Un estudio de Concordia advierte que la nieve almacenada en las cabeceras de Canadá se está reduciendo con el calentamiento global, lo que podría afectar el suministro de agua, la agricultura, la navegación y el riesgo de incendios forestales.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Concordia, en Montreal, señala que la nieve acumulada en las cabeceras de las Montañas Rocosas canadienses está disminuyendo de forma sostenida a medida que el planeta se calienta.

Este adelgazamiento de la capa nevada podría afectar de manera amplia la disponibilidad de agua para ciudades y comunidades, la agricultura, los niveles de los lagos, las operaciones portuarias y el riesgo de incendios forestales en los bosques canadienses.

Los científicos evaluaron la llamada 'disponibilidad de agua en la nieve' mediante tecnología de sensorización satelital para cubrir Canadá y Alaska entre 2000 y 2019.

Aunque las zonas con descensos significativos representaron apenas alrededor del tres por ciento del país, coinciden con las cabeceras de ríos importantes de la Cordillera.

El equipo también identificó pérdidas menores en otras zonas de Canadá, que, si bien no eran estadísticas significativas por sí mismas, se suman al cuadro de tendencias adversas.

Nazemi, coautor del estudio y profesor de ingeniería en Concordia, afirmó que al sumar las cuencas relevantes, catorce de veinticinco grandes cuencas presentan vulnerabilidad ante la disminución de la nieve.

La investigación también describe cómo los efectos se extienden a la región oeste de Estados Unidos: un aumento de temperaturas ha dejado las montañas de esa área con una capa de nieve inusualmente baja, tal como muestra una imagen de Terra, el satélite de la NASA, tomada a mediados de enero de 2026.

Las reducciones de nieve tienen consecuencias importantes para servicios municipales de agua, la agricultura, los niveles de agua en lagos, el transporte y el riesgo de incendios en los bosques canadienses.

Kate Hale, profesora asistente de la Universidad de Columbia Británica, explicó que la nieve puede verse como una especie de "torre de agua natural" que se acumula y liberan agua cuando más se necesita; es decir, su retirada temprana o reducida disponibilidad condiciona el suministro durante los meses de mayor demanda.

El presente año ha afectado también la temporada de esquí en la región: estaciones importantes de Columbia Británica han reducido operaciones o aforo por la falta de nieve y las temperaturas templadas.

Whistler, una de las mayores estaciones de la zona, experimentó un inicio irregular de temporada, que mejoró con nevadas a finales de 2025. Paralelamente, Vancouver vivió su primer invierno sin nieve en 43 años, un indicio de cómo las condiciones invernales están cambiando.

Muchos de estos efectos no se deben únicamente a una menor precipitación total. Alejandro Flores, profesor de geociencias en la Universidad Estatal de Boise, señala que este año la precipitación se ha acercado a la normalidad, pero ha llegado en forma de lluvia en lugar de nieve, dando lugar a lo que los científicos llaman una "sequía de nieve húmeda".

Este fenómeno refuerza la idea de que, en un clima que se calienta, las transiciones entre nieve y lluvia podrían volverse más comunes, debilitando la capacidad de la nieve para acumular agua durante el invierno.

La nieve sirve como un almacen de agua que sostiene los flujos de agua durante la primavera y el verano. Su deshielo alimenta los sistemas hídricos de millones de personas y sostiene ecosistemas forestales y agrícolas. Por ello, los investigadores advierten que algunas zonas forestales podrían entrar en periodos de estrés hídrico antes de lo esperado, lo que a su vez podría elevar el riesgo de incendios forestales en amplias regiones de Norteamérica.

Flores añadió que la gestión del agua deberá reevaluarse ante estas señales y que la planificación futura debe considerar escenarios de menor disponibilidad de recurso hídrico en momentos críticos.

En cuanto a las proyecciones, Nazemi indica que la tendencia de baja nieve en las cabeceras canadienses podría extenderse hacia las montañas del oeste de Estados Unidos, sugiriendo que la vulnerabilidad de las cuencas no se limita a Canadá.

El estudio utiliza una métrica nueva, la disponibilidad de agua en la nieve, combinando datos satelitales para estimar cuánta agua realmente está contenida en la nieve a lo largo del tiempo.

Entre las cuencas más afectadas se encuentran la Okanagan en Columbia Británica, la cuenca Assiniboine-Red River en Manitoba y la cuenca del río Saskatchewan.

Estas reducciones podrían, a su vez, disminuir los caudales de ríos tan importantes como el Fraser y el St. Lawrence, afectando el suministro de agua y la generación hidroeléctrica para ciudades y puertos.

La conversación sobre el futuro hídrico también se apoya en antecedentes históricos: en 2015, un marcado descenso de la nieve en las Montañas Rocosas provocó sequías severas en la Columbia Británica y restricciones de agua en el Okanagan, mientras que en 2012 una mezcla de patrones climáticos llevó a caídas en los niveles de los Grandes Lagos, complicando la navegación de barcos hacia puertos clave como Montreal y Toronto.

Tales episodios enfatizan la necesidad de prepararse ante vulnerabilidades que podrían intensificarse con el tiempo.

En conjunto, el estudio sugiere que las tendencias de menor nieve y la consiguiente disponibilidad reducida de agua podrían mantenerse o intensificarse en los años venideros, con impactos prácticos para la gestión del agua, la seguridad hídrica de ciudades y comunidades, y la resiliencia de los ecosistemas forestales frente a incendios.

Por ello, especialistas y responsables políticos coinciden en la urgencia de revisar políticas de uso del agua y de adaptar infraestructuras y prácticas de gestión a un clima cambiante, a fin de mitigar los riesgos y asegurar un suministro estable para la población y sectores productivos.