La provincia celebra una gala en el Teatro Zorrilla para otorgar los II Premios de Viticultura ‘El alma del vino’, reconociendo la dedicación de profesionales, bodegas y proyectos que mantienen viva la tradición mientras avanzan hacia el futuro.

Valladolid volverá a poner la viticultura en el centro de la escena con la celebración de los II Premios de Viticultura “El alma del vino”. La gala, que se celebrará en el Teatro Zorrilla de Valladolid el próximo martes 26 de mayo, reunirá a los principales actores del mundo del vino en la provincia: bodegas, viticultores, técnicos y representantes de las cinco Denominaciones de Origen de la región.

Este reconocimiento no es solo una entrega de premios: es una pequeña radiografía de un sector que mueve economía, cultura y empleo en un territorio que tiñe de viñedo su paisaje.

La idea detrás de estos galardones es doble. Por un lado, agradecer la dedicación diaria de quienes cultivan la vid, elaboran el vino y lo sitúan en los mercados nacionales e internacionales. Por otro, impulsar la modernización y la sostenibilidad sin perder de vista la identidad y la historia que hacen único al viñedo vallisoletano. En este sentido, la provincia insiste en que la viticultura es un pilar económico y una seña de identidad cultural que va mucho más allá de la simple producción de bebida: es una forma de vida para miles de familias y un motor turístico gracias a rutas del vino y a la riqueza de su paisaje.

Entre los premiados en esta edición destaca el Premio a la Trayectoria Profesional, que reconoce toda una vida dedicada a la viticultura y a la construcción de marcas de prestigio.

En esta ocasión, el galardón ha recaído en Jesús Yllera, una figura clave en la modernización del sector en Castilla y León al frente de un grupo empresarial familiar con presencia internacional.

Su trayectoria es, en palabras del jurado, un ejemplo de cómo combinar tradición, innovación y una clara vocación de arraigo al territorio.

El Premio Viticultor Joven ha ido a parar a Juan Príncipe, tercera generación de la Bodega César Príncipe. Este reconocimiento apunta a ese relevo generacional que permite que las bodegas no solo mantengan su identidad, sino que incorporen nuevas formas de comunicar la cultura del vino y de conectar con los consumidores en un mundo cada vez más digital.

La Viticultora del Año es para Sagrario Ramírez, un nombre que simboliza constancia y la apuesta por una viticultura basada en el trabajo manual y el saber hacer heredado de las viñas familiares.

Ramírez representa, además, el papel creciente de la mujer en el ámbito rural y en el tejido productivo de la provincia, con una trayectoria que ha logrado visibilizar y sostener explotaciones familiares en un entorno competitivo.

En el terreno técnico, el Premio Profesional Técnico se concede a Santiago Rivera, enólogo y responsable de un proyecto familiar en Pesquera de Duero.

Rivera encarna la figura del científico que entiende la viña desde la ciencia, pero siempre con un enfoque práctico y orientado a resultados que se traducen en vinos de alta precisión y expresión de terreno.

El Premio Proyecto Sostenible recae en Bodegas José Pariente. Su modelo de gestión integral y su liderazgo en prácticas de agricultura regenerativa son un ejemplo de cómo se puede combinar rendimiento con cuidado del entorno, certificaciones y un enfoque a largo plazo para la salud del suelo y la biodiversidad.

Por su parte, Bodegas Protos recibe el Premio Proyecto de Innovación, un reconocimiento a la modernización constante de la viticultura en Valladolid.

El jurado valora especialmente los esfuerzos en teledetección, digitalización y preservación del patrimonio genético, que sitúan a la bodega a la vanguardia de la industria.

Además, el jurado hace una mención especial a Bodegas y Viñedos Meóriga, destacada por su labor en una zona norte de Valladolid y por servir de ejemplo de cómo una explotación relativamente pequeña puede convertirse en baluarte de identidad y calidad en un territorio históricamente marcado por la agricultura cerealista.

La lectura de estos galardones subraya un rasgo claro del panorama vitivinícola de Valladolid: cinco Denominaciones de Origen (Rueda, Ribera del Duero, Cigales, Toro y Tierra de León) y diversas figuras que consolidan un ecosistema en el que la tradición convive con la innovación.

El sector no solo produce vino; negocia, genera empleo y se convierte en un atractivo turístico gracias a rutas del vino certificadas y a un paisaje que habla de siglos de historia.

Para la Diputación de Valladolid, estos premios son una muestra de la capacidad de la región para mirar al futuro sin perder las raíces. La gala, la llegada de nuevas generaciones y la adopción de tecnología avanzada, como la monitorización en tiempo real de suelos y biodiversidad, confirman que el viñedo vallisoletano quiere seguir siendo referente en España y en el mundo.

En definitiva, el alma del vino de Valladolid late con fuerza, y estos premios son su mejor escaparate para contarlo.