Un truco casero con BTI se ha convertido en furor para combatir larvas de mosquitos en Canadá, pero los científicos advierten que no es una solución única. Te explicamos qué es, por qué se viralizó y qué más conviene saber.

En Canadá, la temporada de mosquitos podría ser peor de lo habitual en algunas zonas, y si has visto tutoriales en redes sociales, seguro te has topado con el famoso “bucket of doom” o cubo de la perdición.

No se trata de una novedad total, pero sí de una tendencia casera que ha ganado tracción entre defensores de la naturaleza, influencers de hogar y gente cansada de las picaduras.

El truco consiste en usar BTI, una bacteria específica llamada Bacillus thuringiensis israelensis, para matar las larvas de mosquitos antes de que se conviertan en adultos que pican.

Y se ve muy simples: llenar un cubo grande, añadir BTI, echar hojas o materia orgánica para atraer a las larvas y esperar que la colonia termine ahogada por la bacteria.

Lo que hace atractivo este método es su promesa de ser una alternativa a los pesticidas de amplio espectro, los que pueden eliminar también abejas, maripuelas y otros polinizadores.

El propio concepto de los dunk o “mosquito dunks” se comercializa en formato de pucks que se disuelven en agua y, en teoría, apuntan solo a las larvas de mosquito.

Pero hay que entender que no es una solución única: no combate la totalidad de la población, ni detiene por completo la llegada de mosquitos adultos.

La gente que promueve la práctica insiste en que refrescar cada mes la BTI es clave; si no se renueva, el cubo se convierte en otro criadero de mosquitos.

En Ottawa, por ejemplo, algunos comercios reportaron que el producto estaba agotado a mediados de junio y, según el almacén de la cadena, la demanda superó la oferta.

Este efecto dominó se ha repetido en varias ciudades de Ontario y Quebec, donde la temporada de mosquitos ya está en marcha y las lluvias tardías de mayo dejaron charcos que favorecen la cría de larvas.

Desde el punto de vista científico, los expertos no ven el bucket como una solución milagrosa. Es una herramienta más dentro de un conjunto de medidas. Los especialistas recomiendan eliminar otras aguas estancadas: cubos, neumáticos, canaletas mal drenadas y cualquier acumulación que pueda convertirse en criadero de mosquitos.

Las lluvias recientes y el calor posterior pueden aumentar la población, pero un periodo prolongado de sequía seca también corta la vida de los mosquitos desde aproximadamente un mes a una semana, lo que distorsiona el pico poblacional típico del verano.

Otro aspecto importante es la salud pública. A medida que el clima se calienta, más mosquitos pueden transmitir virus como el del Nilo Occidental, ya endémico en Canadá, y virus más raros pero potencialmente mortales, como la encefalitis del este (EEE).

Además, a medida que las temperaturas suben, se espera que virus como dengue y Zika encuentren vías para avanzar más al norte. En este contexto, la BTI y el control local de aguas estancadas se ven como herramientas de reducción de riesgo, no como una barrera única contra las enfermedades transmitidas por mosquitos.

Quienes promueven el enfoque a nivel comunitario destacan que la instalación de cubos debe hacerse de forma que no atraigan a otros animales domésticos, y que es buena idea cubrir ligeramente las aberturas para evitar que mascotas u otros animales queden atrapados.

También señalan que las aves y los murciélagos no dependen en gran medida de los mosquitos; en todo caso, la reducción de mosquitos puede beneficiar a estos depredadores al disminuir la competencia por otros insectos.

En palabras de quienes trabajan con conservación, la idea es combinar estas medidas con prácticas de jardín que fomenten la biodiversidad: plantas nativas, hábitats para depredadores naturales y menos pavimentos impermeables que mantengan el agua en movimiento.

La gente también pregunta si el “bucket of doom” podría afectar a anfibios u otros seres vivos. Por ahora, las investigaciones disponibles son limitadas y no hay consenso definitivo. En cualquier caso, la recomendación general es: no confíes en una única solución. Si decides usar BTI, hazlo de forma razonable, respeta las dosis indicadas y evita aplicar en grandes masas de agua que estén conectadas con zonas sensibles.

En resumen, el bucket of doom es una herramienta más para intentar frenar los mosquitos, especialmente en zonas donde ya hay presencia de larvas. Pero para que el verano no se convierta en un episodio de picaduras masivas, hace falta una estrategia amplia: eliminar aguas estancadas, involucrar a los vecinos para cubrir un área mayor y mantener prácticas de jardín que atraigan a enemigos naturales de los mosquitos.

Todo esto, sumado a la vigilancia de salud pública para detectar y gestionar posibles brotes de virus transmitidos por mosquitos, especialmente cuando las condiciones climáticas lo facilitan.

Por último, la experiencia histórica dice que la migración de mosquitos hacia el norte no es nueva, pero sí está aumentando en frecuencia y alcance, y la gente está buscando respuestas que sean efectivas sin dañar a otros seres vivos.

El debate entre soluciones químicas y métodos biológicos continuará, y la gente que quiere controlar las picaduras tendrá que elegir, combinar y adaptar según su situación, su entorno y la temporada.

La ciencia, por su parte, seguirá estudiando para afinar las recomendaciones y entender mejor cómo convivir con estos insectos sin perder de vista la protección de pollinadores y biodiversidad.