Siete ballenas grises han muerto frente a Vancouver Island este año. Científicos vinculan la mortandad a la caída de la pesca de presas en el Ártico y advierten de la necesidad de más datos para entender la magnitud del problema.

Este año ya van siete ballenas grises encontradas muertas frente a la costa de la isla de Vancouver, en la Columbia Británica. A este ritmo, el conteo no solo suena a cifra negra, sino a una señal de alarma sobre lo que está pasando en la cadena alimentaria de estas ballenas.

Científicos y autoridades señalan que la caída drástica de la comida disponible en sus zonas de alimentación del Ártico podría estar dejando a estas criaturas debilitadas para la migración, lo que las hace más vulnerables.\nEn abril, cuatro ballenas fueron encontradas muertas en un periodo de apenas diez días; poco después aparecieron al menos dos más. Esas muertes consecutivas han acelerado la preocupación entre investigadores que llevan años siguiendo el comportamiento de la especie.\nEl coordinador de mamíferos marinos del Departamento de Pesca y Océanos (DFO), Paul Cottrell, dijo que es triste ver que aparezca otro par y que habrá que revisar qué pasó.\nLa evidencia médica recogida hasta ahora indica malnutrición: muchos cuerpos presentan muy poca grasa y signos de desgaste, lo que sugiere que las ballenas llegaron a la migración norte-sur ya debilitadas y con menos reservas para resistir el viaje.\nLos científicos señalan que la causa puede ser múltiple y compleja, pero la pista principal apunta a una reducción de las presas en el Ártico: cuando las ballenas viajan hacia sus zonas de alimentación, llegan con menos energía y se vuelven más vulnerables a morir durante la travesía.\nHasta la fecha, el Departamento de Pesca y Océanos ha realizado tres necropsias de ballenas grises halladas frente a Vancouver Island para tratar de entender la razón de estas muertes y buscar patrones.\nEn conjunto, los expertos advierten de que no es un fenómeno aislado. Cascadia Research Collective, con sede en Washington, ha informado de un recuento que ya sitúa las muertes de ballenas grises en el Pacífico en 36 este año, cifra que sorprende a los investigadores.\nEn Washington se han registrado 17 muertes, en la Bahía de San Francisco se han contabilizado 10, y en Oregón dos más, según redes de seguimiento y datos de las autoridades.\nLa historia completa muestra que el problema no se limita a una región concreta y que el ecosistema marino atraviesa una fase de tensión; los científicos insisten en que pueden aparecer más muertes a medida que las ballenas continúen su ruta migratoria hacia el norte hasta junio.\nEl recuento de población de ballenas grises se sitúa en torno a los 13.000 individuos aproximadamente, una cifra que ha ido recuperándose desde un golpe severo en años recientes, pero que ahora se ve amenazada por estos episodios de mortalidad.\nHistorias pasadas, como la del año 2019, recuerdan la magnitud del problema. En ese año se declaró un evento de mortalidad inusual con 216 ballenas muertas en una sola temporada, lo que activó alertas y reforzó la vigilancia de estas especies.\nLos especialistas señalan que hay que entender la interacción entre cambios climáticos, hielo marino y disponibilidad de especies fuente de alimento para las ballenas, porque todos estos factores están conectados y pueden influir en la supervivencia de la población.\nLas autoridades y la comunidad científica trabajan para conseguir más datos: muestreos, necropsias y colaboración entre Canadá, Estados Unidos y México.

Mientras tanto, se pide a la gente que informe cualquier avistamiento de mamíferos marinos en aprieto, para ampliar el registro y afinar las conclusiones.\nLas ballenas grises son habituales en estas aguas y su historia reciente subraya la importancia de proteger sus rutas y sus áreas de alimentación si queremos que la ciencia tenga herramientas para conservarlas en el futuro.\n