Una estrella binaria en Corona Borealis podría encenderse como nova, aumentando su brillo notablemente durante un par de días. Este artículo explica qué ocurre, por qué aún no se ha producido y qué podrían ver los observadores.

Una protagonista del cielo nocturno podría hacer su aparición en los próximos meses: T Coronae Borealis, o T CrB para abreviar. Esta estrella forma parte de un sistema binario situado a unas 3.000 años luz de distancia, en la constelación de Corona Borealis. El dúo lo componen una gigante roja, cercana al final de su vida, y una enana blanca extremadamente densa. Se atraen entre sí y comparten una danza gravitatoria que los astrónomos observan con atención constante.

El gas que cae desde la gigante hacia la enana no va directo al centro, sino que forma un disco alrededor de la enana blanca, un anillo de material que va calentándose a medida que aborda la superficie de la enana.

Este proceso, conocido como acreción, puede durar años y genera condiciones de presión y temperatura muy altas en la enana. Cuando esa materia alcanza un umbral crítico, se produce una explosión termonuclear en la superficie de la enana blanca. Esa explosión es lo que los científicos llaman una nova. En esencia, no es que se destruya la estrella, sino que se produce una llamarada de luz increíble que la hace brillar muchísimo más de lo habitual.

En la práctica, cuando ocurre una nova, la estrella pasa de ser apenas visible a brillar tanto que, desde la Tierra, puede verse a simple vista durante un par de días.

Después, vuelve a apagarse y queda de nuevo en un estado menos luminoso, requiriendo a veces instrumentos para volver a verla.

En el caso de T CrB, el historial es claro y muy comentado entre astrónomos y aficionados: ha vivido dos estallidos conocidos, en 1866 y en 1946. Eso ha llevado a la idea de un ciclo aproximado de unos 80 años entre explosiones. Por eso, a finales de la década pasada muchos esperaban que el siguiente estallido llegara en 2024.

Pero la predicción de fechas exactas no es simple. Un informe de 2024 de la American Astronomical Society contempló varias fechas posibles: ya se mencionaban agosto de 2024, 2025 o 2026, con márgenes que podían desplazar el evento unos años.

En astronomía, estas estimaciones reflejan que la física del sistema es muy sensible a pequeños cambios en la cantidad de gas que llega a la enana blanca y a cuándo ocurre todo el proceso.

Los científicos que estudian T CrB insisten en que, aunque las predicciones están bien estudiadas, rara vez hay certezas absolutas. Brian Kloppenborg, de la AAVSO, explica que, a pesar de décadas de observación, siguen existiendo incertidumbres sobre el balance de materia y la velocidad a la que cae el gas.

Por su parte, Brad Schaefer, de la Universidad Estatal de Louisiana, comenta que muchos investigadores y aficionados siguen la esperanza de que llegue el gran momento, pero que nadie puede fijar una fecha exacta.

Lo más curioso es la implicación de la gente: astrónomos aficionados envían datos cada seis minutos, y esa vigilancia humana ha permitido seguir con detalle la evolución de la estrella.

No se trata de máquinas; son personas de carne y hueso que dedican noches enteras a mirar el cielo y anotar medidas para construir un cuadro claro del sistema.

Qué ocurrirá cuando estalle? Pasará de magnitud alrededor de 10, que es visible solo con telescopio, a magnitud 2, que ya es un destello visible a simple vista.

Ese brillo podría durar unos dos días antes de volver a desvanecerse. En cielos oscuros, incluso con binoculares modestos, se podría volver a ver la nova durante ese periodo. Y aunque no esté garantizado, los planes de observación ya están en marcha para capturar el momento si llega a ocurrir.

En resumen, T CrB nos recuerda que el cielo guarda cambios impredecibles pero, en conjunto, su comportamiento es predecible dentro de ciertos márgenes: hay sistemas binarios susceptibles de vivir estos estallidos estelares.

Las novae como la de T Coronae Borealis son eventos espectaculares, pero relativamente comunes cuando miramos a lo largo de la historia de las estrellas variables.

Y sea cuando sea, la comunidad de observadores, profesionales y aficionados, sigue atenta y lista para apuntar la lente cuando el cielo decida encenderse.