Expertos y defensores exigen a Canadá y a los fabricantes revisar normas de faros para equilibrar visibilidad y seguridad ante el aumento de LED brillantes. El tema se ve potenciado por iniciativas municipales y un marco regulatorio en evolución.
La conducción nocturna está cobrando protagonismo en un debate que va más allá de la comodidad visual. Investigadores, optometristas y defensores de la seguridad piden a las autoridades federales y a la industria automotriz que ajusten las políticas sobre faros para lograr un equilibrio entre la visibilidad que facilitan y la seguridad de otros usuarios de la vía.
El foco está puesto en los faros LED, que se han convertido en el estándar de iluminación de muchas motocicletas, automóviles y furgonetas, y que pueden generar deslumbramiento por incomodidad cuando la iluminación es excesiva o mal alineada.
La exposición a luces brillantes y concentradas puede desencadenar un fenómeno conocido como deslumbramiento por incomodidad, una molestia o fatiga visual que surge ante luces intensas.
En la práctica, eso se traduce en una experiencia de conducción más cansada y, a veces, más insegura, especialmente en tramos oscuros o al enfrentarse a conductores que vienen de frente.
Médicos especialistas consultados por quienes defienden estas reformas señalan que las luces LED actuales pueden llegar a ser hasta cuatro veces más brillantes que otras fuentes de iluminación, lo que aumenta la probabilidad de fatiga visual y distracciones.
La conversación sobre regulaciones no se limita a la técnica de iluminación. Expertos advierten que el deslumbramiento tiene componentes cognitivas: si un conductor debe apartar la mirada o apretar los dientes para soportar el resplandor, podría reducirse la atención disponible para la carretera.
En este contexto, la propuesta es clara: hay que buscar un marco regulatorio que mantenga la visibilidad necesaria sin comprometer la seguridad de peatones y conductores en sentido contrario.
En Canadá, las normas actuales fueron actualizadas por última vez en 2018 para incorporar tecnologías de iluminación modernas y establecer requisitos sobre la altura de los faros y sistemas de nivelación automática para dirigir la luz.
Sin embargo, esas reglas no cubren modificaciones hechas por vendedores o por los propios dueños de los vehículos, y tampoco prohíben reemplazar bombillas originales por kits LED si se usan componentes compatibles con el equipo de fábrica.
En palabras de la industria, la normativa vigente no siempre acompasa el progreso tecnológico ni las realidades de mantenimiento y personalización posterior a la compra, lo que genera tensiones entre fabricantes, talleres y usuarios.
Para algunos analistas, gran parte del problema radica en la influencia de normas estadounidenses en la política de iluminación de Canadá. La filosofía dominante en América del Norte ha sido que más luz es mejor, con escaso énfasis en el control del deslumbramiento. Esa postura ha dificultado la adopción de medidas más estrictas de control de deslumbramiento y ha generado debates sobre la necesidad de adaptar o incluso separar las normas entre ambos lados de la frontera.
La respuesta pública ya está comenzando a tomar forma. En Vancouver y Victoria, las juntas municipales han presentado mociones para pedir al gobierno federal que aborde el problema de los faros excesivamente brillantes.
En Vancouver, un concejal sometió una moción que solicita actualizaciones de las normas de seguridad de los vehículos para reducir el brillo desmedido, y el alcalde de la ciudad ha indicado su intención de comunicar a Transport Canada la prioridad de este tema en foros nacionales.
Estas iniciativas locales se acompañan de llamados a incorporar soluciones como faros que se adapten a diferentes escenarios de conducción, sistemas de autoaplanamiento o configuraciones que siguen curvas de carretera en lugar de proyectar la luz directamente sobre el tráfico opuesto.
Los responsables de políticas señalan que la investigación a nivel nacional está en curso para entender mejor la relación entre el deslumbramiento y la visibilidad, así como su impacto en el rendimiento al conducir.
Transport Canada indicó que está llevando a cabo una consulta amplia para recoger percepciones sobre la iluminación de los faros, el deslumbramiento y su influencia en la seguridad vial.
Los resultados se esperan para mayo y podrían sentar las bases para reglas más matizadas que cubran tanto vehículos nuevos como antiguos, así como posibles ajustes en la cooperación internacional, incluido un marco conjunto con organismos europeos y otras regiones.
El debate también incorpora voces de la industria automotriz: representantes de fabricantes y asociaciones señalan la necesidad de equilibrar costos y beneficios, especialmente en mercados con una amplia diversidad de modelos y alturas de carrocería.
El argumento central es que cualquier cambio regulatorio debe considerar la viabilidad económica y la seguridad, sin restringir la innovación ni encarecer excesivamente los vehículos.
En Canadá, con una cuota de ventas cercana a dos millones de unidades anuales, cualquier reforma regulatoria debe sortear desafíos logísticos y de implementación que difieren según la región.
Además de las discusiones nacionales, la experiencia europea y asiática ofrece ejemplos de políticas relacionadas con la gestión del deslumbramiento.
En varias jurisdicciones se han explorado o implementado sistemas automáticos de atenuación de faros, lentes de mayor precisión y tecnologías de iluminación que se adaptan al entorno de conducción, como las luces que siguen la dirección del volante o que cambian de intensidad en función de las condiciones de la vía.
El consenso entre expertos consultados es que la tecnología es solo una parte de la solución; la regulación y la educación vial juegan roles igualmente importantes para reducir riesgos y mejorar la seguridad nocturna.
En resumen, el tema de los faros LED y su impacto en la seguridad vial está en un punto de inflexión. El impulso de las autoridades locales, la revisión de los marcos regulatorios y la cooperación internacional podrían converger para establecer estándares más equilibrados que prioricen la seguridad de todos los usuarios de la vía, sin obstaculizar la innovación tecnológica.
En paralelo, la sociedad civil continúa reclamando que las políticas públicas y las prácticas de la industria reflejen un compromiso real con la seguridad nocturna, la comodidad visual y la sostenibilidad a largo plazo del sistema de transporte.