Relato cercano desde Córdoba sobre la familia de Cuti Romero y la expectación por la final de Belgrano contra River, con contexto histórico y detalles del fútbol cordobés.
En la zona sur de Córdoba, en Valparaíso, hay una casa pintada de celeste que no es solo pintura: es un símbolo visible de la pasión que late en esa familia.
Allí viven los Romero: Víctor, Rosa y sus hijos, y, por supuesto, Cuti Romero, el defensor que formó en #Belgrano y que hoy está en la órbita de lo que será una definición histórica del #Torneo Apertura cuando Belgrano se mida frente a River.
En las paredes hay una camiseta de papá Víctor, fotos de la infancia que Rosa luce con orgullo y un niño Cuti, todavía muy joven, vestido de Pirata junto a un banderín con el escudo del club.
Todo parece indicar que la final contra River ya no es solo un partido: es una historia que se escribe en casa y en la ciudad.
Rosa González, madre de Cuti y de otros dos hermanos, describe a su hijo como un jugador de alma Belgrano, un joven que vive la emoción del club con intensidad, aunque lo haga de forma contenida.
Dice que comparten la misma energía: el Cuti es fanático, lo siente por dentro, pero sabe gestionar la presión con la calma de quien ha aprendido a convivir con el alto voltaje de estas semanas.
En la casa familiar se respira #Córdoba a cada conversación: Belgrano es la seña de identidad y el hilo conductor de cada anécdota. Rosa recuerda que Cuti se formó en Belgrano y que, pese a lo que pase en la cancha, su mirada sigue puesta en el Mundial 2026, mientras continúa recuperándose de un esguince en el ligamento colateral de la rodilla derecha sufrido hace más de un mes.
En La Docta, la ciudad todo lo vive con nerviosismo. Muchos vecinos aseguran que las noches previas a la final no se duermen; se da por hecho que el domingo habrá celeste por todas partes y en el ánimo colectivo se respira la idea de ver a Belgrano levantar una copa que, para Córdoba, tendría un significado especial.
El más fanático de la casa es Víctor, al que todos llaman Kito. Su historia con Belgrano es muy clara: desde la barriga de su madre ya sabía que su hijo nacería hincha Pirata, y de hecho él mismo señala que llevó al Cuti a la cancha cuando era pequeño, fortaleciendo esa conexión que se ha mantenido a lo largo de los años.
Esa relación entre la familia y Belgrano es la esencia de lo que viven cada día
Para Rosa, esa relación entre la familia y Belgrano es la esencia de lo que viven cada día, especialmente ahora, cuando el partido se acerca y el ambiente se siente distinto.
El viaje del Cuti a la Argentina para la definición llegó a convertirse en un tema de conversación fuera de Córdoba. En su club, el Tottenham, se intentó coordinar la agenda para que el defensor pudiera estar cerca de su gente. Aunque hubo momentos de tensión por la logística, desde la entidad se afirmó que todo estaba previamente acordado y que no había drama con la planificación.
Aun así, el regreso a Londres para retomar la rutina y, a la vez, mantener la posibilidad de regresar a Argentina para la final, se convirtió en un juego de equilibrios entre lo personal y lo profesional.
El día de la cita, el propio Cuti atravesó el Atlántico para estar en Córdoba y participar, aunque fuera brevemente, de la atmósfera previa a la definición.
En la ciudad, también hay un mural que acompaña la historia de la familia Romero: junto al retrato de Cuti, aparece una imagen de Diego Armando Maradona, como si fueran dos símbolos que se cruzan entre la grandeza y la humildad.
Rosa recuerda que Belgrano representa mucho más que un club; es la cultura y la identidad de Córdoba. Aunque no sea de ir a la cancha todos los días, para la familia el escudo Pirata está presente en cada momento importante, y el domingo, dicen, será un día para recordar.
Para cerrar, Rosa lanza su pronóstico con la voz de quien lleva años esperando este momento: Belgrano va a ganar. Afirma que la ciudad entenderá la victoria como un hecho colectivo y que la gente saldrá a las calles para celebrar como una gran banda celeste. Asegura que, sea cual sea el desenlace, este conflicto deportivo quedará grabado en la memoria del barrio y de la provincia: la casa celeste seguirá siendo el corazón que late junto a su equipo, y Córdoba entrará en una especie de sueño compartido que invita a creer que, a veces, el fútbol es más que un juego: es una forma de vivir.
