El PAI del Grao propone crear una nueva centralidad económica junto a La Marina, con 94.000 m² de uso terciario, más vivienda, zonas verdes y un plan de movilidad que integrará a la ciudad con la costa y facilitará inversiones y puestos de trabajo de calidad.

El PAI del Grao, el plan de actuación integrada que rodea la fachada litoral de Valencia, acaba de abrirse a la exposición pública. El concejal de Urbanismo, Juan Giner, subrayó que este nuevo sector “resolverá la desconexión histórica” entre Moreras y Nazaret y que permitirá prolongar la avenida de Francia hasta el mar, dejando atrás años de separación entre barrios y el frente costero.

En la práctica, se trata de convertir la zona en una nueva centralidad económica junto a La Marina, capaz de atraer inversión y generar empleo de calidad en una ciudad que busca modernidad sin perder su esencia.

A golpe de visión, el proyecto plantea una transformación que va más allá de las fachadas: una mezcla de usos que combina actividad económica, servicios, vivienda y ocio, todo en un mismo frente urbano conectado con el mar.

El objetivo, según el propio edil, es convertir el Grau en un barrio bien comunicado y con vida propia, en el marco del modelo de Ciudad de 15 minutos, donde cada cosa está a un paseo corto o a un viaje corto en bici o transporte público.

La planificación ya detalla números y superficies para que se entienda la magnitud de la iniciativa. En total, el PAI del Grao ocupa 380.000 m² de superficie, y prevé 3.204 viviendas, de las cuales 534 serán VPP y 250 VPP adicionales en suelos dotacionales. El suelo público representará el 85% del ámbito, lo que destaca la intención de ampliar el espacio para uso público y servicios de proximidad. En cuanto a zonas verdes, se prevén 160.000 m²: 105.000 m² en el tramo Delta Verde y 55.000 m² en el Jardín del Turia, lo que refuerza la idea de un entorno más amable y sostenible para residentes y visitantes.

El equipamiento previsto suma 36.000 m², dando cabida a servicios y instalaciones que dotarán al barrio de infraestructuras necesarias para la vida diaria. Y todo ello se apoya en una inversión urbanística de 150,4 millones de euros a cargo de los promotores, una cifra que refleja la apuesta privada para acompañar a una intervención de gran alcance.

Además, se contemplan aportaciones específicas para mejoras de infraestructuras: 5,9 millones de euros para el soterramiento de Serrería y 4,5 millones para el depósito de tormentas.

En movilidad, la propuesta no deja de mirar al futuro. Se reducirá el número de carriles de las avenidas Francia y la Alameda para ganar espacio peatonal y arbolado, con 430 nuevos alcorques en todo el sector.

Se prevén 6,1 kilómetros de nuevos carriles bici que conectarán con la red existente, especialmente con el Jardín del Turia y la Vía Verde del Cabanyal.

Además, gran parte de la infraestructura del antiguo circuito de Fórmula 1, inaugurado en 2008, se reciclará: los tramos que se ajusten a la nueva red viaria se convertirán en viales y los tramos que discurran por zonas verdes se integrarán en la red ciclista.

La propuesta también da respuesta a la demanda de aparcamiento, con 1.800 plazas públicas distribuidas de forma homogénea a lo largo de la red viaria. Y, por si fuera poco, la reserva de 94.000 m² de edificabilidad para usos terciarios —oficinas, hoteles y locales comerciales— junto a La Marina sitúa al Grao como una de las grandes oportunidades para implantación empresarial en la ciudad: es un entorno de calidad, bien comunicado y capaz de acoger proyectos de envergadura que hoy no tenían ubicación adecuada en otras zonas.

La mezcla de usos no está pensada solo como un motor de negocio. El comercio en planta baja de edificios residenciales y terciarios permitirá servicios de proximidad necesarios para materializar la idea de una Ciudad de 15 minutos, de modo que vida laboral, ocio y servicios cotidianos puedan estar al alcance de la mano sin necesidad de desplazamientos largos.

En el fondo, se trata de repensar cómo se vive y se mueve junto al mar: un barrio con vida propia, conectado con la historia de la ciudad y preparado para el siglo XXI, sin perder de vista la sostenibilidad y la calidad de vida.

Cabe recordar que el periodo de exposición pública marca la fase previa a la aprobación definitiva, un paso clave para pasar de la teoría a la realidad.

En València, proyectos como este buscan combinar la dinamización económica con la mejora de la movilidad y el verde urbano, apostando por una ciudad más integrada y competitiva.

Y si la ciudad quiere mirar al futuro con oportunidades de empleo y servicios, este tipo de PAIs en la franja litoral puede ser una guía de cómo urbanismo y economía pueden avanzar de la mano, creando un entorno que combine negocio y calidad de vida para residentes y trabajadores.