La Fiscalía de Noruega solicita una pena de siete años y siete meses de prisión para Marius Borg Hoiby, hijo de la princesa heredera Mette-Marit, en un juicio por 40 delitos, entre ellos violaciones y violencia machista. Se piden medidas de protección para las víctimas y la confiscación de dispositivos electrónicos.
Este miércoles la Fiscalía de Noruega presentó su propuesta de condena para Marius Borg Hoiby, hijo de la princesa heredera Mette-Marit. En el marco del juicio por un total de 40 delitos, la Fiscalía sostiene que Hoiby cometió varios actos graves, entre ellos cuatro violaciones y actos de violencia machista contra una de sus exparejas.
La petición de la Fiscalía es que se le imponga una pena de siete años y siete meses de prisión. Además se solicitan medidas de protección para las víctimas, como una orden de alejamiento de dos años respecto a una de ellas.
El tribunal ya ha conocido el historial del caso. Hoiby, de 29 años, estuvo en prisión preventiva en varias ocasiones, lo que llevó a aplicar una reducción de 63 días en la duración total de la pena.
El juicio, que se inició el 3 de febrero, ha durado siete semanas y ha permitido a la Fiscalía sostener la mayor parte de sus imputaciones. Además de las agresiones sexuales, el expediente recoge que habría grabado los genitales de cuatro mujeres sin su consentimiento, además de amenazas, acoso a la Policía y varias infracciones de tráfico.
La Fiscalía también propone confiscarle varios dispositivos de almacenamiento de datos, entre ellos tres iPhones y un MacBook. Asimismo, se propone retirar temporalmente el permiso de conducir durante dos años. Estas medidas buscan proteger a las víctimas ante posibles nuevas conductas.
A nivel institucional, este caso ha puesto bajo escrutinio a la familia real de Noruega, aunque el régimen es constitucional y la Corona no tiene poder político directo.
La familia de la princesa heredera, así como su marido el rey, han reiterado la necesidad de que se haga justicia por las víctimas y de que el proceso siga su curso sin interferencias.
El caso ha generado debate sobre la responsabilidad de personas relacionadas con la élite y sobre el límite entre la vida privada y las responsabilidades públicas.
En el contexto histórico, la monarquía noruega ha atravesado décadas de transformaciones, manteniendo su rol ceremonial y su presencia en actos oficiales.
Este procedimiento judicial no afecta la institución en sí, pero sí impacta en la percepción pública de la élite y en la confianza de los ciudadanos en el sistema judicial.
Aunque el desenlace aún está por verse, el caso subraya que nadie está por encima de la ley, independientemente del linaje o del cargo social. El siguiente paso en el proceso, que ha sido seguido de cerca por la prensa y por la opinión pública, será la lectura de la sentencia o la continuidad de las gestiones judiciales hasta la resolución final.