Un estudio en Edmonton analiza por primera vez la convivencia entre personas sin hogar que duermen en zonas verdes urbanas y coyotes urbanos, advirtiendo de riesgos para la salud y para la fauna y reclamando respuestas en vivienda, higiene y atención sanitaria.
En Edmonton, una ciudad situada en la provincia de Alberta, Canadá, un equipo de investigación ha puesto sobre la mesa un problema que suele pasar desapercibido pero que ya es visible en varias grandes ciudades: la proximidad cada vez mayor entre personas que viven en la calle y coyotes que deambulan por parques y valles urbanos.
Este estudio, que se publica en una revista científica revisada por pares, es la primera gran mirada profunda a la relación entre campamentos de personas sin hogar y la población de coyotes que se ha hecho en la urbe.
La investigación toma como caso de estudio el valle del río North Saskatchewan, un espacio natural dentro de la ciudad que, por su tamaño y su vegetación, se ha convertido en un hábitat clave para estos animales y, a la vez, en un refugio para quienes carecen de vivienda.
El informe, fruto de 15 años de seguimiento del Edmonton Urban Coyote Project, pone de relieve que la población de coyotes en la ciudad está muy familiarizada con el entorno urbano y que los campamentos pueden atraer a estos animales por comida y refugio.
Según las estimaciones del proyecto, en Edmonton podría haber alrededor de 3.000 coyotes. Este dato subraya que la convivencia no es un fenómeno aislado, sino una realidad que se repite en varios barrios donde la gente sin hogar busca un lugar seguro para dormir y donde los coyotes encuentran alimento de forma más fácil.
Las conclusiones destacan un perfil de riesgo compartido entre ambas comunidades. Para las personas sin techo, vivir al aire libre en zonas verdes expone a encuentros más cercanos con los coyotes, a posibles ataques y, sobre todo, a una mayor exposición a enfermedades infecciosas.
En paralelo, los coyotes que se acercan a campamentos pueden volverse menos desconfiados de los humanos si encuentran comida con frecuencia, lo que eleva la probabilidad de conflictos y de incidentes.
La dinámica es peligrosa para ambas partes y, según los autores, es un ejemplo extremo de lo que ocurre cuando la pobreza y la fauna urbana coexisten sin una red de apoyo adecuada.
Entre los hallazgos clave destaca la preocupación por una infección parasitaria llamada echinococosis alveolar, provocada por la tenia Echinococcus multilocularis.
Este parásito se excreta en las heces de los coyotes y puede contener huevos que, al entrar en contacto con personas que viven al aire libre, suponen un riesgo grave para la salud.
Los investigadores señalan que la prevalencia de este parásito es elevada en Edmonton y que las áreas próximas a campamentos presentan concentraciones de heces de coyote, aumentando la exposición de habitantes vulnerables.
En humanos, la echinococcosis alveolar es una enfermedad particularmente grave y, en muchos casos, puede ser mortal. Los científicos advierten que este riesgo se agrava por una menor disponibilidad de higiene, saneamiento y atención médica para quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
Para entender la magnitud del problema, la investigación cruza los datos de encampamientos con los registros sanitarios. En Alberta, la vigilancia de esta infección se realiza a través de laboratorios y, por lo general, solo se reportan casos confirmados; no se documentan de forma sistemática los factores de riesgo como el estado de vivienda.
Aun así, los autores destacan que la combinación de pobreza, falta de vivienda y entorno natural que facilita la cercanía entre humanos y coyotes exige respuestas integrales de salud pública y de vivienda.
Los investigadores no piden medidas punitivas contra las personas sin hogar ni campañas de control de coyotes de forma indiscriminada. En cambio, proponen enfoques de conservación más focalizados, campañas de concienciación y mejoras en la atención médica para las poblaciones vulnerables.
Entre las recomendaciones destacan la ampliación de recursos para la salud en asentamientos y la distribución de artículos de higiene, así como educación sobre prácticas seguras para convivir con la fauna urbana y reducir los riesgos de exposición a parásitos.
El estudio también recuerda que Edmonton ya ha tomado medidas administrativas para gestionar la realidad de las encampments, reportando que el año anterior se limpiaron más de 5.600 lugares de acampada. Aun así, el problema social es profundo: se estima que hay unas 5.000 personas sin vivienda en la ciudad, y de ellas, alrededor de 1.000 duermen al aire libre cada noche. Este dato, avalado por organizaciones como Homeward Trust, subraya la necesidad de respuestas estructurales: vivienda asequible, servicios de apoyo y redes de salud capaces de estar al alcance de las poblaciones más vulnerables.
Colleen Cassady St. Clair, bióloga y responsable del proyecto de coyotes, subraya que la coincidencia entre encampments y coyotes no es una novedad aislada: ha sido visible durante décadas en Edmonton y en otras ciudades norteamericanas donde la pobreza extrema y la vida silvestre urbana coexisten.
Sus equipos han recogido pruebas de densas comunidades humanas que comparten, de forma forzosa, paisajes que también son hogar para los coyotes. Imagen tras imagen de cámaras de campo ha mostrado campamentos construidos con lonas y mantas junto a madrigueras de coyotes, y rastros de alimento humano que atraen a estos animales.
En opinión de los autores, el objetivo debe ser mejorar la salud pública y la convivencia, no criminalizar a las personas sin hogar ni acostumbrar a los coyotes a buscar comida humana.
La visión a largo plazo pasa por garantizar vivienda segura para todos, reforzar la detección temprana de infecciones y promover prácticas de saneamiento que reduzcan la exposición a parásitos.
En este contexto, las autoridades sanitarias insisten en que la vigilancia de la Echincococcus multilocularis se realiza desde laboratorios y que cada caso no se investiga de manera individual.
Aun así, se reconoce la necesidad de entender mejor los factores de riesgo para orientar campañas de prevención, y de fortalecer las redes de apoyo para las personas que viven en la calle.
En resumen, el estudio de Edmonton no solo arroja luz sobre un asunto local, sino que también plantea una cuestión universal: cuando la pobreza, la ciudad y la fauna comparten el mismo espacio, la respuesta adecuada debe ser humana y holística.
La conclusión es clara: proteger a las personas más vulnerables y cuidar a la fauna urbana exige políticas de vivienda eficientes, servicios de salud accesibles y una educación ciudadana que fomente una convivencia segura y sostenible.
Al final del día, la solución más eficaz es garantizar que nadie tenga que vivir en la calle para que nadie tenga que enfrentarse a un vecino tan complejo como un coyote urbano.