Ayuso anuncia la llegada de la protonterapia al Hospital de Fuenlabrada, con un acelerador de protones y un brazo giratorio, financiados en parte por la Fundación Amancio Ortega. Se detallan la inversión, la construcción y el objetivo de reducir toxicidad y mejorar la vida de los pacientes, además de la futura expansión a otras comunidades.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presentó este jueves los avances para incorporar la protonterapia al Hospital público de Fuenlabrada.
Este tratamiento, que utiliza protones para atacar los tumores con gran precisión, busca reducir el daño a tejidos sanos y mejorar la calidad de vida de pacientes pediátricos y adultos.
En palabras de la propia presidenta, se trata de un salto de gigante para la sanidad pública madrileña y para la esperanza de muchas familias afectadas por cáncer.
La instalación de la protonterapia en Fuenlabrada incluye un acelerador de protones, conocido como Ciclotrón, y un brazo giratorio, llamado Gantry, que permite dirigir la radiación desde distintos ángulos.
Con este equipo, la dosis se concentra en el tumor manteniendo a raya los órganos cercanos, lo que resulta especialmente ventajoso cuando el tumor es de difícil acceso o está cerca de estructuras vitales.
La tecnología está diseñada para ofrecer tratamientos más precisos y con menores efectos secundarios que algunas modalidades tradicionales.
La inversión total para el nuevo edificio que albergará la técnica asciende a 13 millones de euros. La aportación proviene de la Fundación Amancio Ortega, una colaboración clave para la financiación de la compra de aceleradores, la formación de clínicas y la instalación de la tecnología.
Este proyecto sitúa a Madrid como una de las comunidades donde se puede aplicar una de las terapias más innovadoras en oncología dentro de la sanidad pública, complementando al hospital La Paz en la Ciudad de la Salud de la capital.
Ayuso recorrió las obras de la Unidad de Protonterapia del centro fuenlabreño. En el bunker, que acogerá el acelerador durante los próximos doce meses, se realizará el montaje, la calibración y la puesta en marcha de la máquina.
Las instalaciones ocupan más de 2.000 metros cuadrados distribuidos en dos plantas: la planta baja alberga diagnóstico, tratamiento con protones y preparación de pacientes; la planta alta se destinará a mantenimiento, suministros, despachos médicos y formación.
Este despliegue busca acelerar la disponibilidad del tratamiento para pacientes de la región y sentar las bases para una red que pueda cubrir más adelante a otras áreas.
La presidenta también destacó la importancia de la prevención y la detección precoz para combatir el cáncer. Madrid cuenta con varios programas de cribado, como Cassandra (cribado de cáncer de pulmón) con participación de 273 voluntarios; Prevecolon, que en 2024 registró más de 357.000 pruebas; Deprecam, centrado en cáncer de mama con 214.000 mujeres examinadas el año pasado, y Cervicam, orientado al cérvix y en implementación progresiva en hospitales públicos como el Ramón y Cajal.
Estas iniciativas pretenden identificar la enfermedad en fases tempranas y mejorar los resultados terapéuticos en la población.
La colaboración de la Fundación Amancio Ortega para la protonterapia en el sistema público de salud de España asciende a 280 millones de euros, destinados a la compra de 10 aceleradores, programas de formación clínica y asistencia técnica para la instalación de la tecnología.
El programa de Protonterapia está concebido para cubrir todo el territorio nacional mediante una red única de pacientes y una coordinación interterritorial de los servicios médicos.
Los aceleradores se instalarán en siete comunidades autónomas: Madrid (dos), Galicia, Cataluña (dos), País Vasco, Andalucía (dos), Valencia y Canarias.
En conjunto, se busca ampliar el acceso a esta tecnología y mejorar la atención oncológica en todo el país, con Madrid como uno de los pilares de esa expansión futura y más cercana a la experiencia diaria de los pacientes.
En definitiva, la llegada de la protonterapia a Fuenlabrada representa un avance concreto en la modernización de la sanidad pública madrileña. Más allá de la inversión y la tecnología, el objetivo es ofrecer tratamientos más eficaces y con menos efectos adversos, lo que puede traducirse en una mejor calidad de vida para quienes luchan contra el cáncer y en una mayor confianza en el sistema sanitario.
Aunque aún queda camino para completar la red y la implementación en toda la región, este paso refuerza la idea de que España continúa avanzando en salud de alta tecnología, con la vista puesta en el bienestar de los ciudadanos y en la eficiencia de las instituciones.