Boca Juniors no logrará participar en competiciones internacionales este año tras su derrota en el último partido. La hinchada muestra su descontento y reclama cambios en la dirección del club.

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La situación es irreversible para Boca Juniors en este 2025: el club se despide sin títulos, ni participación en la Copa Libertadores, ni en la Sudamericana.

Aunque el Mundial de Clubes está en el horizonte, no era la meta principal de los xeneizes, quienes se vieron abrumados por la presión y las expectativas en un año que se perfilaba como uno de los más críticos.

En la Bombonera, el grito ensordecedor de los hinchas resonaba: "Que se vayan todos/que no quede ni uno solo". El desvío del penal que Alan Velasco ejecutó y que fue atajado por Guillermo Viscarra fue el último golpe que dejó a Boca sin nada. La euforia del triunfo por 2-1 que obligó a una definición por penales se evaporó rápidamente.

El equipo, dirigido por Fernando Gago, se mostró ineficaz ante la presión del momento. A pesar de contar con un plantel reconocido y apoyado por 60.000 voces que clamaban por la victoria, Boca no pudo superar a su rival. El ambiente en la cancha se convirtió en una olla a presión, donde cada error del equipo se traducía en murmullos de descontento. El apoyo de la hinchada pronto se tornó en ansiedad y desesperación, llevándolos a gritar "movete Boca, movete" en un intento de revitalizar a sus jugadores.

Sin embargo, la presión fue excesiva y los errores comenzaron a acumularse sobre el campo de juego.

A los seis minutos de juego, Boca logró abrir el marcador con un autogol de Trauco, un momento de luz que se extinguió rápidamente cuando Hernán Barcos igualó la serie con un cabezazo.

El primer tiempo se cerró con Boca silencioso, sin poder disparar una sola vez a puerta. La sensación de estar a la espera de un milagro fue palpable en la grada, que vibraba con esperanza aunque la realidad del juego parecía oscura.

El segundo tiempo comenzó con un leve resurgimiento; el equipo se colocó 2-1. Sin embargo, el entusiasmo fue efímero. La estrategia de ensuciar el partido, insinuada por Gorosito, resultó demasiado arriesgada y el equipo cayó en un juego áspero que solo resultó en una pérdida de control.

Boca, en vez de mantener el ritmo y la actitud, se concentró en combatir en lugar de jugar, y así se extinguió la esperanza.

A medida que avanzaban los minutos, la ineficacia se volvió palpable. Los cambios realizados por Gago no lograron dar un nuevo aire al equipo y la frustración se apoderó de la hinchada. La decisión de cambiar al portero Marchesín por Brey para la tanda de penales fue vista como una señal de desesperación. En la serie de penales, Boca encontró una vez más la amarga derrota. Esta vez, Alan Velasco, quien había sido uno de los jugadores más esperanzadores, falló su oportunidad, sellando así el destino del equipo.

La travesía de Boca en el continente terminó sin gloria, dejando a su afición, y a su presidente Juan Román Riquelme en un mar de incertidumbre. La falta de títulos internacionales trae un aire de nostalgia ante un pasado donde el club brillaba en competencias sudamericanas. En este contexto, los murmullos sobre un cambio de director técnico se intensifican y el futuro del club se torna incierto.