Un cambio en la gestión de la presa Mactaquac ha permitido que millones de gaspereau crucen hacia los ríos para desovar, alterando el flujo de vida acuática y las prácticas pesqueras en New Brunswick y Nova Scotia.
Cada año, entre mayo y junio, millones de gaspereau —el término que agrupa a dos peces muy parecidos, las alewives y el blueback herring— llegan desde el Atlántico para subir por los ríos de New Brunswick y Nova Scotia y desovar.
Es una escena que los habitantes de la zona conocen bien, y para Wayne Baker, un vecino de Fredericton Junction, es parte de su historia personal: lo llaman “el hombre del gaspereau” porque lleva más de setenta años observándolos y saboreándolos.
A simple vista, podría parecer solo una llegada de peces, pero para quien estudia el ecosistema, el gaspereau es un especie clave: transporta nutrientes desde el mar hacia el interior, alimenta a aves rapaces, nutrias, osos y otros animales, y sostiene a comunidades enteras que dependen de esa movilidad biológica para su sustento.
En Oromocto, Baker cuenta cada llegada, mide cuántos pasan y así ayuda a entender si la población va en buena racha o no.
Durante años, entre 1995 y 2019, millones de gaspereau terminaban su viaje en la compuerta de la presa Mactaquac, operada por NB Power. El gobierno federal limitaba cuántos podían trasladarse en camiones río arriba: solo se permitía mover alrededor de un millón de peces cada año, mientras el resto que no era prioritario para los contratos se vendía como excedente.
En esa época, los gaspereau que no iban a ser transportados eran considerados “surplus” y se subastaban al mejor postor, con contratos que a veces quedaban en manos de desconocidos y sin información detallada sobre la cantidad exacta o el comprador.
La historia dio un giro a partir de 2020. El Departamento de Pesca decidió suspender esos contratos de excedente y, en su lugar, empezar a transportar la mayor cantidad posible de gaspereau sobre la presa para que desovaran río arriba.
La primera temporada tras el cambio fue notable: aproximadamente 2,4 millones de gaspereau pasaron la presa para desovar. En 2023 esa cifra llegó a 3 millones y, al año siguiente, superó los 4,1 millones. Es decir, la población que utiliza la ruta del río para completar su ciclo reproductivo recibió un impulso considerable.
Este giro no ha estado exento de complicaciones. NB Power había anunciado que el sistema de “trampa y camión” sería retirado temporalmente durante unas obras para modernizar la infraestructura de paso de peces.
Se pretendía, entonces, sustituir ese método por un sistema más eficiente y seguro para el tránsito de toda la biota acuática en el paso de la presa.
Sin embargo, el plan temporal quedó en el aire al cerrarse la Mactaquac Biodiversity Facility, situada al pie de la presa, lo que introdujo incertidumbre sobre cómo se mantendrían las migraciones durante ese periodo de transición.
Para quienes trabajan la pesca profesional en la región, la situación tiene matices. Mathieu Cormier, que ha dedicado 26 años a pescar gaspereau con una red que cubre buena parte del Oromocto River, celebra que haya menos trabas para que los peces suban y desoven, pero advierte de un posible coste para las poblaciones aguas abajo cuando los peces ya no tengan que pasar por los sistemas de regulación y vuelvan a las zonas marinas.
Cormier también observa que, con la mayor afluencia de gaspereau, los tramos de pesca se llenan más rápido y las capturas aumentan, lo que incentiva a los pescadores a ajustar sus métodos.
Muchos de los pescadores venden parte de la captura como cebo para langosta o la procesan para otros usos comerciales, con un porcentaje que sirve para la alimentación.
Por su parte, las comunidades indígenas, como el Maliseet, trabajan con el Oromocto First Nation para estudiar y gestionar la población de gaspereau, subrayando su importancia para usos tradicionales, de ceremonial y de subsistencia.
Patty Savoy, que colabora con la Maliseet Nation Conservation Council, describe el cambio como “fantástico” y apunta que el gaspereau tiene un valor que va más allá de la pesca comercial: es parte de la cultura y la historia alimentaria de estas comunidades.
Savoy recuerda que, si se pierde la población de gaspereau, no solo se pierde una especie: se pierde un complejo de relaciones ecológicas y culturales que ha perdurado durante generaciones.
Con todo, el debate continúa. Los defensores de una escalera de peces —un sistema que permita a las especies migratorias subir y bajar con facilidad sin depender tanto de las turbinas de la presa— dicen que sería una mejora significativa para la biodiversidad de la cuenca.
Los detractores o realistas de la implementación total de dicha infraestructura recuerdan que las grandes obras suelen avanzar a un ritmo más lento de lo deseado y que, mientras tanto, acciones como la liberación de más gaspereau para desovar pueden aportar beneficios a corto plazo para las poblaciones y para las comunidades que dependen de ellos.
En resumen, la nueva estrategia de facilitar que millones de gaspereau pasen la presa Mactaquac parece estar dando frutos claros en la reproducción de este pez tan crucial para la región.
Aun así, autoridades, científicos y pescadores coinciden en que conviene acompañar este cambio con más medidas de conservación y con una visión a largo plazo para que no se repitan desequilibrios en las distintas esferas de la cuenca, desde el océano hasta los bosques ribereños.
La historia de los gaspereau en el Atlántico canadiense continúa, y su próximo capítulo dependerá de decisiones que combinen ciencia, tradición y sostenibilidad.}