Irán acuerda permitir un paso seguro por el estrecho de Ormuz durante dos semanas, coordinándolo con sus Fuerzas Armadas, en medio de una prolongación del ultimátum estadounidense.
El estrecho de Ormuz vuelve a situarse en el centro de la atención internacional. En la madrugada de este miércoles, Irán informó que, durante las próximas dos semanas, se podrá permitir el paso seguro por este corredor estratégico del Golfo, siempre que las Fuerzas Armadas de Irán coordinen las operaciones y se tengan en cuenta las limitaciones técnicas del paso.
La noticia fue comunicada por el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, en nombre del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y difundida a través de las redes oficiales del país.
Este movimiento llega en un momento de alta tensión entre Irán y Estados Unidos: poco después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, prorrogara por el mismo periodo de dos semanas su ultimátum contra la República Islámica.
En Washington se argumenta que la presión debe mantenerse para forzar cambios en la política iraní, mientras Teherán busca gestionar la escalada sin perder el control de una vía que afecta a la economía mundial.
El estrecho de Ormuz es una arteria clave para el comercio global: por ahí transita una parte relevante del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier interrupción o bloqueo de ese paso podría provocar volatilidad en los precios y afectar a mercados energéticos y a países dependientes de ese flujo.
A lo largo de las últimas décadas, la zona ha sido escenario de tensiones persistentes, incidentes navales y sanciones internacionales que han puesto a prueba la capacidad de negociación y cooperación entre países con intereses contradictorios.
La declaración iraní llega en un contexto histórico de fricciones constantes entre Irán y Occidente, que se ha visto reforzado por episodios como los enfrentamientos regionales, las tensiones derivadas de la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear y las campañas de presión económica.
En el propio texto, Irán afirmó que, si cesan los ataques contra el país, sus fuerzas armadas pondrán fin a las operaciones defensivas que mantiene en la región.
Este sentido de reciprocidad busca proyectar una salida diplomática, al menos temporal, a la crisis que ha dejado en la cuerda floja a la seguridad del Golfo.
Paralelamente, la conversación internacional ha contado con un papel destacado de Pakistán. El primer ministro Shehbaz Sharif pidió a Teherán que mantenga abierto el estrecho por el periodo extendido para facilitar un desescalamiento y evitar un choque directo que afecte a terceros.
La petición de Islamabad se inscribe en un esfuerzo más amplio por canalizar la tensión a través de la diplomacia, en un momento en el que otros actores regionales y occidentales observan con atención cada movimiento de las partes.
Históricamente, Ormuz ha sido un punto estratégico desde la Revolución Iraní de 1979 y ha estado en el centro de múltiples crisis en las que Estados Unidos y aliados han mostrado interés en garantizar la libertad de navegación.
Los analistas señalan que, más allá de la coyuntura de este par de semanas, las decisiones sobre el paso por Ormuz dependerán de la evolución de las negociaciones, de la presión diplomática y de la capacidad de las potencias involucradas para evitar una escalada que podría traducirse en un aumento de precios del petróleo y en un mayor riesgo para la seguridad regional.
En resumen, Irán propone una ventana de dos semanas para un paso seguro por Ormuz, condicionada a la coordinación con sus Fuerzas Armadas, en un marco de ultimátum prorrogado por Estados Unidos.
El objetivo aparente es contener la confrontación y abrir canales de diálogo sin perder de vista la importancia estratégica de la vía marítima más crítica del Golfo.
El desenlace de estas semanas será observado por mercados, gobiernos y empresas que dependen del flujo de petróleo, así como por aquellos que esperan señales claras sobre el curso de la política iraní y la respuesta de Washington.