Sam Altman, el jefazo de OpenAI, se enganchó a TikTok mientras desarrollaba Sora y terminó borrando la app por considerarla "más potente que una droga". Un aviso para los que creen que las redes sociales son inofensivas.
Imagínate: el mismísimo jefe de OpenAI, la empresa que creó el ChatGPT, confiesa que se enganchó a TikTok como un adolescente. Sam Altman, el gurú de la inteligencia artificial, ha soltado la bomba: mientras trabajaba en Sora (la herramienta que genera vídeos con solo escribir texto), se metió de lleno en TikTok para estudiar cómo engancha a la gente.
Y vaya si lo estudió: acabó tan enganchado que tuvo que borrar la aplicación porque, según sus propias palabras, "era demasiado potente, como una droga".
El tío pensaba que podía controlarlo. Se dijo: "voy a ver TikTok solo diez minutos antes de dormir" y, claro, como todo el mundo, acababa con la cabeza metida en el móvil durante horas. Hasta se pegó tres horas seguidas un sábado por la tarde, desplazando vídeos sin parar. Vamos, lo que le pasa a cualquier españolito que se descarga la aplicación: que se te va el tiempo sin darte cuenta. Pero ojo, que aquí hablamos del genio que nos va a cambiar la vida con la inteligencia artificial. Si él no puede resistirse, ¿qué esperamos los mortales?
Altman, en el pódcast "How to Start a Startup", contó que investigó TikTok a fondo para no cometer los mismos errores en Sora.
Quería evitar que su invento absorbiera el tiempo de los usuarios de forma agresiva. Pero la teoría es una cosa y la práctica otra. La plataforma, con su algoritmo que te conoce mejor que tu madre, le atrapó sin remisión. Al final, tomó la decisión radical: borró la app de su teléfono y, de paso, desactivó todas las notificaciones push de cualquier aplicación, incluso las de mensajería.
Dice que ese simple cambio le ha mejorado la vida de forma bestial.
¿Y esto qué nos enseña? Pues que las redes sociales son un arma de doble filo. TikTok, propiedad de la empresa china ByteDance, ha sido acusada muchas veces de recopilar datos sin control y de crear adicción a propósito. Ahora resulta que hasta los creadores de la inteligencia artificial caen en la trampa. Por si fuera poco, Sam también habló de los futuros dispositivos de inteligencia artificial y avisó de que la tecnología puede mal usarse de formas inesperadas que afectan al comportamiento humano.
Vamos, que no se fía ni él.
En resumidas cuentas, el que presume de controlar la tecnología ha tenido que rendirse ante el poder de los bailes y los retos virales. Y mientras tanto, millones de personas siguen desplazando el dedo hacia arriba sin parar. Así que ya sabéis: la próxima vez que digáis "solo un minuto" en TikTok, acordaos de Sam Altman. Si él no pudo, vosotros tampoco.