La madre de Narumi Kurosaki comparece ante la justicia de Francia para relatar la desaparición y presunto asesinato de su hija en 2016. En un testimonio cargado de dolor, describe el abandono y los intentos de autolesión que hunden a una familia, mientras el caso mantiene en vilo a Francia y Japón.
Este lunes, la madre de Narumi Kurosaki compareció ante la justicia francesa para relatar la desaparición y el presunto asesinato de su hija en 2016.
Frente al imputado Nicolás Zepeda, la mujer describió un cuadro de abandono personal y desesperación que la llevó, incluso, a atentar contra su propia vida.
Perdí todos mis trabajos. No podía cocinar ni alimentarme. Incluso beber un vaso de agua era difícil. En dos meses, perdí 17 kilos.
Dejé de lavarme, mi cabello me llegó hasta las caderas. No podía ver a nadie. Me encerré en casa. He pasado los últimos diez años prácticamente aislada.
En uno de los momentos más tensos de su declaración, la madre confesó que el misterio en torno a cómo sufrió su hija la llevó a buscar el dolor físico de forma voluntaria.
“Pensé que Narumi había recibido un puñetazo. Para imaginar su dolor, también me golpeé la cabeza. Quería matarme a golpes, pero no podía. Pensé en otros métodos”.
La mujer reveló intentos desesperados por terminar con su vida, detallando que “me puse una toalla alrededor del cuello, apretándola con fuerza, pero tampoco pude morir así.
Incluso intenté saltar de un vehículo en marcha, pero, de nuevo, no tuve la suerte de morir”.
Finalmente, dirigió sus palabras hacia la figura de Zepeda: “¡Jamás perdonaré a Zepeda! Narumi perdió la vida por culpa de ese hombre… Sí, es cierto, ¡quiero matar a Zepeda! Este deseo siempre ha estado dentro de mí.
Pero incluso si lo mato, no quedaré satisfecha”.
“El remordimiento, la tristeza y el sufrimiento de Narumi son míos. Para todas las madres del mundo, nunca podré tolerar que este hombre salga de prisión. La muerte de Narumi no debe ser en vano. Otras víctimas no deberían sufrir la misma terrible suerte”, añadió, en un testimonio que refleja una mezcla de dolor y determinación.
La madre cerró su intervención con una petición contundente: “Quiero que Zepeda rompa bajo el peso de su crimen y siga sufriendo en su soledad, sufriendo en el calabozo de su corazón, y quiero que muera en la cárcel… Este es el deseo de nuestra Narumi, que continúa llorando en algún lugar, sola, y este es también el deseo de toda nuestra familia”.
Los hechos se remontan a la desaparición de Narumi Kurosaki, una joven de origen japonés que estudiaba en Francia, en un caso que ha mantenido la atención de la opinión pública entre Francia y Japón.
El sospechoso, un nacional chileno, Nicolás Zepeda, fue imputado y llevado a juicio, en medio de un proceso que ha reabierto debates sobre la eficacia de las investigaciones y la atención a las familias afectadas por desapariciones.
En los años transcurridos desde 2016, el caso se convirtió en símbolo de la incertidumbre y la necesidad de respuestas claras.
Este testimonio llega en un contexto histórico en el que las familias de personas desaparecidas demandan mayor apoyo y transparencia de las autoridades, y en el que cada avance del proceso judicial se interpreta como una pieza clave para la memoria de la víctima y la seguridad de futuras decisiones judiciales.
Aunque la verdad completa aún no se ha publicado, la declaración de la madre aporta una visión cruda de lo que implica vivir con la incertidumbre y de la fortaleza que exigen los procesos judiciales cuando se trata de casos que cruzan fronteras y generaciones.