Paráfrasis en español coloquial y detallada de una noticia sobre un proyecto de Laurentian University que usa abejas para monitorear la rehabilitación ambiental de la mina Côté Gold, con apoyo de IAMGOLD, instalando apiarios y recogiendo ADN ambiental para analizar el progreso ecológico.
Un investigador de la Laurentian University va a poner en marcha un proyecto de dos años que usa abejas de miel como asistentes de investigación para hacer seguimiento de la rehabilitación ambiental en la mina Côté Gold, cerca de Gogama, Ontario.
El objetivo es obtener datos sobre qué está ocurriendo en el ecosistema gracias a estas pequeñas trabajadoras que, sin saberlo, ayudan a pintar un cuadro de la biodiversidad que rodea a la mina.
El equipo está liderado por Mateus Pepinelli, un entomólogo de la universidad, que consiguió una financiación de 100.000 dólares de IAMGOLD para colaborar con la empresa en este trabajo. Con ese apoyo, el proyecto se pone en marcha este verano y tendrá dos años de duración, durante los cuales se instalarán tres apiarios en zonas cercanas a las áreas que la minera está rehabilitando.
La idea central es que las abejas funcionen como un tipo de asistente de investigación: recoger ADN ambiental, es decir, trazas de material genético del entorno que queda en el aire y que las abejas transportan a la colmena.
Para ello, junto a cada apiario se colocará un ventilador pequeño conectado a un filtro diseñado para capturar esas señales del entorno. Cuando las abejas vuelan, el aire que recogen trae moléculas de plantas, microbios e incluso posibles patógenos, y esas señales quedan atrapadas en el filtro.
Después, los filtros se recogen y se envían al laboratorio para extraer el ADN ambiental y analizarlo con técnicas genómicas.
«Las abejas no solo producen miel; ahora son una especie de ayudante de investigación que toma datos para nosotros», explica Pepinelli. El estudio no se limita a identificar qué plantas crecen alrededor de las colmenas, sino que también permite detectar una serie de micro-organismos presentes en el entorno y señales sobre la presencia de parásitos que afectan a las propias colmenas, como los ácaros Varroa.
El objetivo es obtener una visión continua del cambio ecológico que se está produciendo en las zonas donde la empresa está restaurando el paisaje tras la actividad minera.
La responsable de medio ambiente y gobernanza de IAMGOLD en Côté Gold, Jessica Tratnik, subraya que estos datos de las abejas pueden ayudar a entender mejor si las medidas de rehabilitación están funcionando.
Según ella, la información recogida ofrece una señal constante de la evolución ecológica a lo largo del tiempo, más estable que las observaciones puntuales que a veces se hacen de manera incidental.
Esto es especialmente relevante porque IAMGOLD ya está implantando siembra de especies nativas y otras prácticas de restauración, pero disponer de un flujo continuo de datos podría indicar si falta alguna especie vegetal o si los polinizadores están haciendo su trabajo de manera adecuada.
La idea de usar ADN ambiental recogido del aire no es nueva en sí misma, pero sí está ganando impulso en la ecología aplicada. Tradicionalmente, se habrían necesitado muestreos intensivos de plantas y fauna para entender la composición del paisaje; con este método, se obtiene una foto más amplia y, a veces, más rápida de cómo cambia el ecosistema alrededor de una operación de gran escala.
La técnica se integra con la labor de rehabilitación de Côté Gold, que, según los responsables, tiene más de 20 años de vida útil por delante y que se concibe como un proyecto generacional: rehabilitar el terreno de forma continua y monitorear sus avances, sin esperar a que la minería cierre para empezar a ver resultados.
El proyecto también se entiende como un experimento de aprendizaje para otras zonas de extracción y rehabilitación. Si funciona bien, podría convertirse en un modelo para evaluar de forma más fiable y eficiente cómo evolucionan los paisajes tras la actividad minera, combinando la observación ambiental con la genómica ambiental para detectar cambios en la biodiversidad, en las redes de polinación y en la presencia de posibles contaminantes.
En resumen, este esfuerzo coloca a las abejas en el papel de aliadas científicas para medir, de forma continua y detallada, cuánto avanza la recuperación de la tierra tras la extracción de recursos.
Es, de algún modo, una mezcla de ciencia ciudadana y tecnología de vanguardia que puede ayudar a entender mejor la interacción entre una operación minera y su entorno, y a asegurar que la regeneración se realice de manera visible y verificable para las comunidades y las empresas involucradas.
Como escenario, la mina Côté Gold se presenta como una instalación con un horizonte de décadas por delante, y proyectos como este buscan que cada año que pase deje pruebas tangibles de que la rehabilitación está avanzando.
Pepinelli y su equipo, con el apoyo de IAMGOLD, esperan que las abejas y sus rastros de ADN ayuden a dibujar ese progreso con mayor claridad que otros métodos tradicionales, permitiendo ajustar prácticas de restauración en tiempo real y, en última instancia, devolver al paisaje un mosaico de plantas, insectos y vida silvestre más completo y resilient.