El 1-1 entre Boca y Cruzeiro desató la ira del vestuario por un arbitraje percibido como determinante. Con la clasificación en juego, el equipo xeneize encara la última jornada ante la Universidad Católica con la necesidad de ganar para asegurar los octavos de final.
El 1-1 entre #Boca Juniors y #Cruzeiro en la #Copa Libertadores dejó un regusto amargo en el vestuario que dirige Claudio Úbeda. Un gol de Merentiel en los minutos finales y la posible mano de Lucas Romero que el árbitro Jesús #Valenzuela no revisó dentro de campo encendieron la polémica y complicaron la clasificación del equipo argentino.
El tramo final fue caliente, con el juego detenido y el público expectante ante cada balón disputado.
Tras el pitido final, los jugadores se acercaron al colegiado para reclamar; algunos de ellos, entre ellos el capitán Leandro Paredes, se mostraron visiblemente irritados y llegaron a exigir explicaciones con un tono contundente.
Paredes, que apareció en primer plano discutiendo ante Valenzuela, dejó claro que no veía justo que se dejara sin revisar una acción que podría haber cambiado el rumbo del partido.
Su intervención reflejó la frustración acumulada en un Boca que venía ya de varios encuentros en los que la decisión arbitral parecía jugar un papel decisivo.
En Boca Predio, el centro de entrenamientos, aparecieron pancartas que reflejaban la sensación de que el equipo estaba siendo objeto de un trato adverso.
Bajo la consigna Boca contra todos, los hinchas y parte del cuerpo técnico insistían en la idea de que el escudo merece respaldo completo en una fase de grupos tan ajustada.
La imagen de la semana no fue solo lo que pasó en el campo sino también el clima que rodea a un club con una historia copera de primera.
Con la vista puesta en la última jornada, Boca tiene ante sí un duelo clave frente a Universidad Católica en la Bombonera, programado para el jueves 28.
Siempre y cuando Cruzeiro no gane en su visita a Barcelona de Guayaquil
Un triunfo les colocaría en una posición prácticamente asegurada para avanzar a octavos de final, siempre y cuando Cruzeiro no gane en su visita a Barcelona de Guayaquil.
Boca Juniors empata contra Nacional de Potosí en la Copa Sudamericana
Boca Juniors y Nacional de Potosí empataron sin goles en un partido en el que el equipo argentino no logró aprovechar un penal. A pesar del dominio de Boca, la falta de contundencia dejó escapar la oportunidad de comenzar la Copa Sudamericana con una victoria.Si además se cumplen esas condiciones, podría incluso terminar líder del grupo. Por el contrario, un empate o una derrota podría dejarlo en una situación delicada: la combinatoria de resultados y los criterios de desempate pueden hacer que el sueño de la fase de eliminación directa se desmantele en cuestión de horas, con la posibilidad de depender de un camino alternativo como una repesca o incluso una caída a la Copa Sudamericana si Cruzeiro remata la clasificación.
Para entender lo que está en juego conviene mirar la historia. Boca Juniors es uno de los clubes más laureados de la Libertadores, con varios títulos que sustentan esa exigencia de ganar en casa y fuera, y la Bombonera suele convertirse en un estadio que multiplica el rendimiento de su equipo.
Cruzeiro, por su parte, es un rival con experiencia continental y con dos Libertadores en su palmarés; ha aprendido a competir en este torneo al más alto nivel.
Este cruce no es solo de puntos: es un choque de identidad, de historia reciente y de presión mediática que puede marcar un ciclo para ambos clubes en una temporada que se presume exigente.
En definitiva, el partido del jueves no solo debe dar tres puntos, también debe sostener la confianza de un Boca que quiere seguir soñando con los octavos sin mirar hacia atrás.
La afición espera una respuesta clara: juego colectivo, disciplina táctica y, sobre todo, una versión que demuestre que el escudo tiene la fuerza para superar la adversidad y convertir una noche polémica en un salto definitivo hacia la siguiente fase del torneo.
