Crónica detallada de las jornadas sobre salud mental y migración organizadas en el Hospital Ramón y Cajal, con ponentes internacionales, mediación cultural y debates sobre trauma, tortura y rehabilitación.
El Hospital Universitario Ramón y Cajal, un centro público de la Comunidad de Madrid, reunió a especialistas y colectivos para celebrar las Jornadas de Salud Mental y Migración, con el título Un Mundo en Movimiento y el enfoque de la psiquiatría transcultural.
La iniciativa partió del Servicio de Psiquiatría y contó con la implicación de la doctora Laura Moreno y la trabajadora social Miguela Arévalo, que han liderado un programa que busca entender cómo la migración cambia la manera de entender la salud mental y cómo adaptar la atención para que sea realmente eficaz y humana.
La inauguración dejó claro que el tema no es solo clínico, sino social y cultural, y que la respuesta sanitaria debe atender a las historias y contextos de cada persona.
Entre los participantes destacaron varias voces de peso. La jefa del Servicio de Psiquiatría, Dra. Ángela Ibáñez, la jefa de Trabajo Social, María Ángeles Martín, y la jefa de la sección de Psiquiatría, Dra. Enriqueta Ochoa, inauguraron unas jornadas que iban más allá de una simple ponencia. Una de las intervenciones más relevantes fue la de Karoline Fernández de la Hoz Zeitler, ex directora de OBERAXE y presidenta del comité de expertos en Inclusión Intercultural del Consejo de Europa.
Su ponencia mostró de forma clara el panorama migratorio en España y desmontó tópicos y discursos de odio que suelen circular en torno a los procesos migratorios, recordando que los migrantes llegan con sus retos y sus derechos como cualquier persona que necesita protección, salud y oportunidades.
El aspecto práctico y humano de la atención quedó subrayado por la intervención del psiquiatra Pau Pérez Sales, quien abordó la tortura y las secuelas que sufren muchas personas desplazadas que buscan protección internacional.
Se insistió en la responsabilidad profesional que tiene el personal sanitario para recoger con rigor el relato de estas personas y acompañarlas en su rehabilitación, en lugar de quedarse en diagnósticos aislados.
Estas ideas conectan directamente con una visión de salud pública que prioriza la prevención, la reparación y el acompañamiento continuo.
Otra pieza clave fue el trabajo de mediación e interpretación cultural realizado por Ignacio Peña y Layla Bellach desde la ONG Salud Entre Culturas (SEC).
Su ponencia defendió que los sistemas de salud deben incorporar los servicios de mediación cultural para que los pacientes entiendan y participen activamente en su tratamiento, y para que los profesionales entiendan las narrativas y contextos de quienes llegan desde otros lugares.
En esta misma línea, la Dra Laura Moreno presentó su labor en la Consulta de Psiquiatría Transcultural, labor que lleva desarrollando en el hospital durante más de cuatro años con el apoyo de SEC, y que demuestra que la atención puede estar realmente adaptada a realidades diversas sin perder rigor clínico.
La jornada también invitó a mirar la migración desde las distintas etapas de la vida. Por ello participó la Dra Marie Rose Moro, reconocida psiquiatra infantil que trabaja en París, quien habló sobre lo que implica criar y crecer en un contexto cultural diferente.
Resulta fundamental entender la necesidad de complementar narrativas y sentidos en el mestizaje cultural para evitar reduccionismos que impidan la rehabilitación plena.
En el plano familiar y comunitario, Miguela Arévalo compartió su experiencia acompañando a familias en proceso de reagrupación y migración, mientras que Maite Gutiérrez y Laura García, de Cruz Roja, explicaron el proyecto Acompaña, orientado a menores no acompañados que se enfrentan a la emancipación.
Este enfoque de acompañamiento social y sanitario subraya la idea de que la salud mental no se cura solo con medicamentos, sino con redes de apoyo que incluyan a la familia, la comunidad y las instituciones.
La atención a los menores que crecen en contextos de conflicto también tuvo su espacio con Audrey Mc Mahon, una psiquiatra infantil que trasladó a la sala la experiencia de trabajar con niños y niñas que viven en zonas de guerra, especialmente en Gaza.
Su exposición mostró un trauma que no se limita a lo ocurrido en un momento concreto, sino que se manifiesta de forma transgeneracional, histórica y continua, donde no hay un punto final claro y donde la voz de los niños debe escucharse con todo su peso para evitar que se repitan historias únicas que empañen la diversidad de experiencias.
En conjunto, estas jornadas reflejan un paso claro hacia una medicina más sensible a la diversidad y a las condiciones de vida de las personas migrantes.
La idea central fue constatar que migración y salud mental no pueden entenderse por separado: requieren mediación, escucha activa y coordinación entre servicios, mediadores y comunidades.
Así, el Ramón y Cajal plantea un modelo que puede servir de referencia para otras instituciones públicas: atención centrada en la persona, reconocimiento de contextos culturales y un compromiso real con la rehabilitación y la integración.
Este enfoque, además, refuerza la necesidad de evitar relatos únicos y de favorecer una visión plural que permita a cada persona construir su propio camino hacia una vida más estable y plena.