El aumento de las temperaturas está empujando a las garrapatas, vectores de Lyme y otras enfermedades, hacia regiones canadienses que antes eran demasiado frías. Expertos advierten que, de seguir la tendencia, muchas personas could verse afectadas y piden medidas de prevención.
El calentamiento global está cambiando la geografía de las garrapatas en Canadá. Según investigadores, las especies que transmiten enfermedades ya no se limitan a las zonas fronterizas con Estados Unidos, sino que están invadiendo áreas del sur del país y, poco a poco, empujando su frontera hacia el norte.
La idea de que estas pequeñas sanguijuelas pueden empezar a hacer de Canadá un nuevo hogar no es una predicción apocalíptica, sino una lectura de lo que muestran los veranos más largos y cálidos y las primaveras que llegan antes.
El ritmo de expansión se sitúa entre 35 y 55 kilómetros al año, según los expertos. Eso significa que cada década podrían ocupar territorios que antes estaban fuera de su alcance. “La gran mayoría de la población canadiense vive a lo largo de la frontera con Estados Unidos y, en esas zonas, ya hay condiciones climáticas que permiten que las garrapatas prosperen”, señala Katie Clow, profesora de medicina poblacional en la University of Guelph.
“Lo más probable es que el proceso de invasión siga ocupando ese nicho ecológico y, con el tiempo, llegue a nuevas regiones”.
La historia médica de Canadá con estas criaturas no es nueva, pero sí su magnitud. En Ontario, la enfermedad de Lyme fue identificada por primera vez en el sur en 1989. Desde entonces, las garrapatas de patas negras —también conocidas como garrapatas del ciervo— han ido avanzando hacia otras provincias. Hoy, Canadá ya alberga más de 40 especies de garrapatas, entre ellas algunas que pueden traer complicaciones graves para la salud humana.
Entre las species que están ganando terreno se encuentran aquellas que pueden transmitir la enfermedad de Lyme y, en casos muy raros, el virus de Powassan.
También hay temores sobre la birlikte presencia de la garrapata Lone Star, habitual en Estados Unidos y vinculada a la posibilidad de desarrollar una alergia severa a la carne, y de la garrapata asiática de cuernos largos, que puede afectar a ganado y generar preocupación entre los agricultores canadienses.
En las praderas canadienses ya se detectaron garrapatas, aunque las que más abundan siguen siendo las garrapatas de los perros, menos problemáticas pero presentes.
Las autoridades señalan que, si bien no hay cifras oficiales únicas cada año, herramientas de vigilancia ciudadana como eTick.ca, que valida fotos enviadas por los habitantes, han permitido confirmar la presencia de garrapatas en distintas localidades; ya se han revisado más de 95.000 imágenes. Por su parte, la Public Health Agency of Canada (PHAC) ha observado un crecimiento exponencial de los casos de Lyme entre 2009 y 2025. Sus cifras preliminares para 2025 sitúan los casos en 7.105, frente a 144 en 2009. Aunque estas cifras podrían subestimar la realidad, reflejan una tendencia ascendente clara que preocupa a médicos y epidemiólogos. En Montreal, por ejemplo, se han registrado cifras récord de Lyme en los últimos años, y Saskatchewan ha vivido una temporada especialmente intensa.
Los científicos insisten en que este fenómeno no es fruto de una casualidad, sino del cambio climático. “Antes, nuestro clima era demasiado frío para mantener activas a las garrapatas durante más tiempo”, explica Clow. “Ahora, con veranos más largos y inviernos menos severos, las garrapatas pueden alimentarse, reproducirse y sobrevivir con más facilidad”. Además, los murmullos de migración de aves y de mayores movimientos de ciervos y roedores facilitan la llegada de estos ectoparásitos a nuevas regiones.
Las garrapatas pueden permanecer en letargo bajo hojas durante el invierno, pero requieren temperaturas cálidas para completar su ciclo de vida. En resumen: un invierno más suave y una primavera más temprana permiten que el ciclo de reproducción se extienda.
La temporada de garrapatas, por tanto, se alarga. Ya no se limita a los meses de verano; en algunas zonas hay actividad durante gran parte del año. Esto complica todavía más la prevención para quienes disfrutan de actividades al aire libre, y para quienes trabajan al aire libre o conviven con mascotas.
Qué hacer para reducir riesgos
Para los ciudadanos que salen a caminar, a hacer senderismo o a hacer vida al aire libre, las autoridades recomiendan pautas de prevención simples y efectivas.
Llevar ropa de colores claros para ver mejor a las garrapatas, llevar mangas largas y pantalones que se introduzcan en las calcetas, y usar repelentes con DEET son medidas básicas.
Después de estar al aire libre, es fundamental realizar una revisión corporal minuciosa para detectar posibles garrapatas pegadas; las zonas más probables son la ingle, las axilas, detrás de las rodillas y en el cuero cabelludo.
Darse una ducha puede ayudar a eliminar garrapatas que aún no se han fijado. Si una garrapata está adherida, debe retirarse con pinzas cerca de la piel, evitando aplastarla.
Las prendas que hayan estado en contacto con la vegetación pueden ser introducidas en la secadora a temperatura alta para eliminar cualquier garrapata adherida que quede en la ropa.
En áreas con mayor presencia de garrapatas, plantar mantas o trail con trozos de madera y dejar claro el paso para evitar la fragmentación de bosques puede ayudar a reducir las poblaciones de ciervos y roedores, que son anfitriones clave.
De hecho, estudios en Ottawa señalan que la presencia de astillas de madera en senderos puede disminuir la población de garrapatas en ciertas condiciones.
Para dueños de mascotas, es crucial revisarlas tras cada paseo, ya que los perros y gatos pueden actuar como transportadores de garrapatas entre el entorno natural y el hogar.
La vigilancia y la educación son piezas clave de la respuesta, porque elvector puede pasar desapercibido: la mayoría de las garrapatas son pequeñas y, en su etapa ninfal, a veces pasan desapercibidas a simple vista.
Las lesiones y patologías asociadas con la enfermedad de Lyme incluyen fiebre, fatiga, eritema en diana y, si no se trata, problemas articulares, cardíacos y del sistema nervioso.
El ‘nuevo normal’
Negar Elmieh, científica del National Collaborating Centre for Environmental Health en BC Centre for Disease Control, señala que los patrones meteorológicos pueden tener efectos mixtos: una ola de calor extremo podría reducir la presencia de garrapatas en ciertos periodos, pero la tendencia general es de crecimiento de las poblaciones.
“Lo que estamos observando es una expansión hacia el norte, sobre todo a lo largo de cursos de ríos y rutas por donde los ciervos y otros huéspedes pueden migrar con facilidad”, afirma.
En su visión, el Canadá se enfrenta a un 'nuevo normal' en el que habrá más garrapatas durante más tiempo y en más lugares.
En resumen, el mensaje de los científicos es claro: los cambios climáticos están cambiando la cartografía de las garrapatas en Canadá y, con ello, el riesgo de enfermedades asociadas.
La población debe estar informada y tomar medidas preventivas simples para disfrutar del aire libre sin esperar sorpresas molestas o, en el peor de los casos, complicaciones de salud.
La vigilancia, la educación y las prácticas preventivas —como las que ya recomiendan las autoridades sanitarias- se vuelven más relevantes que nunca a medida que las garrapatas tantean nuevos escenarios en el país.