Crónica en clave cercana sobre la visita de Franco Colapinto a Buenos Aires, su Road Show y la multitud que convirtió Palermo en una fiesta de Fórmula 1.
Vico, un chiquillo de cinco años, mira el mundo con esos ojos grandes que a veces parecen preguntarle a la vida qué vendrá. Su madre, Gabriela, sabe que ese día se quedará grabado para siempre gracias a las fotos que tomó. El motivo: un Fórmula 1 que recorrió las calles de #Buenos Aires y un piloto argentino, Franco Colapinto, al volante de un coche que parecía salido de una historia de velocidad y adrenalina.
Entre la gente, apenas cuatro de cada seiscientas mil personas que invadieron los parques y avenidas de Palermo, Colapinto se convirtió en el centro de una demostración de que la Fórmula 1 puede vivir muy cerca de la gente.
Fue un show en el que el coche Lotus E20, con el número 43 y los colores de Alpine, recorrió la avenida y dejó huellas: aceleraciones cortas, giros nítidos y varias donas hechas a lo largo del asfalto para que nadie se perdiera un segundo de la acción.
Colapinto no solo demostró destreza al volante, también mostró una cara muy humana. No escondió a la persona que más deseaba que lo viera: su abuela Rosa. La mujer, que dejó su vida en Argentina para mudarse a Europa a los 14 años, había estado a kilómetros de ver a su nieto competir; ese día, desde un box improvisado detrás de la valla, recibió un abrazo que pareció durar toda una historia.
Esa cercanía, esa mezcla de orgullo y emoción, fue la señal más clara de que el acontecimiento tenía sabor de memoria familiar y de orgullo nacional.
El evento, acompañado por las actuaciones de otros artistas, incluido Soledad y Luck Ra, no empezó exactamente a la hora, pero nadie salió decepcionado.
Las puertas se abrieron con algo de retraso y las filas, lejos de enfriarse, iban ganando más calor humano. A las 12.52, Colapinto se calzó el casco y salió a la pista por primera vez, para quedarse en ella apenas catorce minutos, el tiempo suficiente para que el público vibrara a cada pasada.
Donas de goma y el rugido del V8 marcaron el pulso de la jornada.
La segunda etapa del #Road Show subió el tono con un homenaje a la historia: el piloto tomó el Mercedes-Benz W196
La segunda etapa del Road Show subió el tono con un homenaje a la historia: el piloto tomó el Mercedes-Benz W196, la Flecha de Plata de Juan Manuel Fangio, y dejó claro que aquello no era un simple recital de velocidad.
Al terminar la sesión, bajó del coche y se acercó a los asistentes duramente sorprendidos por la reacción: selfies, autógrafos y una presencia que parecía querer quedarse.
En cada instante, la gente buscaba acercarse, desde las camisetas de Boca hasta las banderas tricolores que adornaban las plazas y parques.
El cierre llegó con un mensaje claro para los aficionados: el deseo de que la Fórmula 1 vuelva a pisar suelo argentino. Colapinto, ya fuera de la pista, dejó escuchar su abrazo a la gente: dice que ama a los argentinos y que quiere demostrar, con hechos, que este país merece una fecha en el calendario.
Con más de 600.000 personas confirmadas por las autoridades como asistentes, el Road Show dejó una sensación arraigada en el aire: la #F1 volvió a sentirse en casa.
Y aunque el próximo destino sea Miami, donde la Fórmula 1 retomará su camino, este día quedó grabado como una muestra de que la historia de Colapinto ya forma parte de la memoria deportiva de la ciudad.
En el horizonte cercano están la remodelación del Autódromo Oscar y Juan Gálvez y la esperanza de ver a la categoría reina disputando una carrera en Argentina de nuevo.
Para los que estuvieron allí, fue una experiencia histórica que se quedó para siempre en las fotos y en la memoria colectiva de los aficionados.
