Análisis sobre el acuerdo para construir rompehielos entre Canadá, Estados Unidos y Finlandia, sus implicaciones estratégicas y las tensiones de soberanía en el Ártico ante las señales de Washington.

Análisis: Canadá forma parte de un acuerdo para desarrollar una nueva flota de rompehielos junto a Estados Unidos y Finlandia, con entregas previstas para la próxima década y un objetivo estratégico de ampliar la capacidad operativa en el Ártico.

El proyecto, denominado ICE Pact, prevé que los rompehielos se diseñen y construyan de forma cooperativa entre las tres naciones para reforzar la presencia de la Marina y la Guardia Costera de Estados Unidos en las aguas cercanas al Polo Norte.

A simple vista, la cooperación aparece como un esfuerzo para compartir conocimiento y fortalecer la seguridad regional; sin embargo, en Canadá persiste la preocupación de que avanzar en esta colaboración pueda, en determinadas circunstancias, erosionar la soberanía sobre ciertas áreas y rutas marítimas históricamente disputadas, como el Paso del Noroeste.

La retórica reciente de Washington ha añadido un matiz polémico al debate. Las declaraciones de alto nivel sobre la Greenland y la región circumpolar han encendido alarmas entre analistas canadienses, que recuerdan que la seguridad del Ártico no debe traducirse en una contraposición de intereses entre aliados.

El ICE Pact vincula tecnologías y cadenas de suministro de los tres países, y en Canadá los astilleros Davie Shipbuilding (Quebec) y Seaspan Shipyards tienen un papel central junto a sus contrapartes estadounidenses y finesas.

Este enfoque conjunto pretende acelerar la construcción de una flota capaz de operar en condiciones extremas y de proporcionar capacidades avanzadas de vigilancia, rescate y respuesta ante desastres en una región de gran sensibilidad estratégica.

Sin embargo, la pregunta que persiste entre los observadores es si una mayor presencia estadounidense, amparada por la cooperación tecnológica con Canadá, podría convertir la colaboración en una vía para una mayor influencia sobre áreas que Canadá considera propias.

En ese sentido, algunos expertos señalan que, si la narrativa de la supremacía militar en el Ártico se refuerza, podrían añadirse tensiones sobre quién controla las rutas marítimas y el acceso a zonas vulnerables del sistema de defensa regional.

El panorama ha llevado a que algunos analistas recomienden mantener la cooperación estructurada, pero con salvaguardas que permitan revisar la trayectoria del acuerdo ante cambios en la política de defensa de Estados Unidos.

Costos y plazos: las estimaciones de costo del programa se sitúan en un rango entre 3,0 y 5,0 mil millones de dólares estadounidenses para la primera ola de rompehielos, lo que, al tipo de cambio actual, se traduciría en aproximadamente entre 2,8 y 4,6 mil millones de euros.

Cada rompehielos de tamaño medio podría costar entre 1,0 y 1,8 mil millones de USD, es decir, alrededor de 0,93 a 1,67 mil millones de euros por unidad.

Estas cifras, sujetas a variaciones por licitaciones, especificaciones técnicas y cambios en el plan de entrega, reflejan tanto la complejidad de construir buques especializados para el Ártico como la necesidad de coordinar tres marcos industriales diferentes.

Las primeras entregas de rompehielos de tamaño medio no se esperan antes de 2028-2029, y los buques de mayor tamaño, conocidos como Polar Security Cutters, llegarán varios años después.

Este calendario ofrece a Canadá un margen de maniobra para adaptar su propia capacidad de vigilancia y respuesta, aunque también sugiere una ventana en la que la cooperación podría ser revalorada si cambian las dinámicas regionales o la postura de Estados Unidos.

Contexto histórico y marco político: la relación entre Estados Unidos y Canadá en el High Arctic ha estado regulada por acuerdos informales desde la última disputa de soberanía en 1985, cuando un rompehielos de la Guardia Costera de EE.

UU. navegó por el Paso del Noroeste sin requerir permiso formal de Canadá, limitándose a notificar. En ese periodo, Canadá cuestionó la interpretación de las aguas entre islas como aguas interiores, lo que alimentó un debate sobre jurisdicción y navegación.

Dos años después, se acordó que Canadá sería consultado para futuras travesías, sin reconocimiento formal de sus reclamos de soberanía. Este trasfondo subraya la cautela con la que Canadá aborda el ICE Pact: la cooperación puede fortalecer capacidades, pero no debe interpretarse como una renuncia a sus posiciones históricas.

Análisis de riesgos y perspectivas: para algunos expertos, la cooperación tecnológica puede ser una vía para reforzar alianzas y disuadir amenazas, siempre que se evite convertir el Atlántico al Ártico en un tablero exclusivo de interés de una única potencia.

Otros advierten que un aumento de la capacidad militar estadounidense en el Ártico podría incentivar respuestas más asertivas de terceros actores y una mayor intensidad en las disputas por rutas y recursos.

En este sentido, el programa ICE Pact se presenta como una ruta de dos vías: continuar fortaleciendo la cooperación con Estados Unidos como aliado estratégico y, al mismo tiempo, acelerar el desarrollo de capacidades nacionales para salvaguardar la soberanía y garantizar operaciones autónomas cuando sea necesario.

Conclusión: el ICE Pact, al unir a Canadá, Estados Unidos y Finlandia en la construcción de una nueva generación de rompehielos, refleja una lógica de seguridad compartida frente a un entorno ártico cambiante.

No obstante, exige una gestión cuidadosa de las tensiones de soberanía y una vigilancia continua de las dinámicas políticas y estratégicas de Washington.

En el corto plazo, la cooperación parece deseable para mantener capacidades avanzadas y ser un contrapeso a posibles maniobras que afecten a Canadá. En el largo plazo, será crucial mantener evaluaciones regulares y aclarar acuerdos sobre navegación, acceso a zonas clave y salvaguardas para la integridad territorial de Canadá, de modo que la cooperación no se convierta en un instrumento para reconfigurar el mapa de soberanía en el Ártico.