En la cumbre Escudo de las Américas en Miami, Donald Trump afirma no aprender español y prefiere intérpretes, mientras líderes latinoamericanos observan una dinámica lingüística que podría marcar la relación Washington-América Latina.

MIAMI, Estados Unidos - En la cumbre Escudo de las Américas, celebrada en Miami este sábado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, provocó risas y reacciones diversas al hacer un comentario sobre el idioma español.

Entre la docena de líderes latinoamericanos reunidos, el mandatario afirmó que no tiene intención de aprenderlo. No voy a aprender su maldito idioma, afirmó Trump, lo que desató risas entre varios asistentes y dejó a otros mirándose entre sí con gestos de sorpresa.

Durante su intervención, Trump elogió a su secretario de Estado, Marco Rubio, al señalar que tiene una ventaja lingüística por hablar español. Sin embargo, afirmó que él prefiere comunicar a través de intérpretes, ya que, según dijo, no tiene tiempo. No tengo tiempo. Prefiero tener un buen intérprete, añadió, sin entrar en más detalles sobre posibles conversaciones a puerta cerrada.

Entre los presentes estuvieron figuras como el presidente de Argentina, Javier Milei; Nayib Bukele, de El Salvador; y José Antonio Kast, de Chile, junto a otros gobernantes y asesores de varios países.

El encuentro, que llega en un momento de tensiones regionales y cambios en las alianzas, ha sido objeto de análisis por parte de expertos y académicos que observan la evolución de las relaciones entre Washington y el resto del continente.

Supuestamente, el costo total de la cumbre, incluyendo logística, seguridad y servicios de interpretación, podría acercarse a los 110 millones de euros.

La cifra, que ha sido tema de debate entre financistas de la organización, desglosaría en aproximadamente 80 millones de euros para seguridad y operativos; unos 15 millones de euros para traducción simultánea y servicios lingüísticos; y el resto para organización general y hospitalidad de delegaciones.

No obstante, presuntamente estas estimaciones pueden variar según el número de participantes y eventos paralelos que se realicen durante las jornadas.

Históricamente, la cumbre Escudo de las Américas ha funcionado como un barómetro de la estrategia de Estados Unidos en la región, donde se debaten cuestiones de seguridad, migración, comercio y cooperación antidrogas.

En años recientes, la presencia de líderes hispanohablantes ha crecido, y la ciudad de Miami se ha convertido en un escenario propicio para la discusión de alianzas y de inversiones en infraestructura regional.

Según analistas, presuntamente la dinámica de comunicación entre Washington y los gobiernos latinoamericanos depende cada vez más de la figura de intérpretes y de la tecnología de traducción, lo que reduce o incrementa la posibilidad de malinterpretaciones durante entrevistas y sesiones privadas.

La reacción en la sala fue mix: hay quienes interpretan la frase de Trump como una señal de distinción cultural y de preferencia por la claridad de los intérpretes, mientras otros ven en el episodio una muestra de lo que, según ellos, sigue siendo una barrera lingüística para una mayor integración.

Aun así, la presencia de líderes como Milei, Bukele y Kast, junto a una pluralidad de ministros y asesores, sugiere que la cumbre continúa siendo un terreno fértil para acordar cooperación regional, incluso cuando las declaraciones del presidente estadounidense generan debate e incertidumbre sobre futuras líneas de actuación.

Supuestamente, el impacto político de estas palabras podría traducirse también en mensajes sobre la presión de Washington para alinear a los países con un marco de seguridad regional más estrecho, aunque estas interpretaciones varían entre analistas y actores regionales.