Irán anuncia la reapertura del estrecho de Ormuz para el tránsito de buques comerciales, con rutas coordinadas y autorización de la Guardia Revolucionaria, mientras Estados Unidos mantiene su bloqueo naval y los mercados reaccionan con caída del petróleo.
Irán confirmó este viernes la reapertura del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo para el transporte de petróleo, en medio de un frágil alto al fuego con Estados Unidos.
El paso para todos los buques comerciales se declara completamente abierto, según un mensaje publicado por el canciller iraní Abbas Araghchi en X. Además, las autoridades iraníes indicaron que el tránsito debe seguir las rutas coordinadas previamente establecidas por la Organización de Puertos y Marítima de Irán y que solo se permitirá el paso de buques comerciales, excluyendo a buques militares.
También se señaló que no está claro si habrá tarifas por usar el estrecho.
La noticia llega tras semanas de restricciones al tránsito en medio del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, que elevó la tensión global y el precio del crudo.
Pese al anuncio, el tránsito no será completamente libre: las autoridades resaltaron que el paso debe hacerse por las rutas coordinadas y con la autorización correspondiente de la Guardia Revolucionaria, lo que otorga a Teherán un control directo sobre qué barcos pueden atravesar el estrecho.
En cualquier caso, la cuestión de tarifas o peajes sigue sin confirmarse.
La reaparición de este paso estratégico llega mientras Estados Unidos mantiene su bloqueo naval contra Irán. Tras el anuncio, el expresidente Donald Trump afirmó que el estrecho está «completamente abierto y listo para el negocio», pero dejó claro que el bloqueo naval contra puertos iraníes continuará.
En su mensaje, señaló que la transacción con Irán debe completarse al 100%, lo que mantiene una presión de fondo sobre el régimen persa.
El mercado energético respondió de inmediato: el precio del petróleo cayó más de un 10% y se situó por debajo de los 90 dólares por barril, según reportes citados por The Washington Post y The Guardian.
Este descenso se interpreta como la expectativa de normalización en el suministro energético tras semanas de interrupciones que habían encarecido la energía a nivel global.
Para entender la importancia de Ormuz, hay que recordar que este estrecho conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo y es la ruta por la que circula casi una quinta parte del petróleo y gas natural licuado que se comercializa mundialmente, según estimaciones de la Administración de Información Energética de EE.UU. citadas por la BBC. Ubicado entre Irán, Omán y los Emiratos Árabes, el estrecho ha sido durante décadas una pieza clave en la geopolítica mundial: Teherán ha utilizado su control sobre este corredor para ejercer presión en negociaciones internacionales, y cualquier interrupción del paso tiene efectos directos sobre precios y suministro.
Este giro llega en un contexto de alto al fuego temporal entre Irán y Estados Unidos, que podría durar dos semanas y expira el miércoles 22 de abril, según reportes de la BBC.
Aunque la apertura del paso ofrece una oportunidad de desescalada, existen dudas sobre su sostenibilidad y sobre qué condiciones regirán el tránsito en el futuro cercano.
A falta de más detalles, el fenómeno propone un escenario mixto: cooperación limitada para evitar un colapso total del comercio, pero con herramientas de control y posibles costes que podrían reaparecer a medida que la situación en la región evolucione.
Históricamente, Ormuz ha sido una llave de la economía mundial. En los años 80, durante la guerra entre Irán e Irak, la navegación por este estrecho sufrió cierres y ataques que mostraron su vulnerabilidad y la capacidad de las potencias para influir en el abastecimiento petrolero mundial.
En las décadas siguientes, las tensiones entre Irán y Occidente continuaron marcando el ritmo de la región, y cada intento de normalizar la situación ha estado sujeto a condiciones políticas, militares y económicas que pueden cambiar de un día para otro.
Para España y la Unión Europea, que dependen en buena medida de la importación de energía, la reapertura de Ormuz representa una señal de menor volatilidad a corto plazo en los mercados, pero no elimina el riesgo.
La situación en la región sigue siendo impredecible: la combinación de intereses geoestratégicos, sanciones y maniobras militares puede volver a apretar las tuercas en cualquier momento.
En resumen, el estrecho de Ormuz continúa siendo una pieza clave de un tablero complejo donde la energía, la seguridad y la economía mundial se entrecruzan, y cualquier giro relevante en su control o en las reglas del tránsito puede marcar la diferencia para precios, suministro y estabilidad en los próximos meses.