Un estudio regional sitúa en el 4,2% la población de Murcia considerada crónica de alta complejidad y señala que el 66% padece al menos una enfermedad crónica. El informe destaca hipertensión, depresión y diabetes como las más frecuentes y aboga por una atención integrada para mejorar la calidad de vida y optimizar recursos.
Una radiografía reciente de la salud en la Región de Murcia muestra dos realidades que conviene entender para saber qué esperar del sistema sanitario.
Por un lado, hay una pequeña parte de la población —el 4,2%— identificada como crónica de alta complejidad. Son personas con enfermedades de larga duración, a menudo multisistémicas, que requieren atención especializada de forma sostenida, tecnología avanzada y una red de apoyo social que funcione sin fisuras.
Este grupo, que ya se clasifica en el marco de la Estrategia de Abordaje de la Cronicidad, representa un reto para la planificación de recursos y para garantizar una atención continua y de calidad.
Por otro lado, la mayor parte de la población convive con alguna enfermedad crónica de curso leve o moderado. En la Región de Murcia, el 66% de los residentes padece al menos una condición crónica. Eso implica que dos de cada tres personas pueden necesitar seguimiento a lo largo del tiempo, adaptaciones en la atención y estrategias que eviten descompensaciones que deriven en hospitalizaciones o complicaciones.
En cuanto a las enfermedades concretas, la lista de las más frecuentes la encabezan la hipertensión, la depresión y la diabetes. En cifras, la hipertensión afecta a alrededor del 20,1% de la población, la depresión a un 10,1% y la diabetes a un 9,1%. Estos porcentajes no solo reflejan cuántos padecen estas condiciones, sino también la importancia de coordinar esfuerzos entre atención primaria y hospitalaria para gestionar tratamientos, fármacos y estilos de vida de forma integrada.
La Consejería de Salud subraya que identificar a los crónicos complejos permite activar mecanismos estandarizados para una atención integral y de calidad.
El objetivo es reducir riesgos de descompensaciones, evitar ingresos innecesarios y mejorar tanto la salud como la vida diaria de los pacientes y de sus cuidadores.
En la práctica, el enfoque se centra en la continuidad de la atención, la accesibilidad y el uso adecuado de los recursos disponibles, con un modelo que favorece que cada persona reciba el cuidado adecuado en el lugar adecuado y, cuando corresponde, con la coordinación entre servicios.
Estos datos proceden de la actualización de 2024, que abarca a 1.568.503 personas en la Región de Murcia. De ellas, 65.453 están identificadas como crónicas de alta complejidad. El análisis también revela que la proporción de crónicos complejos crece de forma notable entre las personas mayores de 65 años, hasta alcanzar el 15,4% en ese grupo.
En ese sentido, la cifra regional está en un rango similar a la media nacional, lo que refuerza la idea de que la cronicidad es un rasgo común en el sistema sanitario de España.
El marco de referencia para estas cifras es la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad del Sistema Nacional de Salud, que clasifica a la población por grupos de morbilidad.
Con ello se busca orientar mejor la atención, facilitar comparaciones entre comunidades y, sobre todo, adaptar los servicios a las necesidades reales de cada grupo.
Aunque la situación plantee retos, las autoridades sanitarias defienden que esta visión centrada en la persona y su entorno facilita una gestión más eficiente de los recursos, con un efecto directo en la calidad de vida de los pacientes y de sus familias.
A lo largo de la historia reciente, la cronicidad ha sido un gran desafío para la sanidad española: demandas crecientes de personas que viven con enfermedades largas, necesidad de sofisticación tecnológica y la obligación de coordinar muchos centros y profesionales.
En Murcia, como en otras comunidades, se busca avanzar en esa coordinación para que la atención sea más fluida, más proactiva y más adaptada a cada caso.
El dato clave es claro: una minoría sufre alta complejidad, pero una mayoría convive con al menos una condición crónica. En ese marco, el crecimiento de la cronicidad exige soluciones claras, simples de entender para la gente y consistentes en la práctica clínica y administrativa.