Un enorme desprendimiento de rocas en Alaska provocó un tsunami histórico de 481 metros en el fiordo Tracy Arm, con implicaciones para la seguridad de la costa de Columbia Británica y para la gestión de cruceros y turismo en la región.
Un deslizamiento de rocas de más de 64 millones de metros cúbicos cayó desde una altura de 1.000 metros en el fiordo Tracy Arm, cerca de Juneau (Alaska), el 10 de agosto de 2025. El impacto desplazó una gran cantidad de agua y desató uno de los tsunamis más grandes registrados en la región, una ola que rompió todos los esquemas conocidos para fiordos de esa talla.\n\nLa ola alcanzó aproximadamente 481 metros de altura cuando rompió la línea de costa interior del fiordo, y su amenza dejó en claro por qué este fenómeno merece la máxima atención científica y política.
Es, de hecho, el segundo mayor ‘run-up’ de ola registrado en la historia, solo superado por unos pocos eventos históricos de magnitud similar. Este dato aparece recogido en un estudio publicado en la revista Science y liderado por Dayne Shugar, profesor asociado de la Universidad de Calgary.\n\nLa magnitud del tsunami en Tracy Arm, descrita como un colosal maremoto que recorrió el fiordo, muestra el potencial catastrófico de este tipo de deslizamientos y por qué su riesgo debe convertirse en una prioridad para quienes toman decisiones, especialmente en la costa oeste de Canadá y BC (Columbia Británica).
“En la Costa Oeste hay pueblos como Prince Rupert o Port Alberni al inicio de otros fiordos; lo que ocurrió ahí nos recuerda que estas estructuras geológicas pueden convertir un día normal en una emergencia brutal”, señalan los investigadores.\n\nAntes de la ola, el fiordo ya recibe un flujo considerable de turismo: en verano llegan más de 20 cruceros diarios al Tracy Arm y al Endicott Arm, pero ese día solo había un barco, que afortunadamente no estaba en la trayectoria de la ola.
Si hubiera estado en el punto de impacto, la situación habría sido catastrófica para una embarcación turística de gran tamaño. “Podría haber sido uno de los peores desastres marítimos de la historia”, comenta uno de los coautores.\n\nEl estudio detalla que el South Sawyer Glacier, cercano a la ruta del deslizamiento, se había retirado unos 500 metros en los meses previos al suceso.
Los investigadores sostienen que, si el glaciar no se hubiese retrocedido, la trayectoria de la roca habría sido diferente o incluso podría no haber ocurrido la caída tal como se registró.
En palabras de los científicos, “el retroceso del glaciar es una especie de cerrojo que se libera de golpe cuando el hielo se quiebra y cede”, lo que ayuda a entender por qué la magnitud de la ola fue tan desproporcionada.\n\nEl calentamiento global está acelerando la retirada de glaciares y, junto con la expansión de infraestructuras y un turismo de cruceros cada vez más intenso, aumenta la exposición a estos peligros.
Los investigadores advierten que el riesgo de tsunamis inducidos por deslizamientos en fiordos no solo persiste, sino que podría crecer en el corto plazo si no se refuerzan las medidas de vigilancia y alerta temprana.\n\nPara entender mejor el fenómeno, el equipo analizó datos de Alaska y de otros lugares, y encontró que se detectaron pequeños terremotos y temblores días o semanas antes del colapso.
Aunque ese tipo de señales no garantiza predicciones precisas, sí puede ser clave para desarrollar sistemas de alerta temprana que avisen a comunidades y a la industria de cruceros antes de que la ola alcance la costa.\n\nLos autores también señalan que la hazaña de estudiar estos procesos debe prolongarse a nivel nacional: la Geological Survey of Canada ya está evaluando el potencial de estos riesgos en fiordos canadienses, pero hacen falta políticas públicas que preparen a ciudades, puertos y operadores turísticos para actuar con rapidez ante una amenaza de deslizamiento y tsunami.\n\nComo contexto histórico, los deslizamientos que producen tsunamis en fiordos no son un fenómeno aislado. En el Pacífico norte existen precedentes de deslizamientos submarinos y sobre tierra que han generado impactos devastadores en costa y navegación; eventos como el megasismo de Cascadia, ocurrido siglos atrás, inspiran la necesidad de vigilancia y planificación ante un posible escenario similar en la región BC–Alaska.\n\nEn definitiva, el suceso de Tracy Arm es más que una noticia aislada. Es una llamada de atención sobre cómo el cambio climático puede intensificar peligros naturales ya conocidos y, al mismo tiempo, señala la necesidad de invertir en monitoreo, alertas tempranas y rutas de respuesta que protejan a comunidades costeras, infraestructuras críticas y la creciente industria de cruceros que explora fiordos como Tracy Arm.\n