El cortometraje de Mabel Lozano gana el Premio Fugaz 2026 al Mejor Cortometraje Documental, ofreciendo una mirada firme y accesible a una historia real de explotación sexual stop en Madrid y Gran Canaria, con respaldo municipal y alcance internacional.
El cortometraje 'Abril, hoy no es invierno', dirigido por Mabel Lozano, ha logrado un hito en el cine español: se ha alzado con el Premio Fugaz 2026 al Mejor Cortometraje Documental en la décima edición de los galardones que organiza CortoEspaña.
La entrega tuvo lugar en la Sala 25 de Kinépolis Ciudad de la Imagen, en Madrid, y supuso un reconocimiento más para una obra que, desde su estreno mundial en el Festival de San Sebastián, ha pasado a recorrer el país y el exterior con un recorrido notable: más de treinta selecciones y diez premios.
Además, su próxima participación está programada en IN THE PALACE International Short Film Festival, en Bulgaria, certamen que sirve como filtro para los Premios Oscar.
Este corto de trece minutos se rodó entre Madrid y Gran Canaria y pone sobre la mesa una historia real de explotación sexual comercial de una mujer con parálisis cerebral que se comunica mediante sistemas alternativos.
La premisa es clara y contundente: visibilizar un caso concreto para abrir un debate sobre la violencia, la esclavitud y la necesidad de respuestas institucionales firmes.
Durante la gala, la concejala de Igualdad, Zulema Gancedo, elogió el trabajo de Lozano y subrayó que este tipo de producciones no solo informan, también empujan a mejorar las políticas públicas en materia de igualdad y protección de las víctimas.
Lozano recogió el premio y, en su discurso, aprovechó para recordar que la accesibilidad y la inclusión deben acompañar a cada iniciativa cultural.
La directora es una voz consolidada en el cine social español. Lozano ha recibido dos veces el Goya al Mejor Cortometraje Documental por otras obras destacadas y es reconocida por su compromiso con los derechos humanos y la lucha contra la violencia de género.
En este proyecto, continúa su línea de trabajo, produciéndolo con Mafalda Entertainment y en coproducción con Videoreport Canarias. El equipo técnico está liderado por la fotografía de Rafa Roche, el sonido de José Ignacio Arrufat, el montaje de Germán Roda y la música original de Luli Martín; la distribución corre a cargo de Distribution with Glasses.
La historia que cuenta el filme tiene a Ángeles Blanco como nexo narrativo: abogada de una asociación que asiste a personas con parálisis cerebral, recibe un mensaje de SOS a través del teléfono.
Ella responde con determinación, intenta obtener más datos y, al final, se ve ante la necesidad de comunicarse con la persona que requiere ayuda. Lo que en el papel parece una respuesta profesional se convierte en una muestra de empatía y compromiso con una realidad dura: la explotación sexual de mujeres vulnerables.
Este relato, presentado en forma de cortometraje, no solo se queda en la denuncia; también aporta una mirada práctica sobre las barreras que persisten, desde las barreras arquitectónicas mencionadas por Lozano durante la entrega del premio hasta las limitaciones para que las víctimas accedan a la justicia y a la protección que merecen.
Además, el proyecto ha contado con el respaldo de instituciones públicas y fundaciones, entre ellas Fundación ONCE, el Ministerio de Igualdad, el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha, el Centro de Igualdad Ciudad de Santander y la Dirección Insular de Igualdad y Diversidad del Cabildo de Tenerife.
Este apoyo público ha sido clave para convertir un caso real en una obra que llega a audiencias amplias y que busca, como objetivo último, evitar que historias semejantes queden en el olvido.
Desde el punto de vista histórico, el cine documental español ha ido ganando peso en la lucha contra la violencia y la trata de personas. Obras como esta mantienen viva la conversación y obligan a instituciones, empresas y ciudadanía a mirar de frente problemáticas que, aunque antiguas, siguen aflorando en distintos contextos.
'Abril, hoy no es invierno' se sitúa en esa tradición de cine útil, hecho para informar, sensibilizar y, sobre todo, impulsar cambios: políticas más efectivas, más recursos para la igualdad y mejores condiciones de accesibilidad para que nadie se quede fuera por barreras físicas o de comunicación.
En definitiva, este premio no solo reconoce la calidad cinematográfica de Lozano y su equipo, sino que refuerza la idea de que el cine puede ser herramientas de cambio social.
Una historia dura, contada con rigor y compasión, que invita a la reflexión y a la acción, y que demuestra que cuando el cine se pone del lado de las víctimas, hay lugar para la esperanza y para exigir respuestas claras por parte de la sociedad y las instituciones.