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Trump reduce dos monumentos nacionales en Utah para devolver el sentido común a la gestión de tierras públicas

El presidente Trump firma proclamaciones para reducir los monumentos nacionales Bears Ears y Grand Staircase-Escalante, liberando tierras para usos múltiples y combatiendo el abuso de la Ley de Antigüedades.

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El presidente Donald #Trump ha vuelto a hacer lo que prometió: devolver el sentido común a la gestión de las tierras públicas. Este 13 de julio de 2026 firmó dos proclamaciones que reducen el tamaño de los #monumentos nacionales Bears Ears y Grand Staircase-Escalante, ambos en Utah.

¿Qué significa esto? Pues que se acaba el abuso de poder de gobiernos anteriores que, bajo la excusa de proteger el patrimonio, cerraron millones de hectáreas a la actividad de los ciudadanos.

Para que lo entienda, estos monumentos fueron creados por presidentes demócratas: Grand Staircase-Escalante lo estableció Bill Clinton en 1996, y Bears Ears, Barack Obama en 2016.

En total, sumaban casi 3,2 millones de hectáreas (más de 8 millones de acres) de terreno público que quedaron fuera del alcance de ganaderos, mineros, madereros y hasta de los aficionados al todoterreno.

Ahora, Trump los reduce a un tamaño razonable: Grand Staircase pasa de 1,87 millones de acres a unas 181.500, y Bears Ears de 1,36 millones a 121.100. Es decir, se queda solo con lo que realmente tiene valor histórico o científico, como ruinas arqueológicas o formaciones rocosas únicas. El resto vuelve a ser tierra de uso múltiple, como debe ser.

La clave está en la #Ley de Antigüedades (Antiquities Act), una ley de 1906 que permite al presidente declarar monumentos nacionales para proteger objetos de interés histórico o científico.

El problema es que gobiernos anteriores, sobre todo los demócratas, estiraron tanto la definición que acabaron protegiendo paisajes enteros, vistas panorámicas y hasta la sensación de “lejanía”.

Trump corrige ese abuso

Eso no es lo que dice la ley, que exige que el área protegida sea la más pequeña compatible con el cuidado de esos objetos. Trump corrige ese abuso.

¿Y qué pasa con la protección? Sigue intacta para los verdaderos tesoros históricos y científicos. Lo que cambia es que las tierras de alrededor ya no estarán secuestradas. Se podrá volver a pastorear, talar madera, pescar, cazar, desarrollar recursos energéticos e incluso hacer rutas en todoterreno. Todo con una gestión sostenible, claro. No es un “todo vale”, sino un equilibrio entre conservación y actividad económica.

Además, Trump no es nuevo en esto. En su primer mandato ya firmó la Great American Outdoors Act, la mayor inversión en parques nacionales de la historia. También creó 1,3 millones de acres de nuevas áreas silvestres y amplió la caza y pesca en más de 2,3 millones de acres. Y en este segundo mandato ha ido aún más lejos: nada más volver a la Casa Blanca, firmó una orden para abrir cientos de millones de acres a la producción energética, simplificando los permisos.

También creó la comisión Make America Beautiful Again para conservar tierras sin trabas burocráticas. Y ha eliminado normas absurdas, como la que regulaba los vehículos todoterreno según criterios anticuados.

En resumen, el presidente Trump está poniendo orden en la gestión de las tierras públicas, devolviéndolas a los estadounidenses de a pie. Ya era hora de que se acabe el abuso de la Ley de Antigüedades y se vuelva al sentido común. Porque proteger el patrimonio está bien, pero no a costa de paralizar la economía y cerrar el campo a quienes viven de él.