Crónica de la última semana en Racing Club: broncas en la grada, tensiones políticas internas y el respaldo del club al entrenador Gustavo Costas, mientras el equipo busca frenar la sangría de resultados y recuperar la mística.
Del susto de un gol que parecía sepultar las opciones de playoffs a ese grito que sonó como un desahogo para las gargantas de los hinchas de Racing, la noche dio para mucho más que un triunfo o una derrota.
En el Cilindro de Avellaneda, la grada dejó claro que lo que está en juego va más allá de un partido: es la sensación de que la campaña golpea fuerte y que el club está aprendiendo a convivir con la presión.
Allí, el ambiente se llenó de tensión y de una mezcla incómoda de frustración y cabezonería: insultos para la Comisión, silbidos generalizados y una sensación de que la clasificación ya no era la prioridad para muchos.
La dirección también venía cargando con su peso. Antes del choque clave ante Huracán, se hizo sentir el ruido de la interna: un cartel que cubría una calle con el nombre de #Diego Milito y una pegatina que hacía alusión a Gustavo A.
Costas, como si la ciudad entera quisiera enviar un mensaje de apoyo a un futuro cercano más claro. No era casualidad: si alguien esperaba espontaneidad en estos gestos, se estaba equivocando. Todo apuntaba a que había un plan más grande, de fondo, que buscaba calmar las aguas sin perder la esencia del club.
Entre jugadores y fans parece haber una fisura que no se había visto tan marcada en los últimos tiempos. Aunque la base de la plantilla de las grandes noches de la #Sudamericana 2024 y la #Recopa 2025 sigue ahí, ya no hay el mismo reconocimiento en la tribuna.
La ovación más sonada fue para Costas, y no por sus logros en el pizarrón, sino por la sensación de que el entrenador entiende la idiosincrasia de Racing: el equipo juega con el corazón y, cuando vibra, la gente responde.
Y eso se tradujo en una señal de continuidad: Costas renovó hasta el final de su mandato, una jugada que en la práctica fue un respaldo directo ante el cuello de botella que se vive.
El propio Milito, como presidente, estuvo presente en el entrenamiento y se dejó ver junto a los jugadores, una foto que circuló en redes como recordatorio de que hay unión, al menos en la superficie.
Las estadísticas de los dos últimos años dejan claro por qué la presión está ahí. En 2024, Racing fue el equipo más goleador de la competición y acumuló una cifra de 103 goles, con 13 goleadas que lo posicionaron por encima de gigantes como el Manchester City, el Liverpool, el PSG y el Real Madrid, según los datos que se manejan en la interna del club.
Fueron 32 victorias, 8 empates y 16 derrotas en 56 compromisos, y, para muchos, ese año dejó una esperanza de que la etapa de transición podía convertirse en la era de la consagración internacional, cerrando un capítulo de 34 años sin un título internacional.
El club logró la Recopa a doble vuelta frente a #Botafogo (2-0 en Avellaneda y 2-0 en Río de Janeiro)
En 2025, la producción ofensiva siguió firme, con 86 goles en 55 partidos, repartidos en 31 victorias, 7 empates y 17 derrotas. El club logró la Recopa a doble vuelta frente a Botafogo (2-0 en Avellaneda y 2-0 en Río de Janeiro), mientras que en el Torneo #Clausura perdió la final ante Estudiantes en un choque que dejó claro que la pelea por el título no sería un camino llano.
Adrián Martínez fue el pichichi con 22 dianas, es decir, fue el 25% de los goles del equipo ese año. A día de hoy, el balance en 20 encuentros disputados se mueve en 7 victorias, 7 empates y 6 derrotas, con 24 goles a favor. El gol no es el único problema: el rendimiento colectivo sigue oscilando y la defensa, en momentos, se ve expuesta. El propio entrenador habló de una “falta de actitud” que había que revertir, y la gente empezó a exigir que ese revés se convirtiera en una reacción.
El quiebre real llegó cuando un penal polémico y otros errores defensivos —como el fallo de Marcos Rojo en un primer tanto rival y la expulsión de Toto Fernández a los pocos minutos— encendieron el debate: el plantel, por momentos, parecía desconectado de la afición.
En ese contexto, el vestuario se convirtió en un territorio de tensiones internas: cada cual dio su versión en redes y se confirmó que existen roces por contratos y por minutos de juego.
La situación no fue ajena a las conversaciones que rodean la planificación del equipo para este tramo decisivo. Se habló de que el capitán Santiago Sosa no estaba conforme con ciertos movimientos contractuales, pese a la actualización acordada a finales de 2025.
También emergieron episodios mediáticos de otros jugadores, como el caso de Matko Miljevic y su caída de un monopatín que lo dejó fuera de una cita por la Copa Argentina.
Todo ello desembocó en una mezcla de disculpas públicas y mensajes en clave de “todos vamos a la par”.
Con todo, Racing está a cuatro partidos de levantar el trofeo que lo sacaría de esa aura de altibajos que le ha marcado las últimas temporadas. Costas, en la conferencia de prensa, dejó claro que este semestre puede ser un punto de inflexión y que él, por lo menos, va a intentar que el equipo ayude a que el sueño del título nazca de nuevo.
“Este semestre fue un desastre, pero a partir de hoy voy a soñar con ganar el campeonato”, dijo el técnico, alguien que parece creer en la capacidad de la plantilla para recuperar la mística que debe tener un club con la historia de Racing.
En la agenda quedan dos frentes difíciles: Botafogo en Brasil y Estudiantes en La Plata. ¿Podrá la Academia volver a ser ese equipo que inspira a sus seguidores o la marea de la crisis se quedará con la última palabra? El tiempo, y los resultados, dirán si la hinchada puede volver a creer que el club está en el camino correcto, o si habrá que esperar a la próxima temporada para volver a soñar con grandes noches en el Cilindro.
