La Comunidad de Madrid eleva la capacidad de la Unidad de Diálisis del Hospital Infanta Sofía en San Sebastián de los Reyes, aumentando puestos en un 75%, ampliando su superficie y modernizando equipos para mejorar la calidad de vida de pacientes con Enfermedad Renal Crónica Avanzada.

La Comunidad de Madrid ha dado un paso notable en la atención a las personas con enfermedad renal crónica en la región. En el Hospital público Infanta Sofía, ubicado en San Sebastián de los Reyes, se ha llevado a cabo una remodelación integral de la Unidad de Diálisis que ha permitido aumentar la capacidad en un 75%.

En números, la unidad pasa de contar con 11 puestos para diálisis a 26, lo que significa poder atender a más pacientes sin que ello signifique alargar listas de espera ni sacrificar la calidad de la atención.

Esta mejora llega acompañado de una inversión superior a los 400.000 euros y de una ampliación de casi 200 metros cuadrados de la superficie destinada a diálisis, con la idea de que el espacio contribuya a un tratamiento más seguro y cómodo para cada persona.

Según la consejera de Sanidad, Fátima Matute, “estamos ante otro ejemplo de la firme apuesta de la Comunidad de Madrid por mejorar la calidad asistencial, con los últimos avances médicos y tecnológicos”.

La autoridad sanitaria ha visitado hoy la unidad para inspeccionar de primera mano los cambios y agradecer el trabajo de los profesionales que atienden a diario a los pacientes renales.

Entre las mejoras más relevantes destaca la apertura de espacios específicamente dedicados a la diálisis domiciliaria: se ha creado un puesto de entrenamiento y tres boxes de atención, además de sumar dos consultas nuevas, una médica y otra de enfermería.

Todo ello con una reorganización de las salas y del flujo de atención que facilita la atención al paciente y optimiza el tiempo de espera. Este cambio no solo beneficia a quienes reciben diálisis en el hospital, sino también a quienes optan por la diálisis domiciliaria, una opción que cada vez gana más terreno por su flexibilidad y calidad de vida.

La inversión también ha permitido la implantación de un sistema de depuración más eficiente y ecológico. Es decir, se consigue recuperar más del 85% del agua empleada en los procedimientos de diálisis y disminuir el consumo eléctrico, manteniendo, eso sí, los estándares de pureza que exige la práctica clínica.

Además, la remodelación ha incorporado monitorización informática en tiempo real durante el pretratamiento (incluye filtración, decalcificación y decloración), un sistema de ósmosis, monitores y dializadores de última generación.

Todo ello se traduce en mayor seguridad para el paciente y en una mayor precisión en el tratamiento.

En cifras, la Unidad de Diálisis del Infanta Sofía realiza más de 15.000 sesiones al año y da servicio a cerca de 190 personas. Con la nueva estructura, las opciones de tratamiento se amplían y adaptan mejor a cada situación: hemodiálisis hospitalaria, diálisis domiciliaria, diálisis peritoneal y, cuando es posible, trasplante renal.

Además, se mantiene y refuerza la telemonitorización, que permite hacer un seguimiento detallado sin que el paciente tenga que desplazarse necesariamente al hospital, algo que facilita la conciliación laboral y familiar.

Para entender el contexto, es útil recordar que la diálisis es un procedimiento que limpia la sangre cuando los riñones ya no pueden hacerlo por sí solos.

Es una de las terapias renales sustitutivas para la Enfermedad Renal Crónica Avanzada (ERCA). Su desarrollo en el siglo XX abrió la puerta a la larga esperanza de vida de millones de personas con insuficiencia renal. En Madrid, la apuesta por modernizar infraestructuras y adoptar tecnologías que reduzcan el gasto energético y el consumo de agua es parte de una estrategia más amplia de sanidad pública, que busca ofrecer atención de calidad en la propia comunidad, evitando desplazamientos innecesarios y fortaleciendo la atención primaria y especializada.

En resumen, la ampliación de la Unidad de Diálisis del Infanta Sofía no solo eleva la capacidad para atender a más pacientes, sino que refuerza la seguridad, la eficiencia y la calidad de vida de quienes viven con ERCA, al tiempo que demuestra que la inversión pública puede ir de la mano de la tecnología y la organización para ofrecer una sanidad más moderna y cercana a los ciudadanos.