Los trabajadores de TikTok en Dublín están en jaque por los despidos masivos en tecnología. Te contamos cómo la crisis laboral en el gigante chino podría afectar a España y qué podemos aprender de esta situación.

La cosa está que arde en Dublín. Los empleados de TikTok, la popular red social de los bailes y los vídeos virales, están viviendo un auténtico infierno por la incertidumbre laboral.

Y no es para menos: los despidos masivos en el sector tecnológico están cayendo como una losa sobre miles de trabajadores. En la sede europea de TikTok, situada en la capital irlandesa, el ambiente es de auténtico pánico. Según encuestas internas, muchos de los empleados que están en la cuerda floja tienen serias dificultades para encontrar trabajo en otras empresas. Y lo que es peor: si pierden su empleo actual, apenas podrían aguantar tres meses con sus ahorros. Vamos, que están al límite.

¿Y qué tiene que ver esto con España? Pues más de lo que crees. Irlanda se ha convertido en el centro tecnológico de Europa gracias a los bajos impuestos y a la mano de obra cualificada. Allí tienen sede gigantes como Google, Meta, Apple y, por supuesto, TikTok. Pero cuando a estos gigantes les da por recortar plantilla, el terremoto se siente en todo el continente. En los últimos años, hemos visto despidos masivos en Google (12.000 empleados en 2023), Meta (21.000), Amazon (27.000) y hasta Intel (15.000). Y ahora le toca a TikTok. La pregunta es: ¿estamos ante una burbuja que está a punto de explotar?

El problema de fondo es que las empresas tecnológicas están sustituyendo a personas por máquinas.

La inteligencia artificial y la automatización están dejando sin trabajo a muchos empleados que antes se dedicaban a tareas como la moderación de contenido o la atención al cliente.

En TikTok, por ejemplo, miles de trabajadores en Dublín se encargaban de revisar vídeos y garantizar la seguridad de la plataforma. Pero con los nuevos algoritmos, muchas de esas tareas ya las hacen los ordenadores. Y claro, la empresa se ahorra un pastón en sueldos, pero los trabajadores se quedan en la calle.

Esto no es nuevo. Ya en los años 80, la automatización acabó con millones de empleos en la industria manufacturera. En España, la reconversión industrial de los 90 dejó a regiones enteras (como el País Vasco o Asturias) sin su principal fuente de trabajo. La diferencia es que entonces la tecnología destruía empleos en fábricas, y ahora lo hace en oficinas. Y el ritmo es mucho más veloz.

Para un español de derechas, esta situación debería sonar a alerta. Por un lado, está la defensa del empleo nacional: si las grandes tecnológicas extranjeras pueden despedir a sus trabajadores de un día para otro, ¿qué seguridad tenemos nosotros? Además, muchos jóvenes españoles se han ido a Dublín o a otros hubs tecnológicos buscando un futuro mejor.

Ahora se enfrentan a la realidad de que esos trabajos no son para siempre.

Por otro lado, está la crítica a la dependencia de empresas extranjeras. En España, tenemos un tejido empresarial formado mayoritariamente por pymes, que son las que realmente sostienen la economía. Las grandes tecnológicas, con sus sueldos altos y sus condiciones, crean una burbuja que cuando explota, deja a muchos en la estacada. Y encima, los gobiernos de turno (tanto en España como en Irlanda) les dan subvenciones y ventajas fiscales para que se instalen, pero luego no hay protección para los trabajadores cuando llegan los recortes.

Los propios empleados de TikTok en Dublín denuncian que la empresa no les da ninguna garantía. Las encuestas internas revelan que más de la mitad de los trabajadores en riesgo tienen menos de tres meses de ahorros. Y eso que muchos llevan años en la empresa. La situación es tan crítica que algunos están buscando alternativas en otros sectores, como la hostelería o la logística, pero con la inflación disparada, no es fácil.

En resumen, lo que está pasando en TikTok es un síntoma de algo más grande. La tecnología avanza a pasos agigantados, pero deja por el camino a miles de personas. Desde España, deberíamos mirar con atención lo que ocurre en Dublín, porque más pronto que tarde, nos puede tocar a nosotros. La pregunta es: ¿estamos preparados para afrontar un futuro donde los empleos tecnológicos no son eternos? Porque, como se dice en el mundo taurino, no hay quinto malo.

O aprendemos de los errores ajenos, o los repetiremos en casa.