La Comunidad de Madrid propone declarar la zarzuela y la trashumancia como Bien de Interés Cultural en la categoría de Patrimonio Inmaterial, además de blindar recintos históricos y obras de arte. Un movimiento para preservar la memoria regional y su uso educativo y turístico.
La Comunidad de Madrid ha anunciado un paquete de medidas para blindar su legado cultural y reforzar la identidad regional. En primer lugar, el Ejecutivo autonómico declarará como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial la zarzuela y la trashumancia.
Pero no se queda ahí: también se protegerán con el mismo nivel de protección el recinto amurallado y la torre del homenaje de Villarejo de Salvanés, el tapiz San Pablo quemando libros y la Sociedad de Condueños de Alcalá de Henares.
Por su parte, serán Bien de Interés Patrimonial (BIP) dos bienes concretos: el mural cerámico de César Manrique ubicado en una calle de la capital y la pintura conocida como La deposición de Cristo.
La medida, anunciada el 6 de abril de 2026, pretende conservar un patrimonio que define la memoria colectiva y la identidad de Madrid, además de facilitar su transmisión a futuras generaciones.
Empezando por la zarzuela, este género originario de Europa del siglo XVII nació como entretenimiento de la corte y, con el tiempo, se convirtió en una forma de evasión popular.
En Madrid dejó una huella profunda: personajes típicos como los chulos y las chulas, aguadores y escenarios castizos se han colado en la imaginación de varias generaciones.
A finales del siglo XIX y principios del XX, la zarzuela vivió una renovación gracias a una nueva hornada de compositores que impulsaron obras que se han convertido en clásicos de la escena española, como La Revoltosa, La Verbena de la Paloma o La Gran Vía.
Trasladada al siglo XXI, la declaración como BIC Inmaterial reconoce no solo la música y los textos, sino también la forma de entender la convivencia, el humor y la crítica social que transmite este arte popular madrileño.
La trashumancia, por su parte, es un fenómeno ancestral que ha moldeado la vida de pastores y sus familias por el simple hecho de moverse estacionalmente con el ganado en busca de pastos y mejores climas.
En 2023, la UNESCO incluyó este modo de vida en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo que ayuda a entender por qué Madrid quiere preservarlo: la trashumancia ha dejado una huella en el paisaje, la arquitectura rural y las tradiciones que todavía se pueden observar en distintas comarcas.
La protección abarca elementos tangibles como chozos, tinadas, corrales, majadas y apriscos, que se han convertido en parte del legado rural de la región.
Este enfoque no busca retroceder el progreso, sino asegurar que las prácticas y saberes asociados a la trashumancia permanezcan como referentes culturales y educativos.
Entre los bienes protegidos figura un tapiz referido como San Pablo quemando libros, atribuido al pintor y grabador Pieter Coecke van Aelst. Es el único de una serie de nueve paños que formaban la Historia de San Pablo y que conserva una escena central en la que aparecen la quema de libros de magia y la resurrección de Eutico.
Este tapiz, de gran valor artístico, se integra en el patrimonio inmaterial precisamente por la técnica, la iconografía y su vínculo con tradiciones culturales específicas.
A su lado, la Sociedad de Condueños de Alcalá de Henares, fundada en 1851 para conservar edificios y usos culturales, recibe la calificación de BIC como muestra de un esfuerzo popular que buscaba mantener vivo un patrimonio educativo y cívico dentro de una ciudad universitaria tan relevante.
La pintura Lamentación sobre el Cristo muerto, también conocida como La Deposición de Cristo, del pintor italiano Paolo de San Leocadio, se ha considerado Bien de Interés Patrimonial (BIP).
Se trata de un óleo sobre tabla datado en el siglo XVI, que representa el duelo de la Virgen y sus acompañantes ante el Cristo bajado de la cruz. Este tipo de obras, por su calidad técnica y su valor histórico, se incorporan al catálogo de bienes que merecen una protección especial para asegurar su conservación ante condiciones ambientales y urbanas cambiantes.
Otra pieza relevante es el mural cerámico del artista canario César Manrique, ubicado en la calle Santa Cruz de Marcenado, en el centro de Madrid. Realizado en 1954, este mural es, según las autoridades, el primero de su clase en la capital y marca un punto de encuentro entre arte y arquitectura.
La obra, que utiliza materiales industriales y propone un lenguaje moderno inspirado en el cubismo, se considera un hito de la experiencia artística madrileña y de la relación entre la ciudad y sus creadores contemporáneos.
La decisión de declarar estos bienes como BIC o BIP responde a una lógica de protección integral: no se trata de frenar la vida en la ciudad, sino de encauzarla hacia una gestión que permita su uso educativo, cultural y turístico, sin que ello suponga perder su identidad.
Así, la Comunidad de Madrid pretende facilitar programas educativos, revitalizar rutas culturales y garantizar que las generacioness futuras comprendan qué es lo que hace singular a la región.
En un momento en que el entorno urbano cambia rapidísimo, estas medidas buscan equilibrar progreso y memoria, para que la historia viva en calles, teatros, talleres y museos.
En definitiva, es un giro orientado a que la historia de Madrid siga siendo una referencia para entender el país entero, con la claridad de que la defensa de su legado no es dogma, sino estrategia de futuro para la cohesión social y el desarrollo.