Las obras iniciales en El Carmolí, con una inversión de 848.000 euros, eliminan superficies artificiales, eliminan flora invasora y plantan especies autóctonas, dentro del Plan de Actuación 2026 para proteger el Mar Menor.

El Carmolí, uno de los enclaves más valorados ambientalmente alrededor del Mar Menor, ya está viviendo la primera tanda de trabajos para devolverle su estado natural.

La intervención, financiada con 848.000 euros, se ha planteado como una actuación estratégica para iniciar la restauración de este humedal, que ha estado bajo la mirada de administraciones y agentes científicos durante años.

El objetivo inmediato es claro: retirar lo que no pertenece al ecosistema, frenar el avance de plantas invasoras y devolver la vida a la vegetación autóctona que sostiene a toda la comunidad biológica del lugar.

En este primer tramo ya se han eliminado superficies artificiales y se ha llevado a cabo una gran plantación de flora nativa, con más de 18.000 ejemplares plantados en las zonas priorizadas. Además, se ha instalado vallado perimetral para delimitar áreas sensibles y se ha puesto en marcha un seguimiento ambiental continuo que permite verificar la evolución del hábitat y corregir el rumbo si es necesario.

Estos trabajos no son improvisados: forman parte de un plan de acción amplio que busca convertir El Carmolí en una de las piezas clave del proyecto de recuperación del Mar Menor.

Este entorno, que llegó a ser escenario de usos militares en el pasado y que, desde hace años, es objeto de esfuerzos para que vuelva a lucir su riqueza natural, se está transformando paso a paso.

En el desarrollo de estas actuaciones, la Comunidad Autónoma ha seguido una hoja de ruta que combina restauración ambiental, mejora de infraestructuras y control de especies invasoras, con una regeneración de ecosistemas asociados que ya empieza a dejar resultados visibles.

Junto a estas medidas, el Gobierno regional ha avanzado en la expropiación de más de 300 hectáreas para impedir que el terreno pase a manos privadas, reforzando así una gestión integral y pública del territorio.

En paralelo, la Administración estatal ha ido adquiriendo fincas perimetrales para renaturalizar los entornos y ampliar su valor ecológico y paisajístico, de modo que la acción pueda ser más coordinada y eficaz.

Todo este conjunto de medidas se enmarca en una estrategia más amplia para el Mar Menor, que tiene como columna vertebral el Plan de Actuación 2026. Este plan prevé invertir más de 104 millones de euros para abordar cerca de 200 proyectos que refuercen la recuperación ecológica, ataquen el origen del problema y establezcan un modelo de gestión sostenible a largo plazo.

Entre las medidas contempladas también figura la instalación de fondeaderos ecológicos en zonas sensibles, con el objetivo de proteger el fondo marino y compatibilizar el uso público con la conservación.

En la próxima temporada de verano está prevista la instalación de estos fondeaderos en áreas como Isla Perdiguera y la Isla del Barón, sustituyendo los sistemas de anclaje tradicionales por soluciones respetuosas con el ecosistema para evitar daños en praderas marinas y hábitats sensibles.

Otro eje relevante es el proyecto Recupera, impulsado por el Gobierno regional en coordinación con el CDTI, que busca una solución tecnológica para la desnitrificación del agua que llega al Mar Menor.

En su tercera fase, ya se han identificado cuatro propuestas que cumplen con los requisitos para fabricar o probar prototipos, y próximamente se adjudicará la siguiente fase para avanzar con la validación y la puesta en marcha.

Con todo, las cifras hablan por sí solas de la magnitud del esfuerzo: en 2025 se ejecutaron 82 millones de euros dentro de un programa que eleva la inversión total desde 2020 por encima de los 306 millones.

Más del 81% de las medidas previstas ya están en marcha o acabadas. El balance también refleja avances en infraestructuras clave para atacar el origen del problema: una red de colectores, sistemas de retención de aguas pluviales y depuradoras, además de transformaciones en el territorio con miles de hectáreas restituidas a su estado natural.

En 2025 se retiraron 8.821 toneladas de biomasa, un 34% más que el año anterior, y en lo que va de 2026 ya se superan las 4.600 toneladas retiradas hasta abril, duplicando la cifra del año anterior para este periodo. Todo ello demuestra que el conjunto de actuaciones, más allá de los números, está logrando cambiar el rumbo del ecosistema del Mar Menor y de su entorno inmediato.

Muestran, además, una voluntad de continuidad y coordinación entre las distintas administraciones, con una planificación que busca que estas intervenciones no sean episodios aislados, sino una estrategia sostenida en el tiempo.

Resumiendo: la primera fase de El Carmolí ya está en marcha y marca la hoja de ruta para una recuperación que implica mucha inversión, trabajo técnico y una gestión más inteligente del territorio para que el Mar Menor vuelva a ser un espacio vivo, seguro y capaz de convivir con la actividad de la gente que vive de él y para él.