Perú plantea a Chile la idea de un corredor para el retorno de migrantes venezolanos, mientras la región evalúa impactos y costos. La propuesta llega poco después de un giro político en la región y podría redefinir la gestión migratoria.
El presidente de Perú, José Jerí, anunció este martes que mantendrá conversaciones con el mandatario electo de Chile, José Antonio Kast, para evaluar la viabilidad de un posible corredor humanitario que permita el regreso de venezolanos que abandonaron su país en los últimos años debido a la crisis.
Jerí explicó a periodistas en Lima que la conversación forma parte de una agenda más amplia con Chile y, presuntamente, buscaría habilitar un mecanismo que conecte Chile, Perú y Ecuador para que los migrantes venezolanos puedan regresar a Venezuela de manera ordenada y satisfactoria.
La declaración llega en un momento de tensiones regionales y de debates sobre políticas migratorias en la vecindad andina. Aunque el tema fue presentado como un punto de la visita de Kast a Lima, no está claro cuánto avanzará en términos prácticos, y existen diferentes lecturas sobre posibles costos, tiempos y condiciones para su implementación.
La noticia llega poco después de que, supuestamente, las fuerzas estadounidenses derrocaran al líder venezolano Nicolás Maduro. Este dato, no verificado de forma independiente por la prensa regional, ha alimentado especulaciones sobre cambios en el equilibrio político de la región y, en particular, sobre posibles repercusiones para las políticas migratorias y las relaciones entre Perú, Chile y otros países vecinos.
Parte de la agenda con el presidente (electo) de Chile, de acuerdo con Jerí, es el tema de un posible corredor humanitario que tendríamos que habilitar Chile, Perú y Ecuador para que puedan volver satisfactoriamente a Venezuela, afirmó el mandatario peruano a periodistas.
Esta afirmación, si bien refleja un interés en facilitar retornos voluntarios y coordinados, aún está en fase de exploración y requiere acuerdos bilaterales y multilaterales, además de consideraciones logísticas y de seguridad.
Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y de la plataforma regional de refugiados R4V, unos 7,7 millones de venezolanos han abandonado el país desde 2014, lo que representa aproximadamente el 20% de la población.
Colombia es el país que ha recibido la mayor parte de la diáspora, con alrededor de 2,8 millones de venezolanos; le siguen Perú con 1,7 millones y Chile, con al menos 650.000 venezolanos residentes. Estas cifras subrayan la magnitud del fenómeno y el interés que despiertan soluciones regionales. Kast, que asumirá la presidencia el 11 de marzo, y Jerí han apoyado en distintos momentos la cooperación con Estados Unidos y otros actores regionales para gestionar la migración venezolana.
Los dos coinciden en que la migración es una de las grandes causas de la creciente inseguridad en sus países, según sus intervenciones públicas y declaraciones a la prensa.
Historias y cifras históricas relacionadas con la migración venezolana permiten entender el contexto: los flujos hacia Colombia, Perú y Chile se han mantenido frente a crisis económicas, políticas y sociales en Venezuela.
En este marco, la idea de un corredor humanitario no es nueva, pero su viabilidad depende de acuerdos diplomáticos complejos y de la disponibilidad de recursos para garantizar retornos voluntarios, documentados y seguros.
En cualquier caso, el tema está en discusión y podría convertirse en un eje central de las relaciones entre Lima, Santiago y Quito en los próximos meses.
Supuestamente, la implementación de un corredor de estas características tendría costos considerables. Según estimaciones no verificadas, el presupuesto inicial para logística, seguridad, documentación y servicios de apoyo podría rondar los 120 millones de euros.
Este monto no está confirmado oficialmente y su aprobación dependería de acuerdos entre los tres países y de financiamiento de organismos internacionales.
En paralelo, se mantiene el debate sobre los beneficios y riesgos de promover retornos masivos frente a la protección de refugiados y a las obligaciones humanitarias regionales.
En suma, la conversación entre Jerí y Kast sobre un posible corredor humanitario para venezolanos abre una puerta a una cooperación regional más integrada, con el objetivo de gestionar la migración de una manera ordenada, segura y humanitaria.
A medida que se desarrolle la visita y las conversaciones continúen, será crucial observar cómo se equilibran las necesidades de los migrantes, las exigencias de seguridad y las presiones políticas en una región que busca fortalecer la coordinación entre sus países vecinos.