Boca Juniors, sin título desde la Supercopa 2023, enfrenta un periodo de cambios y dudas tras la gestión de Riquelme

Análisis sobre la prolongada sequía de Boca Juniors, la inestabilidad en el área futbolística y el impacto económico de la gestión de Román Riquelme, con mirada hacia el futuro cercano.

Imagen relacionada de boca sin titulo 1096 dias gestion riquelme

El domingo se cumplieron 1096 días desde la última consagración en un título oficial, fecha que contrasta con el crecimiento de un escudo que ostenta 74 estrellas como reflejo de un siglo de historia.

En medio de esa espera, el club atraviesa una etapa de turbulencia institucional y deportiva que se extiende desde la asunción de Román #Riquelme como máximo responsable del fútbol azul y oro, en 2019, tras las elecciones ganadas un mes después de aquella final de la Libertadores que el equipo perdió ante Fluminense.

La escena ha sido, desde entonces, de cambios constantes en el banco técnico. En este periodo, la salida de técnicos se convirtió en una constante: Russo (dos veces), Sebastián Battaglia, Hugo Ibarra, Jorge Almirón, Diego Martínez, Fernando Gago y el propio Úbeda.

A ello se suman pasos intermitentes de Mariano Herrón en etapas de transición y Leandro Somoza, único en permanecer un tiempo con continuidad. En total, desde que Riquelme tomó el liderazgo del Consejo de Fútbol, el club experimentó una rotación que, en palabras de varios observadores, evidenció una gestión técnica inestable.

Mientras tanto, el tiempo corre y la organización deportiva, a ojos de la afición, no consigue construir un proyecto sólido que derive en trofeos.

En el plano económico, la novela también ha sido doble leído. Boca recaudó, mediante ventas y préstamos de jugadores, aproximadamente €120,98 millones, y destinó alrededor de €82,8 millones en incorporaciones.

Es un saldo que, a la postre, no se tradujo en títulos de primer nivel durante el periodo de mayor protagonismo del presidente. De hecho, cuando se logró la Superliga 2019/2020, gran parte del plantel había sido armado por la administración anterior; desde entonces, pocos de aquellos jugadores quedan en la institución.

Este desequilibrio entre el gasto y la obtención de resultados ha alimentado críticas y dudas en la gente que sigue atentamente cada movimiento de la gestión xeneize.

En el aspecto deportivo, el rendimiento en casa ha sido irregular. De los últimos 15 partidos disputados en figuras de local, la mitad se resolvieron en empates o derrotas bajo el formato de playoffs, con resultados que no lograron sostener una racha favorable.

La Bombonera dejó de ser un fortín para transformarse en un escenario de presión constante, donde la hinchada y las voces críticas se entrecruzan. A la par, las actuaciones fuera de casa no han acompañado: Boca ha ganado poco más de una cuarta parte de sus encuentros como visitante en los últimos tiempos, lo que agranda las dudas sobre la consistencia del equipo a lo largo de toda la campaña.

En el plano de los jugadores, una de las salidas más resonantes fue la de Frank Fabra, quien partió rumbo a Deportivo Independiente Medellín, marcando el final de una era de un último campeón que dejó un vacío difícil de llenar.

En lo que respecta a la plantilla, el técnico evalúa variantes para equilibrar el mediocampo y el ataque: se barajan nombres como Williams Alarcón o Tomás Belmonte para el medio, y opciones como Tomás Aranda o Lucas Janson para adelante.

Edinson Cavani, por su parte, continúa siendo un tema delicado: tras renovar su vínculo a finales de 2024 hasta diciembre del año en curso, sus problemas lumbares y un reciente episodio doloroso volvieron a marginarlo, con un bloqueo que lo dejaría fuera de las canchas durante un mes.

Riquelme permanece observando los movimientos

En el palco, Riquelme permanece observando los movimientos, mientras la afición y las redes sociales siguen expresando su postura, desde el apoyo a la institución hasta la exigencia de cambios profundos en la conducción.

Con Lanús en el horizonte y un choque que podría marcar un antes y un después, pensar en una solución duradera se vuelve una necesidad para la dirigencia.

Aunque el contrato de Úbeda podría extenderse en el corto plazo, la realidad exige decisiones claras y una planificación que vaya más allá de las crisis coyunturales.

En ese sentido, la próxima convocatoria de encuentros y las posibles incorporaciones serán determinantes para saber si Boca puede volver a disputar la gloria con regularidad o si continuará navegando entre altibajos que afectan la confianza de la afición y la credibilidad del proyecto deportivo.