió en una anécdota recurrente entre ambos.
Hoy, ese recuerdo de la infancia contrasta con la responsabilidad de vestir colores distintos y competir por tres puntos que pueden marcar el pulso de toda la semana.
Colaboradores y protagonistas de ese día, la Liga Profesional organizó una conferencia de prensa donde los dos se mostraron muy conscientes de lo que se juegan.
“Es un clásico y se juega distinto a cualquier otro partido”, resumió Cachete Montiel, mientras el capitán de Boca, Leandro Paredes, añadió que, aunque el duelo siempre es diferente, el objetivo no cambia: sumar para las respectivas escuadras y dejarlo todo en el campo.
La historia reciente de estos dos campeones del mundo está escrita en grandes momentos: Montiel convirtió en la tanda de penales que selló la victoria de Argentina ante Francia en la final de Qatar, y Paredes también tuvo su momento decisivo en ese desenlace espectacular.
En la conversación, ambos recordaron que la vida de futbolista “no se detiene” tras levantar la Copa, y que lo que viene ahora es seguir buscando triunfos y competir al máximo nivel.
Montiel habló de su deseo de seguir ganando cosas y de la motivación que encuentra al volver a River; Paredes, por su parte, resaltó la satisfacción de volver a competir al más alto nivel y la ilusión de conquistar nuevos objetivos junto a su club, sin perder la humildad que le caracteriza.
¿Cómo llega cada equipo? En la visión de ambos, la confianza no se mide solo por resultados recientes, sino por la capacidad de sostener una idea de juego y crecer.
“Este partido es una final para nosotros”, dijo uno de los protagonistas; el otro coincidió: la clave será la concentración y la tranquilidad para ejecutar el plan del entrenador.
A la mesa de preguntas se sumó la idea de que el clásico no admite excusas y que lo importante es rendir en el club, en la selección si llega la citación y, sobre todo, disfrutar de un evento que el mundo entero quiere ver.
Sinclair falla un penalti mientras Canadá empata con Nigeria en el partido inaugural de la Copa del Mundo Femenina
Christine Sinclair, la delantera del equipo de Canadá, falló un penalti en el empate 0-0 contra Nigeria en el primer partido de la Copa del Mundo Femenina. La arquera Chiamaka Nnadozie fue clave para el equipo nigeriano al detener el tiro desde el punto penal. A pesar del resultado, el grupo queda abierto para ambos equipos.La conversación dejó guiños a la historia de cada uno en el ámbito local y continental. El historial de Montiel ante Boca incluye varias experiencias, con un balance que se alterna entre victorias y derrotas, pero que no ha sido enemigo de sus momentos memorables en la Copa Libertadores y las finales que le dieron prestigio al joven lateral.
Paredes, que también lleva años rivalizando con River, conoce la exigencia de este tipo de encuentros y sabe que cada partido suma: cada minuto, cada balón peleado, cada decisión del árbitro puede marcar el curso del encuentro.
Intervino para remarcar que el Superclásico tiene la magnitud de una fiesta del fútbol y que la presencia de un árbitro de renombre mundial añade grandeza al duelo
Durante la gala previa, el presidente de la casa, Chiqui Tapia, intervino para remarcar que el Superclásico tiene la magnitud de una fiesta del fútbol y que la presencia de un árbitro de renombre mundial añade grandeza al duelo.
No faltó el toque tenso típico de estas vísperas: el planteo de varios presidentes y dirigentes mostró que, pese a la cordialidad entre jugadores, la rivalidad entre clubes sigue siendo feroz.
Di Carlo, al frente de River, dejó claro que quiere lo mejor para el espectáculo; Riquelme, desde Boca, se mostró optimista y destacó la universabilidad del clásico: “Es único, se juega en cualquier escenario y que gane el que esté mejor”.
En el último gesto público, Montiel y Paredes sellaron una foto con sonrisa contenida, consciente de que, en pocas horas, serán rivales y de que, a la larga, compartirán una misma historia: la de argentinos que defienden colores y que, al mismo tiempo, forman parte de la grandeza futbolística de su país.
Y es que, como ninguno duda, este encuentro no es solo un choque por puntos, sino la demostración de que, incluso después de la gloria mundial, el espíritu competitivo de cada jugador sigue intacto.
A fin de cuentas, el mensaje es claro: hay que vivir el presente, rendir en cada partido y esperar que, cuando llegue la citación o el siguiente desafío, la ilusión permanezca intacta.
Entre aplausos, gestos de apoyo y la presión típica de un clásico de estas dimensiones, Montiel y Paredes prometen entregar una batalla táctica y emocional que quedará grabada en la memoria de los aficionados.
Y para quienes miran desde fuera, esta es la clase de duelo que demuestra por qué el fútbol argentino tiene esa mezcla de historia, talento y pasión que lo distingue en cada rincón del mundo.
