En medio de un huracán de acusaciones contra la dirigencia de la AFA, Messi y De Paul evitan el ruido político y mantienen el foco en la cancha. Analizamos qué pasa, quiénes están involucrados y qué podría cambiar para la Albiceleste.
No es casualidad: el ambiente alrededor del presidente procesado marca el pulso del día a día de la federación y de la selección campeona del mundo.
La llegada a Buenos Aires dejó claro que el plantel no quiere rendirse a la atención constante de las cámaras. Aterrizaron y, aunque algunos llegaron con palabras rápidas, la sensación fue de prudencia: los jugadores evitaron entrar en el juego de la polémica y prefirieron centrar la conversación en el césped y en el trabajo del equipo.
En medio de esa calma forzada, la escena más comentada fue la del intento de continuidad de una foto-cábala que había reunido a Messi, #De Paul y Tapia en otras ocasiones.
Esta vez, no hubo toma conjunta que marcara el tono de apoyo público a la dirigencia; la ausencia de ese momento dice mucho del deseo de no agrandar un conflicto que ya afecta a la convivencia interna de la AFA.
En la zona mixta, De Paul dejó claro que su prioridad es el balón y el rendimiento del equipo. No se trataba de desestimar el ruido, sino de entender que, en plena temporada y a dos meses de un Mundial, lo imprescindible es la unión y la concentración en lo que puedan hacer dentro de la cancha.
Por su parte, Messi, habitual hablador con la prensa, optó por la prudencia y no aportó declaraciones en ese instante, manteniendo el foco en el trabajo diario y en las expectativas de la selección.
Las redes también contaron una historia aparte. Messi, en sus historias de Instagram, dejó una señal que muchos interpretaron como un apoyo tácito al grupo y a la noción de que lo esencial está fuera de la discusión político-partidista.
De Paul, por su parte, tomó la oportunidad para recordar que la misión de la selección es jugar al #fútbol y defender al país desde la cancha, insistiendo en la idea de que el Mundial exige unidad y trabajo conjunto.
El mensaje buscó, sobre todo, restar combustible a interpretaciones que se alejaban de la esencia del deporte: competir y sumar.
La conversación se complicó con la certeza de que hay voces que señalan que el ambiente de la #AFA está tenso
La conversación se complicó con la certeza de que hay voces que señalan que el ambiente de la AFA está tenso. Más allá de Tapia, otros cargos están bajo la lupa: el tesorero, el secretario y ex presidentes del fútbol argentino se han visto involucrados en investigaciones sobre arbitrajes, arreglos y otros indicios de corrupción que han alimentado el debate público y han sido materia de cobertura en España y en el resto de Europa, donde juegan muchos de los futbolistas de la selección.
Sinclair falla un penalti mientras Canadá empata con Nigeria en el partido inaugural de la Copa del Mundo Femenina
Christine Sinclair, la delantera del equipo de Canadá, falló un penalti en el empate 0-0 contra Nigeria en el primer partido de la Copa del Mundo Femenina. La arquera Chiamaka Nnadozie fue clave para el equipo nigeriano al detener el tiro desde el punto penal. A pesar del resultado, el grupo queda abierto para ambos equipos.En el plano estrictamente deportivo, la discusión dejó al margen lo político y se centró en el rendimiento. Dibu Martínez habló de exigir más corazón y de entender que los amistosos no siempre permiten sacar conclusiones sobre el nivel real del equipo. Scaloni, por su parte, admitió que no estaba feliz con algunos pasajes del juego, pero confió en que, tras la goleada a Zambia y los ajustes posteriores, la cara del equipo cambió para mejor.
En conjunto, el grupo mostró una actitud de madurez: sabían que la presión no va a desaparecer, pero que la clave está en la unidad y en no permitir que la polémica desvirtúe el objetivo mayor: llegar en condiciones al Mundial y ganar el apoyo de la afición.
Históricamente, la AFA ha estado en el centro de debates que van más allá del terreno de juego. Durante décadas, los retos han incluido gestión de recursos, arbitrajes y disputas entre dirigentes que han marcado el pulso del fútbol argentino. En los últimos años, esa dinámica ha coincidido con un escrutinio judicial cada vez más intenso, con investigaciones que han puesto en tela de juicio procedimientos y decisiones.
En ese contexto, el equipo nacional y sus referentes han preferido separar, en la medida de lo posible, la responsabilidad institucional de la responsabilidad deportiva, manteniendo claro el norte: competir al máximo y, si es posible, levantar la copa para la gente.
La escena pública que rodea a Messi, De Paul y el propio Tapia refleja una tensión que no es nueva en el fútbol argentino: cuando la política entra, el vestuario suele verse afectado.
