Marcelo Gallardo se despide de River Plate tras la derrota ante Banfield, en una noche de contrastes en el Monumental. La hinchada ovacionó al entrenador y reprochó a varios jugadores, mientras se abre el inicio de un nuevo ciclo con Eduardo Coudet como posible encargado.
Era una noche de contrastes en el estadio Monumental, cuando #River Plate recibió a #Banfield para decir adiós a Marcelo Gallardo. El ambiente estuvo cargado de emociones: una despedida que resultó emotiva para el técnico y, a la vez, un escenario de crítica especialmente dirigida a varios jugadores, señalados por los hinchas como responsables de no haber entregado todo para apoyar al entrenador-estatua que marcó una era en el club.
A medida que se acercaba el final del partido, quedó clara la distancia que se ha ido gestando entre el cuerpo técnico y parte del plantel, una brecha que los protagonistas buscarán cerrar en el corto plazo pero que, por ahora, define un momento de transición.
Gallardo, con gestos y palabras breves, dejó ver que no hay un afán de adornos en su salida. No solicitó un reconocimiento especial y, de hecho, pidió a la dirigencia que no se organizara un homenaje grandioso. Tampoco ahondó en muestras de cariño excesivas hacia los jugadores; prefirió centrarse en la labor que dirigió desde el banco, manteniendo en claro que la relación entre el cuerpo técnico y algunos futbolistas ya no era la misma que en otros momentos.
En el once inicial aparecieron tanto los más veteranos como las promesas de la cantera y los refuerzos Aníbal Moreno y Fausto Vera, una decisión que reflejó su idea de darle cancha a la juventud y de equilibrar la experiencia con la renovación.
El abrazo entre Gallardo y Lucas Martínez Quarta después del primer gol ante el Taladro fue sobrio, casi distante. Instantes después, el técnico caminó hacia el vestuario y dejó a un lado el encuentro con el plantel, una imagen que se interpretó como una señal de la desconexión que se ha ido consolidando.
En la grada, la ovación para el DT contrastó con una silbatina unánime hacia los jugadores, un mensaje de la afición que, más allá del resultado, cuestiona la entrega y la convicción que mostraron dentro del campo.
La sensación que quedó es que la bronca no se reduciría a un solo partido: la hinchada esperará respuestas y cambios para que el vínculo entre el equipo y sus fanáticos vuelva a ser sólido.
Entre los nombres que aparecen en la lista de preocupación figuran varios jugadores que ya habían sido objeto de comentarios en la cancha, como Paulo Díaz, Matías Viña, Marcos Acuña, Fabricio Bustos, Kevin Castaño, Giuliano Galoppo, Maximiliano Salas y Facundo Colidio.
A estos se podrían sumar Germán Pezzella, Juan Portillo y Maximiliano Meza, que atraviesan procesos de recuperación y recuperación física, dificultando por el momento su presencia en las próximas semanas.
Quienes parecen tener luz verde para continuar son Juan Fernando Quintero, Gonzalo Montiel y un grupo de jóvenes que ya mostraron destellos de calidad.
En palabras de algunos que estuvieron el sábado, el plantel sabe que las responsabilidades van más allá de un solo partido y que la gente espera ver un River que se replantea la identidad y la forma de competir.
Quintero, Montiel y los jóvenes, además, cuentan con cierto apoyo emocional por haber surgido y crecido en el club, lo que facilita el proceso de reconciliar al plantel con la afición.
Entre los testimonios específicos, Lucas Martínez Quarta dijo que el equipo está dolido pero consciente de la magnitud de lo que representa Gallardo para la institución y para cada integrante del vestuario.
A pesar del dolor, remarcó que el grupo está dispuesto a asumir la responsabilidad y a convivir con este momento, con la idea de no defraudar ni al entrenador ni a la gente.
Tomás Galván, por su parte, señaló que Gallardo les dejó claro el legado y la importancia de lo vivido, y que, aunque extrañarán al DT, deben mirar hacia adelante para construir un nuevo ciclo.
Con una despedida que no ocupó la mayor parte de las palabras del técnico, Gallardo cerró un capítulo que quedará marcado por los logros y las tensiones propias de una etapa inolvidable.
El horizonte marca, de inmediato, la necesidad de una transición que permita reconciliar al plantel con la afición y, sobre todo, consolidar un proyecto que sostenga la grandeza de River en el futuro cercano.
A partir de ahora, la prioridad será gestionar la salida del anterior ciclo y encarar la búsqueda de un nuevo entrenador que pueda traducir la historia reciente del club en resultados consistentes.
En ese marco, la posibilidad de que Eduardo Coudet asuma las responsabilidades de dirigir el equipo aparece como una opción que el entorno riverplatense observa con atención.
El calendario inmediato deberá decidir si este reencuentro entre jugadores y afición se produce en Mendoza, frente a Independiente Rivadavia, o si se delinean otros escenarios para iniciar el nuevo capítulo de River Plate.
